•   Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Tras el reciente descubrimiento de unas antiguas ruinas se ha considerado que la cultura china tiene 10,000 años y es la más antigua cultura conocida del mundo. En la antigua China era creencia común que los muertos fuesen a vivir en otro mundo.

Por eso se les debía proporcionar todo lo necesario para aquella nueva vida. Desde tiempos inmemoriales los chinos tuvieron un interés especial en venerar a sus antepasados. En una larga ceremonia se “fijaba” el alma a una tablilla o “ling-pai”, que era colocada en casa, en el altar familiar. A través de ella los hijos podían entrar en contacto con sus padres.

Otros consideran que las primeras civilizaciones nacieron en Mesopotamia hace unos 9,000 años: las culturas Hassuna, Samarra, Halaf y Obeid, antecesoras de Sumeria, Acadia y Babilonia, osea, Mesopotamia, al oeste de Asia, que incluye la parte centro oriental de Iraq y el suroeste de Irán, situada entre los ríos Tigris y Éufrates.

Durante la civilización sumeria enterraban a sus reyes con lujosos artículos para llevarlos al otro mundo. Los sumerios comunes eran enterrados con posesiones personales. El imperio acadio tenía sobre la muerte similares creencias que los sumerios.

Luego llegó el pueblo caldeo, semilla de lo que sería el imperio de Babilonia que se extendió por Acadia y Sumeria 600 años a. C. La religión babilónica fue fundamentalmente  la práctica religiosa de los caldeos con influencia acadia y sumeria.

Creían que al fallecer el ser humano quedaba la arcilla vacía y debía regresar a la tierra. Pero los muertos continuaban su existencia en forma de espíritus vinculados al cadáver físico (en ocasiones idéntico al mismo) y poseía sus necesidades físicas como comer o dormir. La muerte no era el final. 

Las creencias sobre la vida después de la muerte, de otras civilizaciones asiáticas y europeas menos antiguas son bien conocidas: Egipto, India, Grecia, Persia… todas creían en una vida más allá de la actual. ¿Pero qué hay del entonces lejano y desconocido continente que hoy llamamos América? La civilización prehispánica conocida más antigua de América es la olmeca, que se desarrolló 400 años a. C. al sureste del estado de Veracruz y el oeste de Tabasco.

Los olmecas también creían en la vida después de la muerte e incluso sacrificaban perros para acompañar al difunto en el viaje hacia la otra vida. Creían que se podía interactuar con el espíritu de los difuntos, especialmente con sus antepasados.

Igualmente, es bien sabida la creencia en otra vida sostenida por mayas, aztecas, incas y otras culturas prehispánicas posteriores, de las que se conservan urnas funerarias con objetos para el viaje del difunto. En África y Oceanía, por su parte, las culturas más antiguas tienen aún hoy sus mismas expresiones en una parte de los aborígenes actuales, fundamentalmente animistas, osea, que rinden culto a los espíritus (ánimas) de sus antepasados.

Todas las civilizaciones humanas, desde siempre, desde los albores de la humanidad, tienen en común “creer en la otra vida”. Sabemos que el ser humano tiene muchas cosas en común en todas las épocas, en todos los continentes, civilizaciones y razas.

Todos estamos dotados de inteligencia, con capacidad de razonar, y con instintos comunes como el instinto sexual o el de sobrevivir alimentándonos y defendiendo la vida. Pero también todos tenemos en común un “instinto” de trascendencia, la “intuición” de un más allá, “saber” o “sentir” que la vida no termina con la muerte. 

¿Cómo, si no, se explica que tal cosa esté en la mente de toda la raza humana desde las más antiguas civilizaciones? No es que alguien en común le enseñó a cada civilización a pensar así. Eso lo trae al nacer cada ser humano.

¿Ignorancia? ¿Superstición? En el mundo moderno del siglo XXI, con grandes avances científicos y tecnológicos, cuando la población del mundo es de 7,300 millones de personas, hay 2,500 millones de cristianos, 1,500 millones de musulmanes, 1.000 millones de budistas, 500 millones de taoístas, 500 millones de confucianistas, 65 millones de sintoístas, 20 millones de judaístas y 2 millones de religiones y cultos menores.

Ellos —aunque no todos son fieles creyentes y practicantes de su religión— creen en “la otra vida”. Eso suma el 85% de la población y la mayoría del 15% que dice “no tener ninguna religión” acepta “la posibilidad” de que exista una vida después de la muerte. Más que un “pensamiento” o una “creencia” es un sentir generalizado que lleva a concluir que forma parte natural del ser humano.
 
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com