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El futuro del diálogo se ve más borroso que un amanecer con neblina espesa en la zona de El Crucero. No se ven luces capaces de clarificar algo. ¿Y por qué? porque hay un viejo tranque convertido en un gigantesco estorbo: sacar a todos los prisioneros, víctimas de acusaciones inventadas y de sentencias antojadizas; quitar la represión ejercida irresponsablemente en forma tan brutal y respetar las libertades ciudadanas, como las de movilización y expresión.

Después de once meses de una situación caótica, necesitada urgentemente de un destrabe, ese “paquete” de condiciones que grafiquen la voluntad de buscar soluciones parece muy grueso y extremadamente riesgoso a quienes manejan los resortes de poder armados hasta los dientes, aún estando conscientes de no tener país y provocar más deterioro día tras día. Y mientras se hagan los sordos, seguirá el desastre sin fin. Es triste y doloroso.

Fortaleciendo represión

Los organismos internacionales como la OEA, la Unión Europea, Comisión de Derechos Humanos y todos los que han visto, analizado y comprobado la situación están claros que se necesita quitar ese viejo tranque, para hacer viable transitar por la carretera del entendimiento.

Pero las recientes señales agrandan el estorbo: la frustración del intento de marcha, los más de 160 detenidos con aplicación desmedida de la violencia dejados en libertad horas después por una gestión encabezada por el nuncio Waldemar Sommertag, la negación al uso de derechos establecidos por la Constitución y para remate, la incorporación de 462 nuevos policías, 306 de ellos entrenados por un cuerpo élite especializado en el uso de la fuerza, con un propósito obvio, apretar más las tuercas.

“Estamos ante un gobierno que no negocia de buena fe”, dijo la eurodiputada Ana Gomes, engavetando temporalmente sus esperanzas, mientras se anuncian sanciones de todo tipo a los abusadores del poder.

Un cálculo macabro

Un movimiento de rebeldía espontáneo, provocado por la nueva generación de estudiantes universitarios, logró un crecimiento impresionante convertido en indestructible, capaz de resistir todas las agresiones imaginables y mantener estimulado en pie de lucha, protestando pacíficamente al sector mayoritario de un pueblo víctima del engaño de una revolución que fue borrada, consecuencia de la voracidad de muchos de sus hijos y ese apego al poder, con tantas historias de muertes y daños.

Un cálculo macabro en busca de forzar un arreglo que evite la aplicación de la justicia, es someter a prueba la insistencia de quien aprieta el cuello aprovechando que puede usar la fuerza al margen de las leyes y la resistencia que ofrece quien es colocado contra la pared, sufriendo atropellos extremos. Mientras el viejo tranque sea el gran estorbo, no hay forma de activar un diálogo honesto. Y esa pelota, con el también gigantesco temor de quitarlo, se encuentra en la cancha de ellos.