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Estimado lector, un día de estos, unos amigos me preguntaron, cuál era mi opinión sobre el proceso de negociación que se está desarrollando actualmente en Nicaragua y me gustaría compartir con usted lo compartido con esos buenos amigos. Pero que solo quede entre nosotros.

Yo creo que este segundo intento es muy superior al que se dio el año pasado; el cual no solo no supero la crisis, sino que tampoco evitó que la misma se agravara en términos humanos, sociales y económicos. En aquella oportunidad, creo que no fue positivo que el proceso se desarrollara en público, con una gran cantidad de actores y temas a discutir y, en la primera sesión, en lugar de empezar un verdadero proceso de negociación, se llegara imponiéndole un ultimátum al presidente de la República, sin tener los recursos para hacerlo cumplir. Esto va en contra de una de las reglas fundamentales de los procesos de negociación.  Lamento profundamente que esta oportunidad se haya manejado de esta forma y se haya desperdiciado esa oportunidad, ya que el costo posterior ha sido enorme.

Ahora, en esta segunda oportunidad, el proceso es muy diferente y creo que hemos aprendido de esos gravísimos errores. Además, y yo creo que esto es muy importante, ahora tenemos a la comunidad internacional como una parte clave en el proceso. Y aunque la comunidad internacional no esté sentada en la mesa de negociación, su reciente incorporación es muy importante, ya que esta nueva parte posee los recursos; es decir, los premios y castigos, con los que puede persuadir al presidente a llegar a un acuerdo negociado. Recordemos que los expertos nos dicen que para ser una “parte efectiva” en una negociación, es decir, una verdadera parte, debes poseer algo que desea o necesita la contraparte, ya que de lo contrario no tendrás los recursos necesarios para persuadirla a llegar a un acuerdo negociado.

Recordemos algo más que nos dicen los expertos en este campo, en el sentido que, el argumento de “la falta de voluntad política”, utilizado frecuentemente cuando fracasamos en una negociación, es un concepto vacío, sin valor alguno. Que la “voluntad política” aparecerá por arte de magia, cuando una de las partes tenga los recursos necesarios para persuadir a la otra que, lo que más le conviene a sus intereses es aceptar el acuerdo negociado. Esto nunca lo debemos olvidar en una negociación.

Por ello, en esta segunda oportunidad, soy optimista. Todo lo contrario de lo que fui con el primer intento, desde que observé la forma en que se estructuro y se inició el mismo, y donde una de las partes no poseía los recursos necesarios para hacer cumplir el ultimátum que había planteado. Además, estoy convencido que, como país, el diálogo y la negociación es nuestra mejor alternativa y el tiempo se nos está agotado.

¿Y cuál es mi opinion en cuanto al futuro de este segundo intento de negociación? Yo sé que hay dos o tres temas que son muy importantes para el pueblo nicaragüense y espero que los mismos se puedan solucionar en el muy corto plazo.  Sin embargo, yo deseo referirme solo a uno de ellos y no porque los otros temas no sean de gran importancia, ya que lo son, sino porque, para evitar volver a caer en este penoso ciclo de muerte, destrucción y desempleo, lo critico es asegurarnos una democracia fuerte y duradera y para ello, a mi juicio, lo clave es una elección periódica, donde los votos se cuenten correctamente y el pueblo nicaragüense así lo perciba.

Y aquí es donde, a mi juicio, todo el pueblo nicaragüense debe “hilar muy fino”, ya que el costo de volver a fracasar sería mucho mayor y sus dimensiones serían, al menos para mí, impredecibles e incalculables.

¿Y qué quiero decir con hilar fino? Quiero decir que se nos está agotando el tiempo. Que tenemos que priorizar lo que deseamos obtener de esta negociación en el tema de fortalecer o restablecer la democracia y no empantanarnos en temas que, sin bien son deseables por grandes sectores de la población, posiblemente no sean fundamentales para restablecer la democracia en Nicaragua de una forma estable y duradera. Ya que de lo contrario correríamos el riesgo de perder “el norte” y, al final, quedarnos sin “Beatriz y sin retrato”.

¿Y a qué me refiero específicamente? Me refiero a que ha llegado el momento, según mi opinión, con la cual usted no tiene que estar de acuerdo y tiene todo el derecho de estar en total desacuerdo, de priorizar y concentrarnos en asegurarnos una elección en la que se cuenten correctamente los votos de los nicaragüenses y en las que el pueblo tenga confianza para que salga a votar. De no hacerlo, yo creo que como país corremos el riesgo de alargar este proceso más de lo necesario e incurrir en un enorme costo y cuando nos demos cuenta, ya no tengamos el tiempo necesario para realizar las reformas requeridas para que, en las siguientes elecciones presidenciales, los votos se cuenten correctamente y la gente desee salir a votar por el candidato de su preferencia, ya que tendrá la confianza que su voto realmente será contado correctamente.

Sin embargo, estoy claro que esta decisión, aunque es sencilla, no es fácil.  Pero creo que es necesaria, si deseamos obtener nuestros objetivos fundamentales y fortalecer o restablecer la democracia. Es más, si yo estuviera en los zapatos del presidente Ortega, vería con simpatía que la negociación se vaya alargando, abordando esos otros temas que son muy deseables, pero que, a mi juicio, posiblemente no llegan a la raíz del problema, que consiste en que los votos se cuenten bien, que el pueblo lo crea y que el poder se juegue en las elecciones, como ocurre en toda democracia. En otras palabras, como dirían los expertos en negociación, si no se prioriza el contar los votos correctamente y que el poder se juegue en las elecciones, “sin querer queriendo, la negociación quedaría anclada a favor del presidente Ortega”. Pero esa es solo mi opinión.

Además, las personas visibles en la mesa de negociación deben tomar en cuenta que, a medida que el tiempo pasa, habrá menos tiempo para realizar y posteriormente ejecutar las reformas electorales necesarias, para que los votos se cuenten correctamente; y el pueblo se puede cansar de continuar esperando una solución de fondo al tema de la democracia en el país.

Y finalmente, estos negociadores visibles y sentados en la mesa, deberían saber perfectamente hasta dónde está dispuesta a llegar la comunidad internacional para fortalecer o restablecer la democracia en Nicaragua.  Y esto es fundamental, ya que recordemos que ellos poseen recursos muy importantes, premios y castigos, para persuadir al presidente Ortega a llegar a un acuerdo, que restaure la democracia, de forma pacífica y dialogada.  Y como habrá visto, más que “pontificar” sobre el tema, lo que les dejo es una serie de preguntas e inquietudes que creo que, como nación, todos debemos abordar y resolver lo antes posible. Ya que, resuelto este obstáculo, yo creo, que empezaríamos a revertir todas las tendencias económicas y sociales que actualmente prevalecen en el país.

nramirezs50@hotmail.com
Doctor en Derecho y Economía.