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Estimado lector, durante los últimos meses hemos estado conversando sobre negociación y hemos estado aprendiendo de los grandes expertos en este tema y de las grandes negociaciones que se han dado a lo largo de la historia.

A nivel personal, he aprendido mucho y espero que, para usted, estas reflexiones hayan sido de utilidad.  Cuando nos ha sido posible, hemos contrastado la teoría, que viene del estudio de la realidad, con esa realidad, utilizando el “método de caso”.

Ahora, nuevamente, trataremos de aplicar los principios que hemos venido discutiendo, a dos experiencias de negociación que recientemente se han dado en Nicaragua.  Sin embargo, aclaro que en este ejercicio, nos limitaremos al “estudio individual”, que es el primer paso en este proceso de análisis y por lo tanto es muy incompleto.  Si usted hace su propio análisis, muy posiblemente no será igual al nuestro y por ello las etapas posteriores, el estudio en grupo y la sesión plenaria, con la guía del profesor, son tan valiosas.

Como lo sabe, hace unos 11 meses, estalló una crisis muy seria que causo víctimas fatales y creo un clima de incertidumbre que provocó una contracción de la economía nacional.

 Como respuesta, el Gobierno invitó a la Conferencia Episcopal para que, como testigo y mediadora, organizara un diálogo nacional para enfrentar la situación.  Así se produjo el primer esfuerzo de negociación, al cual, además de la representación del Gobierno, que era numerosa, asistieron una gran cantidad de organizaciones empresariales, estudiantiles y de la sociedad civil, invitadas por el mediador.

Estas organizaciones se presentaron con una gran cantidad demandas, que iban desde la democratización del país, pasando por el fortalecimiento de la justicia y la reforma del Estado, hasta el planteamiento de demandas sectoriales muy específicas.  Las primeras sesiones fueron públicas y transmitidas al pueblo nicaragüense por medio de radio, televisión y todos los medios escritos existentes en el país.  

En esa primera sesión, los sectores invitados por la conferencia episcopal, le dejaron claro al presidente que esa no era una mesa de negociación, sino una mesa de rendición y que lo único que se negociaría sería cuándo y cómo dejaría el poder.

Según algunos medios de comunicación, el Gobierno dijo que aceptaba conversar sobre todos los temas planteados, pero demandaba el levantamiento de los “tranques” que estaban impidiendo la libre circulación de bienes y personas en todo el territorio nacional, a lo que las organizaciones sentadas en la mesa de negociación respondieron que no controlaban dichos tranques, o que los mismos eran necesarios para protección de la población.

El diálogo se suspendió y el Gobierno con fuerzas policiales y parapoliciales procedió a “levantar los tranques”, incrementándose sustancialmente el número de víctimas fatales y el de prisioneros o “secuestrados”, como les llama la oposición; y lo mismo ocurrió con el clima de incertidumbre, lo cual aceleró la crisis económica y social.

Diez meses más tarde, un reducido grupo de empresarios se reunió con el Gobierno y producto de esa reunión, a la que asistieron el cardenal y presidente de la Conferencia Episcopal y el nuncio apostólico, se abrió la posibilidad de una nueva oportunidad para superar la crisis por medios pacíficos, recurriendo a una nueva negociación.

 Sin embargo, ahora la estructura de la “mesa de negociación” sería muy diferente, ya que las reuniones serían privadas, los asistentes por cada parte serían reducidos a seis por cada una, y el cardenal y el nuncio jugarían el papel de testigos, invitándose también a jugar ese papel a pastores de las distintas iglesias cristianas.  Posteriormente la conferencia episcopal anuncio que declinaba la invitación y los representantes de las iglesias cristianas no terminaban de decidir su posición.

Las sesiones de negociación se reiniciaron con los problemas normales de toda negociación de este tipo, con la presencia del nuncio apostólico y más recientemente, con la posibilidad que la Organización de Estados Americanos (OEA), como en otras ocasiones en la historia política de Nicaragua, también participará en el proceso de negociación.

En esta segunda oportunidad también existía otra diferencia, que podía ser muy importante, y es que ahora, la comunidad internacional representada por la Unión Europea, Estados Unidos y otros países de la América Latina, estaban jugando un papel relevante y, por lo tanto, debía ser considerada como una parte más en este nuevo proceso de negociación, aunque no se encontrara sentada en la “mesa de negociación”.  

Sin embargo, su papel podía ser el determinante en este caso.  Asimismo y a nuestro juicio, el papel que estaba jugado el nuncio apostólico, independiente del nombre que se le quiera dar, había sido muy valioso y no podíamos olvidar que, después de todo, el nuncio era el embajador de Su Santidad, el Papa y ello es algo que también debemos incorporar a este nuevo episodio de negociación y a nuestro esquema de análisis. 

Por los cambios en la estructura del diálogo, por la incorporación de estas nuevas “partes” que no están sentadas en la “mesa de negociación”, y por el papel del nuncio y a quien representa, esta vez, me siento optimista.  La vez pasada, desde en la primera sesión sabía que no se llegaría nada.

¿Y cuáles han sido los resultados en este segundo episodio?  Aunque el tiempo transcurrido ha sido muy poco para poder hacer una verdadera evaluación, los altibajos han sido obvios, el fondo de la negociación no ha iniciado y las expectativas de la población son enormes, a mi juicio, hasta hora, los resultados han sido positivos, ya que no ha habido más víctimas fatales y el número de prisioneros, o secuestrados, se ha empezado a reducir.  Todo lo contrario a lo que ocurrió en el primer intento.

Si usted, más o menos, coincide con estas conclusiones, aunque sus expectativas sean muy superiores, en lugar de acusar a las partes de irracionales, incapaces o no confiable, tratemos de comprender sus necesidades y sus limitaciones; y en lugar de descalificar a las personas que de buena fe está jugando el papel de mediadores, como por ejemplo el nuncio apostólico, apóyemelos, entendiendo lo difícil que es jugar ese papel, especialmente después de un intento fallido.  

Pero, si usted llegara a una conclusión diferente y creyera que la solución no es el diálogo, ello es normal y legítimo en el análisis del “método de caso”. Sin embargo, antes de poner en práctica su alternativa, realice un análisis de costo-beneficio y evalúe qué tan realista puede ser. 

nramirezs50@hotmail.com 

*Doctor en Derecho y Economía.