Eddy Zepeda Cruz
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La sociedad moderna, además de lograr avances en ciencia, tecnología e innovación, para alcanzarlos trae consigo consecuencias negativas en los diferentes procesos: un desequilibrio de su componente mental o espiritual.

La  búsqueda  de   objetivos   supremos  genera  desequilibrios en los indicadores subjetivos de calidad de vida mencionados. Lo sicosocial es invisibilizado con tal de alcanzar lo material.

Es el costo social del llamado éxito en una sociedad superficial y de consumo. Una sociedad carente de lo más esencial para que la especie persista en los tiempos. Lo humano no genera valor agregado ni utilidades. La sociedad de mercado no lo contempla. Es banalizado.

La Organización Mundial de la Salud define salud como el adecuado balance entre lo físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad. Los fenómenos sociopolíticos en cualquier región o país alteran la hemodinamia de las personas (entiéndase como el equilibrio social), generándose incompatibilidades en el proceso conocido como coexistencia pacífica.

Los grupos humanos, desde que se conoce referencia histórica, han evolucionado según las circunstancias a las que se han visto expuestas. Desde la era del fuego y del hielo, de caminar en cuatro extremidades a hacerlo en dos. De comer los alimentos crudos a cocerlos y volverlos de textura suave. Ello explica la transformación de sus rostros simiescos (Neanderthal) a los conocidos hoy día.

Su desarrollo cognitivo (razonamiento) también se benefició con la evolución. Se dio la formación de grupos afines, países, razas, etnias. Cada etapa ha traído consigo conflictos, de poder, de territorios, de religiones, etc.

De ser una comunidad primitiva, con intereses comunes, a sociedades individualistas, donde el más fuerte (que no precisamente tiene la razón y actúa casi siempre como energúmeno) siempre desplaza al más débil.

Es en ese afán que se genera confusión, y las formas de alcanzar las metas difieren entre grupos e individuos, existiendo quienes aprovechan esas diferencias para debilitar modelos que unan o aproximen, orientando acciones negativas con el fin de obtener lucros obscenos.

Quienes disfrutan de un status quo de tales comportamientos negativos también son culpables y no simples testigos o espectadores. Véase el ejemplo de la actitud pasiva y cómplice de los ciudadanos de países llamados desarrollados. Mientras sus intereses y comodidades se mantengan bien, que el resto del mundo siga igual.

Cada quien puede identificar a dichos actores según su percepción selectiva e intereses. Es en este contexto que la salud mental se ve afectada, sobre todo en grupos de mayor vulnerabilidad (minorías raciales, en situación de pobreza, niñez, juventud, mujeres, ancianos,  discapacitados, etc.).

¿Cómo intervenir en momentos de crisis?

Siendo un problema pandémico, es decir, que afecta a muchas naciones, la Organización Mundial de la Salud debería diseñar y orientar su ejecución a los 193 países miembros de las Naciones Unidas planes de atención sicosocial viables que integren acciones de fortalecimiento de la capacidad de resiliencia (fortaleza interna) de los ciudadanos, sobre la base del respeto a sus Derechos Humanos inalienables. La vida en primer lugar, salud, educación, vivienda, trabajo, cultura, ocio y recreación, idiosincrasia, identidad. Urge hacerlo ya. Mañana puede ser demasiado tarde.

Guerras, hambrunas, cambio climático, narcotráfico, prostitución, corrupción y otras tantas plagas sociales deben ser controladas y/o erradicadas. Caso contrario, las especies que sobrevivan (cucarachas y escarabajos) habitarán en un planeta que un día existió.

Hagamos patria. Seamos parte del cambio. Salud mental como primer paso.