Nathalie Alvarado
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América Latina es la segunda región del mundo con mayor proporción de mujeres en las cárceles. No obstante, son pocos los países en la región que cuentan con cárceles exclusivas para mujeres. La población reclusa femenina sigue siendo la gran olvidada de nuestro sistema penitenciario. Esto se debe tal vez a que las mujeres constituyen un porcentaje relativamente pequeño de la población penitenciaria en América Latina — representan hoy un 5% de todos los reclusos. La tendencia, sin embargo, está en alza: la población de mujeres privadas de libertad ha aumentado en un 200% durante los últimos 20 años. En este contexto, el significativo crecimiento de la población penitenciaria femenina es preocupante porque las mujeres en conflicto con la ley tienden a presentar necesidades sicológicas y familiares excepcionalmente complejas que ameritan un abordaje con un enfoque de género.

La doble carga de las mujeres en cárceles

Desde la infraestructura, los protocolos de seguridad, los programas de rehabilitación y reinserción, la capacitación y empleo… nuestras prisiones están pensadas para los hombres. ¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrentan las mujeres en la cárcel?

*Las mujeres privadas de libertad llegan a la cárcel por delitos menores. Cerca del 60% de las mujeres que se encuentran encarceladas han sido aprehendidas por comercialización o tenencia de drogas, otra gran parte se encuentran detenidas por delitos no violentos como hurtos. En El Salvador, por ejemplo, los hombres detenidos por extorsión corresponden al 21.9%, mientras que las mujeres detenidas por la misma razón representan el 33.7%.

*La proporción de mujeres en la cárcel sin condena firme es mucho mayor que entre los hombres. En América Latina, el 40% de la población reclusa está en la cárcel a la espera de recibir juicio. En el caso de las mujeres, esa situación afecta al 70% de las reclusas.

*La mayoría de las mujeres en prisiones cometieron los delitos por razones económicas. En nuestra región, la tasa de hogares pobres encabezados por mujeres es más alta que la tasa de los hombres. ¿Por qué? El desempleo y el infraempleo afecta a las mujeres más que a los hombres. Un dato: Alrededor del 35% de las mujeres en edad de trabajar no se encuentran dentro de la fuerza laboral.

*Las cárceles no están preparadas para responder a las necesidades médicas y familiares de las mujeres. En los centros penitenciarios existen pocos mecanismos y espacios para el cuidado, la lactancia y el alojamiento de los hijos. Además, el acceso servicios de atención ginecológica o productos de higiene femenina es muy limitado.

*Muchas mujeres en la cárcel son madres y siguen al cuidado de sus hijos desde el encierro. El 73% de las mujeres reclusas tienen hijos menores a su cargo. Cuando las mujeres son privadas de libertad, el efecto sobre los hijos y el hogar es más fuerte que cuando los hombres son privados de libertad. El estigma del encierro de sus madres persigue a los menores más allá de la cárcel: las estadísticas demuestran que los niños cuyos cuidadores se encuentran en prisión tienen mayores probabilidades de abandonar el colegio y de entrar en conflicto con la ley.

La participación laboral de las mujeres en América Latina ha contribuido significativamente al crecimiento y al desarrollo de la región. De hecho, de acuerdo con un estudio del Banco Mundial, sin los ingresos laborales de las mujeres, la pobreza en América Latina y el Caribe hubiera sido un 30% más alta en la última década. Además, el empoderamiento de las mujeres a través del acceso a un ingreso contribuye a mejores resultados en salud y educación de sus hijos y, de esta forma, activa un ciclo virtuoso para la graduación de la pobreza.

¿Cómo trasladar a las cárceles los avances sociales para empoderar a las mujeres en conflicto con la ley?

1. Debemos comenzar por adoptar medidas alternativas a la prisión, especialmente en casos de delitos menores.

2. Es necesario también crear espacios y mecanismos en las cárceles que permitan satisfacer necesidades diferenciadas por género.

3. Dada la alta frecuencia de encarcelamiento de mujeres relacionado a delitos por necesidad económica es clave implementar programas de capacitación y emprendimiento en alianza con la sociedad civil y el sector privado para facilitar su reinserción social y laboral y evitar la reincidencia. Un ejemplo exitoso es el proyecto de microcrédito con mujeres en encierro implementado en Chile con el apoyo del BID, el cual está comenzando a mostrar resultados promisorios en términos de reinserción.

4. Es importante explorar las posibilidades de las nuevas tecnologías para la rehabilitación social de las mujeres —desde mantener lazos con su familia durante el encierro hasta facilitar acceso a capacitación y oportunidades laborales.

Las brechas de género hay que cerrarlas fuera y dentro de la cárcel. Dada una misma causa de encarcelamiento, las mujeres merecen las mismas oportunidades de rehabilitación y reinserción que los hombres.

* Coordinadora del área de Seguridad 
Ciudadana y Justicia del BIB.
Este artículo fue publicado en el blog 
Sin miedos del BID.