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Ph.D. / Ideuca

A mediados de mayo participé en el Primer Congreso sobre desarrollo rural organizado por el Centro Universitario Regional (CUR) de Matagalpa.

Entre los temas de análisis, discusión y propuestas estaba a mi cargo la educación.

Después de un rápido paso por lo rural destacando que no se reduce a un territorio puesto que en él se concentran características propias, naturaleza, historia, cultura, capacidades y haberes, muy vinculadas a la producción, concluí que lo rural, exige a la educación algo propio, algo cuyo origen y fin sea precisamente lo rural en su identidad propia.

La educación rural entraña todavía desventajas palpables sobre la educación urbana en todos los países de América Latina y desde luego también en nuestro país.

Alguien afirmó respecto de la educación rural que ésta se ha desruralizado, desagriculturizado, puesto que sus componentes teóricos y prácticos le son ajenos por haber transferido a ella la perspectiva general de la educación sistemática desarrollada en la dimensión urbana y no haber encontrado la respuesta educativa propia de una educación de y para la identidad rural.

En este contexto centré mi atención en el desgranamiento de la educación primaria rural en los departamentos de Matagalpa y Jinotega.

Uso la palabra desgranamiento para evidenciar como la mazorca de maíz llena de granos, es decir los alumnos, se va desgranando a lo largo de los seis años de educación primaria con clara diferencia entre los alumnos que inician el 1er. grado y los que terminan sexto grado.


En términos reales este es el recorrido de ese desgranamiento:
Como se puede observar el desgranamiento es preocupante. Si a nivel nacional concluyen la educación primaria menos del 60%, en el área rural de Matagalpa y Jinotega lo hace alrededor del 25%.

Las estadísticas apuntan a que la gran mayoría de estos alumnos conformarán más adelante una fuerza laboral sin las competencias requeridas para empleos formales y estarán condenados a transitar por los laberintos de la pobreza en el espacio abierto de la economía informal.

Con este preocupante panorama, tuve la oportunidad de compartir con varias personas que se encuentran en el proceso nacional de alfabetización que avanza hacia una tasa nacional menor del 5% reconocido por la Unesco para que un país se considere alfabeta.

Cuando uno se introduce en el proceso de alfabetización, se encuentra con hechos que dejan en el espíritu un profundo impacto de satisfacción y admiración, alfabetizar crea su propia recompensa humana y espiritual. Es una especie de gozo silencioso, y compartido, una vivencia que penetra en el alma para quedarse incrustada en ella.

En este caso esa vivencia me la proporcionó una niña de 13 años que cursa 6º grado y que está enseñando a leer a su mamá.

Al percatarme de este singular hecho hablé a la par con la mamá y con su hija. La mamá con un gozo que transfiguraba su rostro me expuso cómo estaba aprendiendo a leer con el magisterio de su hija. Rondaba en la lección cincuenta de la cartilla y comprobé que leía con fluidez esa y las otras lecciones que dejó atrás. Por supuesto me dijo que ahora podía leer las facturas y otros documentos que se le presentaban en el trabajo de su ventecita.

Me dirigí a la hija y le pregunté que me explicara cómo enseñaba a leer a su mamá todos los días durante una hora después de las cinco de la tarde que salía de la escuela. La niña fue explicándome su propio estilo pedagógico con un extraordinario dominio de las normas y pasos especificados en el método alfabetizador. Quedé sorprendido, me dio una lección muy agradable y eficiente.

Después dialogué con dos hombres menores de 30 años confirmando que el proceso alfabetizador tiene vida que se transfiere a miles de nicaragüenses que han aprendido a leer o lo están haciendo como la base fundamental y sólida para transitar por los caminos de aprendizajes nuevos y pertinentes.

He aquí el contraste al que se refiere el título del artículo. El éxito de la campaña de alfabetización se siente seguro. No obstante, lograr que la mayoría de nuestros niños concluyan la educación primaria es una realidad algo lejana.

Proporcionar al menos educación primaria, a los alfabetizados de 15 años en adelante y garantizar, al menos educación primaria, a los niños y adolescentes menores de 15 años, constituye un extraordinario reto de nuestra educación. Sólo así nunca se reproducirá el analfabetismo en Nicaragua.


Matagalpa (Área Rural) Jinotega (Área Rural)
Año Grado Matrícula Año Grado Matrícula
2003 Primero 22,440 2002 Primero 14,088
2004 Segundo 14,350 2003 Segundo 9,246
2005 Tercero 11,484 2004 Tercero 7,659
2006 Cuarto 8,861 2005 Cuarto 5,540
2007 Quinto 6,973 2006 Quinto 4,249
2008 Sexto 5,394 2007 Sexto 3,574