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Lo ocurrido el sábado en otro asalto al derecho de manifestarse, que obviamente tiene el sector mayoritario de un pueblo brutalmente golpeado, es claro indicativo de la inutilidad de un diálogo que realmente, viendo la confección del “equipo” gubernamental, con gente sin el mínimo poder de decisión, nunca tomó forma por carecer de consistencia. Esa nueva demostración de lo que se puede hacer con el uso indiscriminado de la fuerza frente a una resistencia cívica, por muy osada que sea, tomando todos los riesgos imaginables, y al mismo tiempo, comprobar la imposibilidad de evitar el crecimiento de un rechazo, lo que hace sentir pánico por las marchas o cualquier tipo de expresión pública, condenan nuestro futuro, no solo el inmediato, sino a largo plazo, a un caos permanente mientras el terrible deterioro del pobre país, continúa un proceso acelerado. 

Otro cruce del rubicón

Si se trata de valorar el grito de la suerte está echada y un cruce del rubicón para mostrar la decisión de ese sector mayoritario solo armado de patriotismo y de su deseo de libertad, justicia y restauración de valores perdidos, mostrándose en pie de lucha, con el significativo agregado de la salida rápida del más de centenar de prisioneros injustamente atropellados, el accionar popular del sábado fue positivo, sin lamentar muertes. Conociendo el nivel de barbarie alcanzado y sostenido, pese al desenmascaramiento del inventado “golpismo” y del intento de hacer cambiar de acera el terrorismo, se necesitaba un certificado de pérdida del temor. El estado de sitio de hecho en que vive el país, desde hace largos meses, que grafica Carlos Fernando en su último escrito, facilita la aplicación de excesos como los que vimos el sábado gracias al recurso de las redes sociales, aún estando en Cafarnaun, “armados” con un celular.

Miedo a la verdad

Como se dice, se puede atentar contra todo a base de abusos entre una cabalgata de mentiras, menos contra la realidad, que te golpea las narices por muy armado hasta los dientes que te sintás, con rifles, granadas y falta de escrúpulos. Sin embargo, cuando tratamos de mirar el futuro de este país tan convulsionado, el Gobierno se ve atrapado y sin salida, frente a las condiciones propuestas de no más represión, libertad de prisioneros y abrir espacio para movilizaciones y medios de comunicación, para hacer posible un diálogo apropiado en busca de soluciones. El miedo a la verdad es más poderoso que los golpes y las balas por parte de quienes han rebasado los límites y de los ejecutores de órdenes en este país sin leyes, que quizás, inconscientemente, han perdido su individualidad para funcionar como brigadas de sometimiento, olvidándose de sí mismos.

Única arma, lo represivo

Frente a la crisis económica que apretará más cuellos y estómagos de un proletariado asfixiado por una dictadura, no hay manera de tratar de colocarse a un lado de la crisis social y política, en la cual se reclama la libertad,  se debate lo justo y se combate una corrupción de dimensión desconocida. ¿Qué propuestas pueden hacer los del “equipo” gubernamental sobre estos puntos? Convencidos que su gran arma para inmovilizar este presente tenebroso, pero no claudicante para el sistema, es la represión, no van a dejar de utilizarla, y lo demostraron el sábado; pero también quedó demostrado que más allá de la Alianza y los cuestionamientos, la unidad del movimiento azul y blanco es indestructible, así vengan encima vientos y mareas. Esos cantos en prisión, esos rostros iluminados por la esperanza, esos gritos de libertad, esos riesgos sin medida, estimulan el presente con la posibilidad de romper las cadenas que tratan de condenar el futuro.