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No estoy haciendo este artículo para parecer políticamente correcto o para defender la igualdad de género, lo hago porque estoy totalmente convencido de la necesidad de la participación de la mujer en el diálogo.

Siendo casi el 50.5%, creo que sería normal que la mujer participará en igualdad de proporciones a su contraparte de hombres y esto se debería hacer por convicción y no por imposición.

Vengo de una familia con mujeres a quien admiro profundamente por su valor, coraje, determinación y amor por los suyos. Mi abuela María Kautz fue el primer ejemplo, sin saberlo yo,  en ese momento, de lo que se llamaría más tarde igualdad de género.

Mi abuela al igual que cocinaba con mucho amor  para todos sus hijos y nietos, igual conducía un tractor, se montaba a caballo o arreglaba un cerco.

Nunca me extrañó ver a una mujer hacer cosas diferentes a los roles sociales establecidos para las mujeres de las diferentes épocas.

Creo que Nicaragua ha tenido y tiene extraordinarios ejemplos de mujeres que han dejado y dejan huellas profundas en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Solo para mencionar algunos de los miles de ejemplos, Rafaela Herrera, las mujeres del Cuá, Arlen Siu, doña Violeta y su amor de madre le regresó la paz y sanó las heridas de nuestro país.

Bianca Jagger, Vivian Pellas, Frances Kinloch, Gioconda Gadea, Gioconda Belli, Lucía y Claudia Salazar y miles de mujeres, atletas, periodistas, profesionales, empresarias, agricultoras y campesinas.

Millones de madres solteras o familias que dependen de una mujer como jefe de familia, a todas esas mujeres que se han ganado cada derecho a costa de sacrificio y dolor.

Supuestamente hay una ley de participación ciudadana del 50% y quien más la prédica es el Gobierno, pareciera que el diálogo no es parte del país, ¿por qué no hay una sola representando al Gobierno?

Pero la vergüenza debería de ser también para la sociedad civil que de manera inconsciente o consciente se les olvido que si vamos a cambiar este país es con las mujeres, valientes y penconas que hay en Nicaragua.

Me gustaría ver que mujeres haciendo su partido político, de seguro ganan, pero además muchas leyes y conductas cambiarían para bien, por la misma naturaleza de la mujer y de la madre.

Que se repare pronto este monumental error y se pida una disculpa pública de todos los actores de la mesa del diálogo a las mujeres nicaragüenses.

Solo con humildad, respeto y aceptación plena, los derechos de las mujeres y de otros grupos sociales pueden estar seguros y ser una realidad.

¡Ánimo Nicaragua, vamos a salir adelante!