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El pasado 12 de marzo del presente año en El Nuevo Diario apareció publicado el artículo ‘’Nicaragua, ¿último acto en esta etapa de su historia?, en el cual, lleno de esperanza y fe asumidas con mis imperfecciones, me refería a la situación que padecemos los y las nicaragüenses. Confiado en que esta otra fase del diálogo por iniciar nos conduciría al logro de los resultados que anhelamos, pese a que el panorama se traduce desafortunadamente en situaciones más que sombrías, tenebrosas, como consecuencia del comportamiento social por parte de quienes detentan el poder en todas sus dimensiones y conceptos, pues a los otros en estado inerme, no les queda absolutamente, sino que la mísera sobrevivencia ante la maldad de cuanto les achacan y su responsabilidad de lo ocurrido en Nicaragua a partir del mes de abril del pasado año.

Las informaciones que se pueden leer u observar en los celulares, tabletas, diarios, TV, etc., que figuran a toda hora y sobre distintos temas en diferentes medios de comunicación te dan cuenta de cuánto ocurre en nuestra cercana realidad y más allá de ella misma de manera varia y calificada, de modo que no te conducen a engaño y cuya oferta te permite tu propio análisis y objetividad sobre las mismas, disminuyendo las posibilidades de error y aumentando las de los aciertos, por ello, inferís con mayor propiedad las conclusiones de tus propios análisis y sus certezas.

A manera de ensayo, observemos unos cuantos datos recogidos mediante una tablet un día de estos:

-    Los protestantes iniciaron el piquete en la Plaza de Metrocentro, entonando el Himno Nacional y gritando consignas como: ¡que se van, se van y nunca volverán!
-    Portaban banderas de Nicaragua y sonaban pitos, además de utilizar un megáfono para gritar consignas.
-    Los policías se mantuvieron amenazantes desde la calle, sin atacar.
-    Civiles a bordo de motos y con el casco puesto acechaban alrededor de los manifestantes, toman fotos y videos en una actitud también amenazante. Luego, un refuerzo de policías a bordo de varias camionetas se desplegó frente al portón sur del centro comercial y los protestantes reaccionaron cerrando los accesos. 
-    Un par de policías quiso detener a los jóvenes que cerraban los portones, pero no pudieron y no volvieron a intentarlo.

Otras observaciones: “La Policía Nacional cumple su deber constitucional de garantizar y asegurar la tranquilidad ciudadana, así como establecer responsabilidades y cargos contra quienes pretendan alterar la paz y la convivencia propias de nuestro pueblo, de nuestra cultura y tradición”. Lo escrito no amerita comentarios, se capta su origen. La protesta condujo a la detención de una dama muy conocida por su dedicación al baile folklórico. Hubo otros encarcelados. Un sujeto bien identificado pretendió mediante el uso de un revólver asesinar a manifestantes. ¡Alabado sea Dios!, porque pudieron ocurrir funestos resultados.

Las personas ejercieron su legítimo derecho y las autoridades actuaron con relativa tolerancia, al poner en libertad a los apresados, ya que a menudo a los reencarcelados o a quienes se apresa por vez primera se les criminaliza con la imputación de delitos que nunca han cometido. Me parece, sin perjuicio de la paz, el perdón y la justicia cuya prevalencia es insoslayable, que debemos aferrarnos a otros valores y principios que venzan a la razón de la terquedad y del poderío ofrecido por la fuerza del fusil y la bayoneta, para entregarnos a la virtud del bien general y del servicio colectivo, con Nicaragua en primer lugar. Confiemos esperanzados en que el amor y la misericordia sean sustentos de la paz y el amor entre nosotros. Las madres de abril con indignación y más que razonablemente han rechazado el intento orteguista de amnistía.

Por otra parte, el señor nuncio llegó a expresar: “espero ver a los presos fuera de la cárcel, en sus casas y con sus familiares…El diálogo es un proceso frágil y el clima es realmente tenso’’. En un contexto distinto, pero cubierto de legitimidad el presidente Obama manifestó: ”Ningún muro puede detener los deseos de libertad y de justicia”. 

“Confidencial” nos permitió conocer algunos datos alarmantes sobre la situación enfrentada por los nicaragüenses: al menos 325 muertos confirmados, más de 3,000 heridos, decenas de desaparecidos, unos 800 presos políticos, más de 60,000 exiliados, 457 mil desempleados y frente a todo esto, el Gobierno no asume ni admite responsabilidad alguna, salvo la imposición de reformas tributarias; mientras tanto la oposición demanda: liberación de cada uno y todos los detenidos, eliminación del acoso para él, ella y sus familiares, libertad total de movilización, de reunión y expresión en todas sus formas de manifestación, cese del acoso, la recaptura y el cese de inventarles y promoverles a los acusados la comisión de nuevos delitos, libertad plena de acción y de llevar su bandera azul y blanco.

El señor Rosadilla ha tenido que admitir con franqueza que en la mesa de negociación no ha sido posible avanzar un milímetro.

Al día de hoy, mientras concluyo el presente escrito, las conversaciones aparecen suspendidas o estancadas, los detenidos y detenidas, así como sus familiares, continúan en la laguna de la desesperanza, mientras los famosos noventa días avanzan inexorablemente hacia su extinción, sin una gota de alivio para su abrasadora sed de libertad.

Ello se presenta con mucha mayor presión sicológica para quienes como Lucía Pineda Ubau y Miguel Mora Barberena, ambos periodistas, así como Medardo Mairena y Pedro Mena, dirigentes campesinos y todos aquellos y aquellas que guardan prisión, a pesar de su inocencia o a quienes sus bienes les han sido confiscados y sus derechos civiles conculcados, merecen y deben obtener el goce de su libertad y, en su caso respectivo, la devolución inmediata de sus bienes.

Finalmente, casi olvidaba algo importante mencionado en ocasiones anteriores, el papel periódico y todos los instrumentos o materiales de trabajo para los periodistas de La Prensa, El Nuevo Diario, Metro, Hoy y cualquier otro afectado, es un derecho humano cuya restricción gubernamental en cuanto a materiales informativos vulnera los derechos humanos de la ciudadanía, razón por la cual urge la orden para sus respectivas entregas.

¿Y ahora qué? titulaba este escrito. Los conceptos de patria y de iglesia son muy similares por su amplia y profunda comprensión. A todos nos cubren, a todos nos cobijan, así los miembros que las constituyan estén dotados de muy distinta naturaleza. En ello consiste en cierto modo la unidad en la diversidad. Por ello, hoy como nunca gritemos, a pesar de todos los riesgos:

Salve a ti, Nicaragua. En tu suelo
ya no ruja la voz del cañón,
ni se tiña con sangre de hermanos
tu glorioso pendón bicolor.