Lesli Nicaragua
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Un año más y nos encontramos con otro Día Nacional del Periodista. Pero en esta coyuntura, lo más lógico es decir un año después. Porque el que hemos vivido desde el anterior 1 de marzo ha sido tan sui géneris, que merecerá una entrada más extensa que una de esas oraciones simples que encierran décadas en los libros de historia, como “de 1990 a 2000 se vivió un período de paz”. Aunque esta vez, estoy seguro, se ocuparán páginas enteras para 2018, e incluso se llenarán de imágenes de lo que pasó.

Y de seguro que en alguna de ellas reconoceremos a colegas de esta peligrosa profesión. Esos rostros que asoman entre la multitud, como decía PAC; que se deben a esa muchedumbre, las explican y las estudian. Periodismo y sociedad. Más historia ahora. Ya que nos tocó esta vez ser parte de ella, participar en ella. Ya no solo espectadores, como lo serán los sociólogos y antropólogos cuando analicen y traten de interpretar para los hijos de los hijos de nuestros hijos ese año.

Lúgubre y lleno de trincheras. Porque perdimos físicamente a uno —Gahona— por el despiadado e inexplicable odio que empujó una bala. Y lo más terrible es que lo vimos en vivo. Terror y dolor para su familia, cuya muerte será lo único que ocurrió para siempre esa noche.  Otro mártir que no quiso luchar en esta guerra de discrepancias de ideas, sino exponerla desde su deber de informar. Ese punto de inflexión, funesto, marcó el inicio de nuestras divisiones.

Por un lado, los oficialistas y por otro los independientes. Categorías que en deontología del periodismo no existen. Todos salimos del mismo lugar, sin adjetivos, nos aclara Miguel Ángel Bastenier en “Cómo se escribe un periódico”, en su síntesis de las 20 condiciones para ser un buen  periodista. Para el extinto, pero célebre periodista español, solo existen dos tipos: los buenos y los mediocres. Sin medias tintas, o hacés bien tu trabajo, o solo sos un mercenario de la comunicación. 

Sin embargo, para nosotros, la profesión se tiñó de política. Pero la ideología, a la que todos tenemos derecho “per se”, desnaturalizó el producto al que nuestros receptores tienen, también, derecho a recibir sin sesgo. De lo objetivo, hablando en términos de comprobación de datos, pasamos a las falsas noticias. Olímpicas desinformaciones de uno y otro “lado”. Y de ahí, a la violencia, al acoso y lo peor: a la autocensura y el exilio.Porque si bien cada cual tiene derecho a plegarse al partido u organización política que más le guste, esto no da derecho a señalar ni denigrar a otro. Eso es involución de derechos. Y menos encarcelar las ideas: simplemente no se puede. Y esto vale para todos. 

Hace 20 años soy periodista graduado y nunca vi un tiempo tan triste para esta profesión. Y tampoco he vivido un Día del Periodista tan tétrico: amigos en otros países, encerrados, atados por sus trabajos, censurados por sus jefes, alienados en su libertad expresión. Verdaderamente entramos sin querer en la historia.

* Periodista, catedrático y escritor
leslinicaragua@yahoo.com