Sebastián Lipina
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

¿Cómo surgió el énfasis que se da a los primeros mil días de vida como determinantes de diferentes aspectos del desarrollo humano durante el ciclo de la vida? Fundamentalmente existen tres fuentes de evidencia generadas en el contexto de las ciencias de la salud:

(1) Un estudio realizado en Guatemala, entre 1969 y 1977, en el que se demostró que un suplemento nutricional administrado entre el nacimiento y los 7 años de edad impactó más en los niños que lo recibieron durante su segundo y tercer año de vida.

(2) Un estudio publicado en 2010, realizado en 54 países de ingreso bajo y medio, en el que se verificó una caída espontánea de las puntuaciones en la talla de los niños entre su nacimiento y los 23 meses de vida asociadas a peores condiciones de vida.

(3) Estudios realizados durante varias décadas que evidencian la importancia del control de la salud materna durante el embarazo para prevenir fallas de crecimiento en los hijos.

La ciencia del desarrollo

Si sumáramos a esta evidencia la generada por la ciencia del desarrollo contemporánea[1], que también sostiene la importancia de la provisión nutricional adecuada desde la concepción y durante los primeros años de desarrollo luego del nacimiento, no hay dudas que los primeros mil días de vida son una etapa muy importante en la que es necesario asegurar la alimentación y el cuidado de las madres y sus hijos para proteger el desarrollo adecuado de sus potencialidades. Al tiempo que esta evidencia era generada y comunicada, diferentes estudios neurocientíficos experimentales brindaron evidencia acerca de:

(a) La existencia de períodos críticos para la organización de sistemas sensoriales en felinos.

(b) Los efectos de la crianza temprana sobre la organización del cerebro de roedores y primates no humanos.

(c) La dinámica de generación y poda de contactos entre neuronas a partir de muestras cadavéricas de humanos.

Durante la década de 1990, la integración de estos tipos de evidencia dio origen a una noción acerca del desarrollo cerebral que sostiene que los primeros mil días son un período crítico durante el cual es necesario realizar los mayores esfuerzos para asegurar alimentación y estimulación adecuadas para el aprendizaje de los niños, antes de que esta etapa finalice.

Una vez terminada no sería posible generar cambios en aquellos sistemas neurales que no hayan sido nutridos o estimulados adecuadamente con anterioridad. Es decir, esta noción sostiene que lo no logrado o lo que haya quedado afectado por falta de estímulo durante ese período no puede modificarse o resulta muy costoso hacerlo.

Estas nociones sugieren una concepción del desarrollo cerebral en la que hay factores determinantes principales que generan una dinámica con pocos grados de libertad para el cambio. 

¿Y después de los mil días?

El conocimiento acumulado en las últimas cinco décadas en las disciplinas de sicología y neurociencia cognitiva del desarrollo permite afirmar que, desde la concepción y durante toda la vida, el sistema nervioso se organiza y se modifica con base en la interacción dinámica entre características individuales y contextuales de cada persona. Estos procesos de desarrollo son modulados por una gran diversidad de mecanismos moleculares, celulares, sicológicos, sociales y culturales.

Durante el desarrollo neural existen momentos de máxima organización de diferentes funciones que se denominan períodos críticos y que ocurren en diferentes momentos para distintas redes neurales.

En el caso de procesos más complejos como los de autorregulación, tal organización depende de la integración progresiva de diferentes redes neurales que procesan más de una modalidad de información y que se desarrollan en diferentes momentos durante al menos las dos o tres primeras décadas de vida. A nivel neural, esta integración requiere de diferentes tipos de nutrientes y experiencias que incluyen, pero también se extienden mucho más allá de los primeros mil días.

En otras palabras, desde la perspectiva contemporánea del desarrollo neural, los primeros mil días son extremadamente insuficientes para predecir el desarrollo de un cerebro humano típico. El desarrollo neural se modela como un proceso probabilístico multideterminado por factores biológicos, sicológicos y ambientales que moderan su trayectoria durante todo el ciclo vital.

En consecuencia, no es posible afirmar que los primeros mil días de vida sean un período crítico para el desarrollo de procesos complejos como los de autorregulación y aprendizaje, ni que las privaciones tempranas generan necesariamente déficits inmutables o la detención del desarrollo. Estas últimas nociones inducen a representar al desarrollo como un fenómeno mucho más fijo y menos dinámico de lo que realmente la evidencia empírica permite sostener.

Es necesario tener presente que la neurociencia recién está comenzando a clarificar los mecanismos genéticos, neurales, endócrinos e inmunológicos que pueden explicar los procesos típicos del desarrollo y los alcances a largo plazo de la exposición temprana a cuidados adecuados o a adversidades. En cualquier caso, la evidencia disponible sugiere que es posible potenciar el desarrollo infantil, una vez pasados los primeros mil días.

* Director de la Unidad de Neurobiología Aplicada (UNA, Cemic-Conicet), 

Buenos Aires, Argentina.

Este artículo fue publicado en el blog Primeros Pasos del BID.