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Estimado lector, hace un buen tiempo escribí con Marc Lindenberg, que en esa época era profesor de Ciencias Políticas en la Kennedy School, el libro “Managing adjustment in developing countries”.

 Marc me enseñó ciencias políticas y yo le enseñé política económica. Y si Marc, de grata memoria, en estos momentos estuviera impartiendo el examen final a sus estudiantes de Harvard, le diría que no invirtiera mucho tiempo en elaborar un examen muy complicado y que les hiciera una simple pregunta: ¿Con quién está realmente negociando el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega? 

En mi caso personal, como me aburría mucho preparando y corrigiendo exámenes, normalmente recurría a esta alternativa y además, como me costaba mucho entender la letra de mis estudiantes les decía que se llevaran el examen a su casa, dándoles esa gran ventaja, pero que me trajeran la respuesta a máquina, estableciéndoles un límite en cuanto al número de páginas.  Normalmente eran 4 o 5 a doble espacio.

Algunos de los estudiantes de Marc, al leer la pregunta, especialmente los más “ingenuos”, creerían que la misma era muy fácil de responder y que tendrían asegurada su calificación de “A”, para graduarse “summa cum laude”.  Incluso creerían que el profesor Lindenberg, al hacerles esa pregunta, tan sencilla, no era lo hábil que parecía haber sido en el salón de clases, a lo largo del semestre que habían compartido con él.  Aunque no lo crean, incluso en Harvard, o en Yale, hay estudiantes ingenuos.  Se los digo por experiencia propia.

Sin embargo, otros estudiantes, los más “fieras”, al leer la pregunta, inmediatamente sabrían que la misma era “una bola ensalivada”.  Estos estudiantes recordarían el principio de William Occam, establecido en 1330 y que nos dice que, normalmente, cuando nos enfrentamos a múltiples soluciones para un problema complejo, debemos escoger la explicación más sencilla, la cual tiende a ser la correcta.  Pero también sabrían que dicho principio no era una ley universal.

Mi estimado lector, si usted estuviera, en Boston o New Haven, respondiendo a este examen, estoy seguro que por la viveza natural que poseen los nicaragüenses, usted pertenecería al segundo grupo de estudiantes.  ¿O estoy totalmente equivocado?  

Recuerde que como nos dice Howard Marks en su libro: “Lo más importante para invertir con sentido común”, para tomar decisiones exitosas no podemos quedarnos con el análisis de “primer nivel”, que es simplista y superficial”, y que es el que estarían utilizando los estudiantes del primer grupo, sino que debemos recurrir al análisis de “segundo nivel”, que va más allá de lo que podemos observar a simple vista.  Por ejemplo, el inversionista ingenuo diría, “compremos esa acción, porque todo el mundo la está comprando”, pero el inversionista fiera diría, “vendamos, porque esta sobrevaluada”. 

Según usted, ¿cómo respondería la pregunta el primer grupo?

Yo creo que el primer grupo, para responder a la pregunta de Marc, en mi tiempo hubiera ido a la biblioteca, habría revisado los periódicos, especialmente El Nuevo Diario, y hubiera rápidamente llegado a la conclusión, que el presidente Ortega estaba negociando con una agrupación llamada Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, creada, según algunos, por la Conferencia Episcopal.  Ya en la actualidad los estudiantes no tendrían que ir a la biblioteca, sino que solo abrirían sus computadoras, o incluso sus celulares o sus relojes, y buscarían la información publicada por los periódicos nicaragüenses.  ¡El Internet es una verdadera maravilla!

Por otro lado, creo que el segundo grupo, después de seguir los mismos pasos del grupo anterior, iniciaría su análisis tratando de hacer un listado de todos los grupos y organizaciones nacionales, regionales o internacionales, así como de los países que tuvieran relaciones o intereses vinculados con Nicaragua.  Esta lista les daría una primera aproximación de todas las partes que, potencialmente, podrían estar negociando con el presidente de Nicaragua.

En segundo lugar, tratarían de identificar los “intereses” prioritarios de cada una de estas partes potenciales, y analizar como esos intereses prioritarios podrían ser afectados por la crisis que estaba viviendo Nicaragua.

En tercer lugar, posiblemente eliminarían a todas aquellas partes potenciales que, realmente, no tuvieran intereses prioritarios, o un interés nacional, que se pudieran ver afectados por la situación que prevalecía en Nicaragua.  

En cuarto lugar, este segundo grupo de “fieras” recordaría el principio general de la negociación, que consiste en que para ser una parte “efectiva” en la misma, debes poseer algo que realmente sea deseado, y mejor necesitado, por la contraparte, y que solo tú se lo puedas brindar.  Por lo tanto, este segundo grupo procedería a eliminar a todas aquellas partes potenciales que, aunque tengan intereses en Nicaragua, no posean algo que desee o necesite el presidente Ortega.  

Como usted podrá observar, este segundo grupo empezó su análisis con un universo mucho más amplio que el del primero grupo, pero luego lo ha venido reduciendo sistemáticamente.

Y en quinto lugar, posiblemente procederán a analizar los “recursos” con que cuentan las partes potenciales “sobrevivientes” a este análisis, para persuadir al presidente de Nicaragua a llegar a un acuerdo negociado y, luego de eliminar a los que no poseen esos recursos, pondrán en el primer lugar al que cuente con los mayores recursos para persuadir a Ortega y pondrán en el último lugar al que disponga de los menores recursos. 

En conclusión, los alumnos del segundo grupo terminarían identificando como al más posible negociador frente a Ortega, al que posea lo que Ortega más desee o necesite y al que posea más recursos para convencerlo de ello.

¿Y según usted, quien está realmente negociando con Ortega?  

nramirezs50@hotmail.com

*Doctor en Derecho y Economía.