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En los últimos meses han ido apareciendo en varios lugares de Managua unas pintas que, a quienes ahora peinamos o teñimos canas, nos han devuelto la sonrisa. La última que vi fue una con dos versos de una bella canción de Silvio Rodríguez compuesta en 1978, cuando nuestro Continente era pródigo en luchas y esperanzas

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube.


Sonreí, con lágrimas de gratitud para quienes trazaron, de seguro a la carrera, estas palabras. Como era de esperar, me fue viniendo a la memoria el resto de la
canción:

un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.

Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza

Los o las autoras de la pinta fueron para mí, en medio del tráfico de las seis de la tarde en la carretera hacia Masaya, ese “barredor de tristezas” que me recuerda que cuando hagamos que esta tormenta de injusticias, corrupción y miseria sea barrida por el rabo de nube de la historia, nos quedará el querube, lo hermoso, la esperanza recién lavada por quienes habrán hecho realidad el “otro mundo posible” que nos atrevemos a seguir soñando, de modo

que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.


Les pido encarecidamente a esos “autores anónimos de la esperanza” que llenan de versos, lágrimas y sonrisas nuestras calles, que cuando escampe, por favor, por lo que más quieran, laven a
diario, con rigor y cariño, esa nueva esperanza para que la utopía no sea de nuevo derrotada.