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En un reciente ensayo —divulgado digitalmente por un centro estatal consagrado a la historia de la exnovia del Xolotlán— AZF expone la trayectoria vital de Hernán Robleto (Quiragua, jurisdicción de Camoapa, departamento entonces de Chontales, 17 de octubre, 1892-México D.F., 19 de febrero, 1969). Pero prescinde de mis numerosos textos publicados acerca del político liberal, periodista, escritor y dramaturgo notable. Al mismo tiempo, AZF desconoce la Bibliografía Nacional Nicaragüense (BNRD/LABF, 1986), fundamental obra de referencia donde se registran 25 libros de Robleto publicados hasta 1978 y aparecidos en México, Managua, Tegucigalpa, San José de Costa Rica, Santiago de Chile, Madrid y Leipzig (en alemán).

Tampoco tiene noticia de la segunda edición de Sangre Santa (Tenerife, Baile del Sol, 2000), con estudio introductorio de Nicasio Urbina; ni la segunda edición también de “Nido de memorias / Poesía y tragedia en el Caribe” (Managua, Banco Central de Nicaragua, 2011), en la que Robleto se realiza como autobiógrafo singular; ni la antología Hernán Robleto Huete (Managua, Amerrisque, 2012), preparada por el robletista camoapeño Andrés Mendoza Bravo. Por cierto, en ella se compilan tres cuentos, cuatro capítulos autobiográficos y dos piezas teatrales de don Hernán, más una notal epilogal de su sobrino-nieto Armando Íncer Barquero (1930-2018).

AZF, autor de esa incompleta semblanza biográfica, no refiere la existencia del Inventario teatral de Nicaragua (BCN, 1988), en el que estudio a Robleto como fundador de nuestro teatro costumbrista, manifestado en seis obras: “La Rosa de El Paraíso” (1921), comedia en dos actos que llegaría a escenificarse en Lima (1926); “El milagro: drama regional” (1923); “El vendaval: comedia de costumbres” (Managua, El Gráfico, 1933), primer premio de los “Juegos florales centroamericanos” de Quetzaltenango; y “Tres dramas” (Imprenta Democrática, 1946): “La cruz de ceniza”, “La niña Soledad” y “Muñecos de barro”. Además, dejó inédito “Los pájaros del norte”, que difundí en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (núm. 49, septiembre-octubre, 1986, pp. 42-63), procedente de una dama granadina que tuvo la gentileza de obsequiarme el manuscrito, al igual que el del cuentario inédito de Robleto “Bajo distintos cielos”.

Pues bien, el despistado AZF ignora la valoración de “Los pájaros del norte” en “Un Siglo de teatro en Nicaragua” (Managua, INC / Bienal de teatro, 1993, pp. 9-10), en el que la conceptúo como una original e interesante muestra del teatro de crítica y exposición de los problemas nacionales en Centroamérica. Lograda plenamente, esta pieza recrea la intervención norteamericana, planteando una respuesta patriótica a través de la efectiva burla de las señoras de clase media confiadas en casar a sus hijas con los marines que rotaban en sus puestos.

El autor en cuestión, cuyo nombre reduzco a sus siglas, también desconoce a Robleto como cuentista y novelista, el primero en Nicaragua de trascendencia internacional. No accede a las antologías centroamericanas y fuera del istmo que incluyen cuentos de don Hernán, ni siquiera a su revelador libro: “Cuentos de perros” (Nuevos Horizontes, 1944). Igualmente, no tuvo el menor interés —como el suscrito en su exhaustiva investigación La novela nicaragüense: siglos XIX y XX. Tomo I: 1876-1959 (2012, pp. 103-198)— en abordar las seis novelas de don Hernán: “Sangre en el Trópico” (1933): triunfante versión liberal de la revolución constitucionalista; “Los estrangulados” (1933): fervor regionalista versus intervencionismo financiero; “Una mujer en la selva” / Novela americana (1936) ejemplo de verosímil tremendismo; “Don Otto y la niña Margarita” (1944): caracterizada por la complejidad psicológica y la denuncia social; Brújulas fijas (1961): homenaje al emigrante español en Hispanoamérica e Y se hizo la luz… (1967): 
premiada en Nicaragua el año anterior. Ni recurrir a “La estructura de la novela nicaragüense” (1995) de Nicasio Urbina.

Otra importante obra de don Hernán, desconocida por el autor de la insuficiente biografía que reseño, es “Cárcel criolla” (1955), testimonio literario pionero del somocismo fundacional que analizo en Tacho Somoza y su poder (Managua, JEA Editor, 2016). Podría continuar señalando más ausencias lamentables —y no pocos errores— en dicha obra, pero bastan las anteriores para evitar la condena al olvido que realiza AZF de tantos trabajos ajenos y del suscrito sobre Hernán Robleto, entre ellos los insertos en el Diccionario de autores nicaragüenses (1994) y Héroes sin fusil (1998).

En fin, AZF revela una pluma amateur que no agota los aportes precedentes sobre su tema, como lo hace todo investigador serio, dispuesto a no descubrir el agua helada.