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¿Cómo se imaginan el mundo en el 2050? La revista Smithsonian y el Pew Research Center realizaron una encuesta de opinión hace algunos años al respecto. 71% de las personas piensa que el hombre encontrará una cura para el cáncer. 66% consideran que las extremidades artificiales superarán las reales. La mayoría también cree que los viajes espaciales serán un lugar común para la persona promedio, que un animal extinto será devuelto a la vida y que la humanidad encontrará evidencia de vida en otra parte del universo. Casi la mitad de los encuestados piensa que un humano será clonado en las próximas décadas y que la tecnología para leer los pensamientos de las personas existirá para el 2050.

Con certeza, lo que sí sabemos es que la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, cambiarán el mundo tal como lo conocemos. Pero ¿qué rol tendrán las mujeres en este camino al futuro?

Regresemos al presente para echar un vistazo a la participación femenina en estos campos de estudio y de trabajo. Si bien las mujeres representan hoy aproximadamente el 60% de los graduados universitarios en América Latina, solo 3 de cada 10 mujeres se gradúan en carreras relacionadas a Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, conocidas como STEM por sus siglas en inglés. Este problema se observa principalmente en aquellos campos que son más intensivos en matemática—que incluyen carreras como Robótica, Electrónica o Ingeniería Química—donde solo alrededor de 28% de los graduados son mujeres. Estas cifras, reflejo del fenómeno que se observa a nivel global, son preocupantes por varias razones.

En primer lugar, la transformación digital también está cambiando el mundo del trabajo y muchas de las nuevas oportunidades de empleo se están abriendo en ocupaciones relacionadas a la creación y uso de la tecnología. La baja propensión de las mujeres a seguir carreras en estas áreas puede significar que no accedan a estas nuevas oportunidades. Hoy en día, sólo el 1% de las mujeres empleadas en la región trabajan en el sector de tecnología e información. A las puertas de la cuarta revolución industrial, esta estadística debe cambiar.

En segundo lugar, pero no menos importante, las brechas de género observadas en áreas STEM contribuyen a perpetuar la considerable brecha salarial que existe entre hombres y mujeres. En nuestra región, las mujeres pueden ganar hasta un 40% menos que sus pares masculinos en condiciones similares y tienen solo el 33% de los trabajos mejor pagos. Sabemos, en base a numerosos estudios, que el cierre de la brecha salarial de género implicaría beneficios, no solo para las mujeres y sus familias, sino también para las economías de los países. Incluso, estimaciones indican que, si las mujeres ganasen lo mismo que los hombres, la riqueza global aumentaría un 14%

—riqueza que impulsaría la economía—.

Entonces ¿cómo podemos abordar el cierre de las brechas de género en campos STEM para fomentar la equidad en el mercado laboral? ¡Necesitamos innovar! Una opción es apoyarse en herramientas de las ciencias del comportamiento, una especialidad que agrupa enseñanzas de varias disciplinas como la economía, la psicología y la antropología social, para comprender cómo los individuos toman decisiones en la práctica. Los aprendizajes de las ciencias del comportamiento buscan apoyar el diseño de políticas públicas incorporando un modelo más realista del comportamiento humano e impulsar a los individuos a tomar mejores decisiones para sí mismos y la sociedad. Este tipo de intervenciones presentan una vía factible y novedosa para promover la igualdad de género.

Basados en herramientas de la economía del comportamiento, desde el BID estamos trabajando para alentar a las estudiantes en escuelas secundarias con alto rendimiento en materias científico-matemáticas a elegir carreras STEM. Para ello hemos llevado a cabo intervenciones personalizadas de bajo costo como, por ejemplo, el envío de cartas conductuales. Las cartas buscan reducir los estigmas relacionados a estereotipos de género y autoconfianza mostrándoles a través de historias de modelos cercanos que realmente pueden prosperar en campos STEM.

La subrepresentación de mujeres en áreas STEM es una regularidad empírica significativa y persistente en la mayoría de los países del mundo que afecta la equidad de género en el mercado laboral. Las habilidades STEM son críticas no sólo para adaptarse a las nuevas transformaciones digitales que estamos viviendo, sino también para dar continuidad a los desarrollos tecnológicos a través del diseño, operación y mantenimiento de la infraestructura de nuevas tecnologías. Necesitamos más mujeres que participen en este proceso para poder contar con un futuro inclusivo, donde los avances científicos y digitales reflejen—y atiendan a—la diversidad de la población. Porque cuando las mujeres avanzan, la sociedad avanza. Y, según una gran mayoría de la población, el futuro luce bien.

* Este artículo se publicó en el blog
¿Y si hablamos de igualdad? del BID.