•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los pueblos vivimos en permanente estado de creencia, confianza y esperanza. En nuestro autoentorno nos constituimos en actores y actrices de la obra que representaremos ante el público ciudadano, cuyo juicio positivo esperamos obtener, aunque en ciertos casos no lleguemos ni a primera.

Hubo un pirómano de la Biblioteca de Alejandría, cuyo nombre pereció en el incendio del cual  solo queda el mito; Efialtes de Tesalia, tan ruin y horrible por dentro como por fuera, se la ganó a Judas, porque en el tiempo fue primero, traidor en Las Termópilas,  en ambos sucesos no estuve presente, pero un sujeto cuyo nombre no se publicó y que nadie quiere conocer, pero que muchos observamos en la TV, expresó, sin reproche alguno por parte de la autoridad competente el reflejo de la intolerancia cuyos jefes no desean exponer cuando se intenta reiniciar un diálogo, ¡qué buen abono para la causa gobiernista!, cuando arrebató con alarde de violencia, muy seguro de su impunidad, la manta que mostraban dos diputadas en reclamo de libertad para las presas políticas.

El 6 de marzo del presente año, Miércoles de Ceniza, escuché en mi parroquia la homilía de la misa respectiva basada en Mateo 6,1-18, que aludía a la limosna, la oración y el ayuno. En su motivada y corta explicación nuestro párroco nos invitaba a entregar la limosna, a orar y ayunar en secreto, no como los hipócritas que se hacen la gran propaganda, ya que todo corresponde efectuarlo ante Dios  quien sabe  cuánto hacemos, puesto que a los primeros con religiosidad o cristianismo de gallina, pues cacarean o cacaraquean apenas ponen el huevo, a personas como esas ya el  Señor les dio su recompensa, lo mismo que a los quemones de bibliotecas, los  traidores de Las Termópilas y los violadores de la tolerancia en los sagrados recintos de la Asamblea Nacional.

Al tenor de los acontecimientos últimos en el que prima el interés por reanudar el diálogo, quiera Dios ayudarnos a superar los intereses personales de todo tipo  a fin de que los azul y blanco, los rojinegros, los verdes, todos cuantos nos identifiquemos con cualquier otro color, por una parte y los cristianos católicos, evangélicos, testigos de Jehová o de alguna otra denominación, en actitud reverente frente a los cientos de muertos de toda índole, cientos de detenidos y detenidas, condenados y condenadas con pruebas de muy dudosa legitimidad, miles de exiliados como producto de la crisis sociopolítica que hoy padecemos, rindamos respetuoso  e insoslayable tributo a las víctimas de los abusos en ellos cometidos. La Alianza Cívica y el Gobierno que por hoy encabezan las fuerzas contendientes, con la confianza que en ellos se ha depositado deben esforzarse en laborar orientados por el fin u objetivos esbozados, para el logro final de la libertad, justicia, democratización, seguridad y paz, concepciones y aplicaciones básicas para la convivencia ciudadana de los nicaragüenses.

Presento en los párrafos finales de esta corta exposición algunas observaciones  que los dialogantes deberían tener en cuenta, principalmente el gobierno, ya que la autoridad acumula y sustenta mayor responsabilidad en estos y otros asuntos. Veamos: la confianza que podría estar depositada en él, sufre de creciente deterioro. Para mí cae en picada. No es conveniente seguir el camino de quienes aconsejan, “ni un paso atrás”, por ejemplo. Esos ya no tienen nada que perder: el paso atrás es malo y para adelante es peor para ellos. Los altos gobernantes sí tienen que perder y esa postura entorpece la negociación. Por hoy, los azul y blanco se visten de patria. Nadie puede ser perseguido, acosado, apresado, juzgado y condenado por llevar o proclamar esos colores. Ser patriota es una obligación ciudadana y por ello acreedor del mayor encomio. Quienes actúen en forma contraria son antipatria, no puede existir otra explicación frente a tales actitudes. El Gobierno pareciera que disfruta del momento en que aumenta o engorda la lista de adversarios. ¿Será posible que hayamos llegado a tales extremos? Existe un distanciamiento claro frente a organismos internacionales y nacionales, cuya presencia se han encargado de deslegitimar, cuando habrían sido de valiosa utilidad para los nicaragüenses en la búsqueda y encuentro de soluciones pertinentes y no del costo asumido e invalorable  con el cual ahora contamos. Las famosas, guapas y  muy respetadas picos rojos que se pasean por Nicaragua con nuestra plena admiración y los soplachimbombas azul y blanco, así la policía y los neo-orejas las desinflen ¿Qué daño provocan, sino causar el disgusto de los mandamás? Ya no estarían si no hubiesen sido provocadas y provocados. 

Lucía Pineda Ubau, hija de maestro normalista egresado de la hoy Normal Ricardo Morales Avilés y Miguel Mora distinguido comunicador social, quien no pudo asistir a los funerales de su abuelita por encontrarse privado de libertad son fieles representativos de cuanto periodista sufre opresión carcelaria y  otros daños sensibles en sus personas, como presos políticos, como otros tantos nicaragüenses para quienes se reclama su libertad.

Coincido con el Gobierno en un concepto, el de golpistas, que atribuyen a los miembros de la Iglesia católica. La Conferencia Episcopal, los obispos en lo individual en sus diferentes jerarquías, los sacerdotes, los religiosos y religiosas católicos, son golpistas, especialmente los obispos, porque ellos nos han golpeado las conciencias  y nos han despertado del sueño en que yacíamos adormecidos, a tal grado que esos golpes al abrir los ojos nos han permitido observar la realidad y además ofrecerles nuestro apoyo de ovejas solidarias.

Finalmente, el majestuoso telón azul y blanco de la vida de los nicaragüenses  se levantará en el diálogo por venir para que como espectadores observemos en el escenario  el desempeño de los actores y actrices que progresivamente desarrollarán las acciones que culminarán con el desenlace anhelado por la ciudadanía nicaragüense: libertad, justicia, democracia, seguridad y paz para todos y todas.