Jorge Eduardo Arellano
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Venezuela es, sin duda, el país más rico en toda Latinoamérica. Poseedor de enormes reservas de “oro negro”, un país donde la gasolina es más barata que el agua, un país en donde al abrir la tierra en busca de agua, corre ese chorro negro que tantos codician y por el cual están dispuestos hasta matar y enviar a sus soldados a morir a tierras lejanas. Ese país que en las últimas cinco décadas ha producido tanto petróleo que, convertido en términos de inversión, en parámetros de desarrollo hoy por hoy, lo colocarían en el país más avanzado de la región en el plano científico- técnico, industrial, en infraestructura, en lo social y cultural. Sin embargo, no es así...Otros países con menos recursos han logrado lo que Venezuela no ha podido, por ejemplo, Costa Rica y Cuba. Atrás quedan décadas tras décadas de corrupción, de inoperancia, de desigualdad, de injusticia, de despojos. Dos partidos (el Copei y el Acción Democrática), hijos de la oligarquía, boleándose el poder y entregándoles a las transnacionales esos valiosos recursos nacionales, cuyos legítimos dueños son todos los venezolanos. Se calcula que en los años en que gobernó la derecha se fugaron de Venezuela alrededor de 300 mil millones de dólares. Se imaginan ustedes todo ese caudal de dinero invertido en viviendas, medicina, escuelas, universidades, laboratorios, bibliotecas.

Las razones antes expuestas llevaron a Hugo Chávez al poder a través de las urnas de una manera abrumadora. Es el presidente con el mayor caudal de votos (nada menos que un 62%), el que más se ha sometido a procesos electorales y ha salido triunfante, apartando el último, del cual hablaremos más adelante. Es el presidente con mayor legitimidad en toda Latinoamérica y a nivel mundial, aunque esto no lo escuchen con gusto sus adversarios, incluyendo el gobierno de los Estados Unidos, José María Aznar y compañía, que recorren Latinoamérica y Europa, sobre todo Europa del este, predicando que Chávez es “un dictador”, y ésa fue la razón de su explosión en la cumbre iberoamericana. Una legítima defensa de un presidente legítimamente constituido, sobre el tono se puede discutir, pero no sobre la esencia. Chávez le abrió a Venezuela nuevas perspectivas, nuevos senderos, les aumentó la autoestima y les devolvió la dignidad, la soberanía y les estimuló la conciencia y parte de esta conciencia acumulada influyó en los resultados del referendo. El pueblo venezolano es más político, el taxista, el vendedor ambulante, la ama de casa, el estudiante han avanzado en su capacidad de análisis política-ideológica. Por eso me resisto a pensar que el pueblo venezolano fue inmaduro al momento de votar o no votar por el Sí o por el No en el referendo. 3,5 millones de venezolanos que en elecciones anteriores habían votado por Chávez esta vez se abstuvieron, se quedaron en sus casas, no participaron. Como siempre se ha argumentado desde el ángulo de la izquierda: inmadurez política-ideológica, la feroz campaña antichávez, la política del miedo, la intervención imperialista. Cosas ciertas, pero nadie ha mencionado una sola palabra sobre la corrupción en las filas chavistas que están en el gobierno, sobre los errores sistemáticos que han venido cometiendo algunos ministros y el mismo Chávez, todo esto pesó más sobre los resultados obtenidos. Además, ninguna persona sensata debe darle a un presidente un cheque en blanco, para que se reelija de manera vitalicia, ése es el embrión para nuevas dictaduras. Esto no le conviene ni a Chávez, mucho menos al movimiento revolucionario latinoamericano. El fenómeno cubano con Fidel Castro hay que verlo desde una perspectiva histórica sui genéris, no digna de ser imitada.

Así como en los niños hay una gran inteligencia y sensibilidad, que a menudo los adultos subestimamos, así también hay en los pueblos una gran sabiduría y experiencia que a menudo los políticos ignoran y pisotean. En vez de predicar en sus monólogos de cinco a ocho horas en Aló presidente, debiera el presidente venezolano de sentarse a escuchar los consejos y críticas de sus paisanos y por qué no también de la oposición y no solo oír la opinión de sus aduladores. El comandante de la revolución, hoy embajador en Perú, Tomás Borge, expresaba en un artículo publicado en un periódico peruano: que el resultado del referendo en Venezuela significaba un No a los revolucionarios latinoamericanos. En primer lugar ese resultado es la expresión democrática del pueblo venezolano y nadie debe sentirse ofendido, mucho menos los revolucionarios latinoamericanos, más bien es un llamado de atención a los mismos para que corrijan algunas políticas y conductas, para que consoliden las bases ético- morales que deben regir a un verdadero movimiento revolucionario que está al servicio del pueblo. Saber escuchar es un don, saber hablar es una cualidad que mal empleada da pasos a la intolerancia, llegando a terminar en una prepotencia dañina.