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El presidente ecuatoriano Lenín Moreno acaba de anunciar, con mucha determinación, que Ecuador se retira de Unasur. El anuncio mismo sumado a la paralización de esa institución desde hace ya algunos años, constituye un golpe terrible para las obras de ingeniería que legara Hugo Chávez: el ideólogo e ingeniero del sueño neosocialista. Él quería construir una gran sociedad latinoamericana desafiante a Estados Unidos y aliada de Moscú y Beijing.

¿Por qué se siguen abriendo grietas y se presagian derrumbes para este proyecto político-ideológico, si se argumenta que toda revolución socialista es un suceso inevitable?

Mi punto. Latinoamérica no solo es una zona geopolítica. Es una zona cultural-occidental. Está vinculada estrechamente a Estados Unidos y a Europa, en razón de valores, creencias, costumbres, vínculos familiares, económicos, financieros, comerciales. Pretender crear zonas de influencia en esta región que se sostengan intentando conexiones ideológicas con Rusia o China, sería artificial, forzado, antinatural. Si factores culturales condicionan el comportamiento económico de las sociedades, ¿cuánto más lo político? 

Fidel Castro y Hugo Chávez fueron los únicos mandatarios latinoamericanos que quisieron implantar un modelo prosoviético en toda nuestra región. Pero no funciona. A la vez que, ellos lo supieron muy bien: nada se puede imponer por decreto o usando recursos para socavar culturas, “modus vivendi”. O sociedades bien empotradas en valores desarraigables que están más estrechamente ligados a nuestro modo de ser y vivir.

El Che Guevara y Castro quisieron desestabilizar la región, suministrando entrenamiento y pertrechos a guerrilleros en Latinoamérica, salvo a México. No tuvieron éxito. Suficientes evidencias las leemos en la narración inconsolable del rebelde argentino, en Bolivia… “intentando crear Vietnams en América Latina”. ¿Castro y Guevara pudieron comprender alguna vez que el factor cultural es más fuerte que cualquier adoctrinamiento ideológico? 

Cuando en 1999 Hugo Chávez llegó al poder, se jactaba de decir que “esta vez, las revoluciones en nuestros países contarían con muchos recursos”. Dinero que derrochó, pero nunca multiplicó empresarialmente.

¿Por qué nunca se diseminaron, extensamente, esas revoluciones por todas partes (¡si son populares!), sino que solo se limitaron a un puñado de grupos fanáticos? Y esos que las adoptaron ahora penden de un hilo. Y, aun, habiendo evitado cometer los errores de Fidel, volvieron a toparse con los mismos escenarios autodestructivos. ¿No es que comprendían mejor la historia?

Chávez tuvo un mérito. Fieles y fariseos debemos reconocerlo. Fue el único líder izquierdista radical que, además, desafiando al “statu quo” internacional y al capitalismo, presentó otro modelo institucional.

Lenin, Stalin o Mao no lo hicieron así. Ellos nunca fueron más allá de construir un modelo marxista en su país. Chávez sí intentó crear un nuevo orden internacional alterno, al que él contendía o desafiaba. Unasur y Banco del Sur, son evidencias.

Bueno, es otro tema de discusión indagar por qué estas instituciones no se sostienen.

Si Venezuela, que hoy está contra las cuerdas, colapsa paradójicamente, sin dinero, pues todo lo despilfarró, creyendo que su gallina de los huevos de oro, era un imbatible ser mitológico, y no una institución que necesitaba manejo capitalista―, otro intento socialista más pasará a la historia como incapaz y fracasado.

Con la salida de Unasur, anunciada por Ecuador, se agrietan más las paredes del gran muro marxista tropical… (¡Y no sé qué otros ridículos adjetivos se le irán agregando!). Sin dudas, ello hará colapsar otra vez al descolorido club de pocos asociados dictatoriales.

¿Y después, qué excusa ofrecerá el cuento, si lo han intentado todo: revolución, justicia social, nuevo orden económico internacional, poder ciudadano? 

Unasur es una invención desarraigada y fantasiosa. Querían construir un núcleo de países sin Estados Unidos ni Canadá. Intentaron crear un club dirigido por los que envidian y resienten al fuerte y poderoso. Es algo así como hacerse pasar por los David ―de poca imaginación, odios sociales, y máscaras de zacate que anhelan matar al cíclope con el que comercian activamente. 

Pero siempre los grandes ideólogos olvidan el factor cultura. Es decir, esa condición que nos permite diferenciarnos entre los pueblos de la Tierra, por lo que hacemos, creemos, ideamos, inventamos, practicamos, y transmitimos a las siguientes generaciones. 

¿Es parte de la idiosincrasia de los jóvenes latinoamericanos querer emular los patrones culturales de Rusia o China? Pertenecemos al hemisferio Occidental. Es un rasgo social inveterado. Ese es nuestro “ethos” mayor. 

Los intentos históricos de los socialistas radicales, por apoderarse de América Latina, han ocurrido en tres etapas: 1) Cuba (1959); 2) Chile (1970); y 3) Venezuela (1999).

¿Qué argumentos esgrimirán los dictadores del siglo XXII?