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Rusia reitera lo que antes habíamos dicho: “A Moscú no le interesa el bienestar de los pueblos, sino el aseguramiento de sus socios-tiranos”. 

Armas y soldados rusos han llegado a Venezuela. Es la apuesta cínica del Kremlin por el aliado, el dictador de Venezuela. ¿Es esa jugada un resurgimiento de la doctrina Bredznev? ¿O es para llamar la atención y buscar como negociar con Washington y Bruselas la remoción de sanciones que estos le impusieron?

¿Qué consecuencias puede tener esa movida del arrinconado Maduro?

Mi punto: Ahora, Washington no tendrá miramientos contra quienes, además de ser dictadores, ponen en peligro la seguridad y los intereses de Estados Unidos y de los países de la región. El Kremlin no le ha hecho ningún favor a Maduro; al contrario. Se ha activado ya el acelerador de caídas contra el régimen opresivo de Miraflores. 

Además, quedan confirmadas las mayores evidencias de la naturaleza del Kremlin: 1) Hay un descarado cinismo al haber declarado anteriormente que “eran los venezolanos los que debían resolver sus asuntos y que ninguna potencia extranjera debía involucrarse”; 2) demuestra lo que ya dijimos antes en esta columna: Rusia solo da armas a sus aliados ―todos tiranos― no le importa el bienestar del pueblo; 3) si el Kremlin interviene en esta zona de influencia norteamericana favorecería  más la postura (entre los vecinos latinoamericanos demócratas prodiplomacia) hasta ahora contenida, para que Washington actué con fuerza y remueva al dictador de Caracas. 

¿Qué moralidad tienen los zares rojos para pedir que nadie se meta en otros países? 

La noticia cundió por todas partes: los rusos pondrán baterías antiaéreas S-300 en la periferia de Caracas. ¿Para proteger a Maduro de un ataque de los Estados Unidos? 

Esta movida deja mal a los diplomáticos moscovitas. ¿Los neorrevolucionarios rusos son la continuación del legado lenino-estaliniano que preconizaban la defensa del proletariado, los obreros, los pueblos oprimidos o de las causas sociales justas? 

En Rusia, los medios ―como en toda dictadura marxistoide son controlados por el Estado.  

¿Si el noble pueblo ruso estuviera bien sabido de las maniobras de Vladímir Putin, consentiría todas sus acciones?

¿Qué secuelas han dejado las últimas intervenciones soviéticas (antes) y rusas (posteriormente), en los países donde han metido tropas y tanques?

Las estadísticas muestran las evidencias: Cuba, Afganistán, Chechenia, Osetia, Crimea, Siria son países destruidos. Son países mendigos y divididos que gracias a los soldados rusos que ponen a tiranos para que representen sus intereses viven en el caos y la desesperanza. Se convierten en pueblos sometidos y atropellados.

Parece haber terminado el conflicto armado entre el dictador Bashir Al-Assad y los rebeldes nacionalistas. Se había extendido por Siria y sus consecuencias, más allá. Intervinieron los rusos para salvar al dictador. ¿Y? ¿Hay algún progreso? ¿Es Siria un país democrático, respetable, próspero o ejemplar, bajo el mandato represivo y bárbaro del dictador lemuresco?

Solo los dictadores buscan a Rusia para que sean sus amos. ¿Por qué? Moscú no puede jactarse de tener aliados decentes.      

En Venezuela, la rebelión popular contra Maduro avanza. Y no vino de afuera. Ha surgido desde adentro, desde abajo, desde el interior del país.

Maduro como bien lo dijera Donald Trump―: “Ya no tiene dinero, ya no tiene petróleo”. Y agregaríamos: tampoco tiene reconocimiento internacional, legitimidad, apoyo de aliados decentes. No cuenta con el consentimiento de los gobernados.

¿Qué le queda a Maduro por hacer?

Muy poco.

La acción rusa de no respetar la soberanía popular ni la autodeterminación reitera lo que ya sabíamos. Los demócratas sí sabemos dónde estamos y qué argumentos morales nos respaldan, al ver quiénes nos adversan.

¿Si Rusia fuera diferente, uno vería sus argumentos? Pero como no tiene libertad de prensa, elecciones libres y periódicas que permitan escoger a diversos mandatarios que respeten los derechos humanos, sabríamos que hay una verdad del otro lado. Pero no. Al otro lado solo hay un interés: hacerse de aliados, sin importar su inmundicia, para crear clubes de dictadores que roben, abusen del poder, se enriquezcan y cometan crímenes impunemente, sin ser cuestionados.

Por eso es noble la democracia. Con todas sus debilidades, pero tantos mecanismos trasparentes que nos permiten ver todos los ángulos de una verdad o las posturas de los que difieren.

¿Ya sabe Maduro que cayó en una trampa? 

Ahora, al aceptar la intromisión rusa, deberá ser incondicional a esta, hasta el punto de que lo negocien, sin escrúpulos, para que el Kremlin  revierta las sanciones que penden como espada sobre su cuello.