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Muchas mujeres hoy se sienten más cómodas recibiendo atención en servicios de ginecología (GO) y obstetricia con alguien de su mismo género. Por eso, mientras el número de obstetras y ginecólogos hombres en Estados Unidos disminuye, el porcentaje de mujeres en esta profesión va en aumento, del 7% en 1970 al 59% en la actualidad. Asimismo, el 82% de los estudiantes de ginecología y obstetricia son mujeres. Un vuelco total de épocas pasadas, cuando el solo llegar a este campo era una lucha para el sexo femenino.

Y es que el balance de género en las profesiones sanitarias ha cambiado. Si apenas el 9% de los estudiantes en carreras de Medicina en Estados Unidos eran mujeres en 1965, en 2017 esa cifra aumentó a más del 50%, tanto en GO como en pediatría, medicina general y siquiatría. También en América Latina y el Caribe la mayoría de los empleos en salud hoy son ocupados por mujeres: el 57% de los doctores son mujeres y 9 de cada 10 profesionales de enfermería también. Aunque estas cifras parecen indicar un crecimiento de la participación femenina en el ámbito de la salud, ¿realmente es así?

Desbalances en la balanza

Para empezar, no todos los campos están abiertos a las mujeres. Fuera de especialidades como la GO y la odontología, otra de las profesiones sanitarias con marcada presencia femenina, menos de un tercio de todos los médicos son mujeres en las otras 42 especialidades médicas.

Además, algunos aspectos de las profesiones médicas siguen siendo abordadas desde perspectivas que no siempre toman en cuenta a la mujer. Por ejemplo, la mayoría de los instrumentos y equipos médicos siguen siendo diseñados por ingenieros varones. Sin embargo, hay avances en aspectos mucho más cotidianos como la bata médica, que poco a poco va superando el modelo “unisex” y otra identidad.

Pero donde más se visibilizan las diferencias es en los salarios y posiciones de liderazgo. Como en otros sectores, y a pesar de ser mayoría, las mujeres no solo ganan menos, sino que tienen menos oportunidades de acceder a puestos de poder.

Retos…

Las mujeres en la salud se enfrentan a las mismas dificultades diarias que sus pares en otros campos, incluyendo el conflicto entre la inflexibilidad laboral y su intersección con la vida familiar o personal. En una profesión que demanda disponibilidad en cualquier horario, el reto es significativo para las mujeres que tienen que cuidar de niños o de un pariente en situación de dependencia, y de sí mismas.

Además, la doble jornada laboral de las mujeres médicas, que llegan a casa de ámbitos de alta presión a continuar con tareas de cuidado, puede conducir a problemas de salud mental que ya de por sí afectan más a las mujeres, incluyendo estrés, ansiedad y depresión. Esto es irónico y preocupante en un sector que se ocupa principalmente del cuidado de las personas, pues las mujeres pueden terminar por descuidarse a sí mismas, con notables repercusiones sobre aquellos a quienes cuidan.

… y oportunidades

Como en otros movimientos por los derechos civiles, todo toma su tiempo. Por eso es tan importante dar relevancia a oportunidades como el Día de la mujer para dar visibilidad tanto a los retos que perduran como a las oportunidades que surgen.

Por ejemplo, la tecnología presenta nuevas posibilidades. Según el reporte Mujeres en tecnología, una de cada tres mujeres estadounidenses en carreras de ingeniería se integra a empresas de salud, el campo con más mujeres fundadoras de startups. Aunque la mitad de las startups no cuentan con mujeres en posiciones de liderazgo, se están realizando esfuerzos para aumentar esa presencia y combatir la brecha digital.

Existen varias iniciativas que están empoderando a las mujeres para que puedan crecer profesionalmente e innovar y aportar sus propias ideas y perspectivas a la salud, incluyendo:

EITHealth, un programa que facilita oportunidades de visibilidad e inversión a proyectos fundados por mujeres, Healthtech Women, una red internacional de mujeres biotecnólogas para el intercambio de conocimiento y aprendizajes, MakerNurse, una comunidad que impulsa a las mujeres a idear soluciones tecnológicas para mejorar la vida de los pacientes.

¿Qué cambios podemos esperar?

No hay indicadores de que el número de mujeres en el sector salud vaya a disminuir. Al contrario, con los cambios demográficos y el rápido envejecimiento de la población, es probable que una mayor demanda de cuidados resulte en un aumento de empleos en salud. De mantenerse las tendencias actuales, las mujeres serían las más beneficiadas, además, por los aumentos en los salarios y en la posibilidad de recibir una pensión, en comparación a otras ocupaciones, que se han percibido en América Latina y el Caribe en los últimos años.

Para que las mujeres puedan aprovechar de estas condiciones favorables, tenemos que hacer nuestro trabajo diario para motivar mejores políticas públicas y empresariales e impulsar cambios culturales que faciliten la inclusión de las mujeres en todos los espacios. Incluyendo, desde luego, en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), donde aún no hay suficientes referentes femeninos. ¿Te sumas a la lucha?


* Consultora en comunicaciones en la División de Protección Social y Salud del BID.

Este artículo se publicó en el blog 
Gente saludable del BID.