Maite Rotaeche Benkó
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Trabajar para los niños es un reto apasionante que te conecta con lo hermoso del ser humano. Hay distintas formas de hacerlo, yo lo hago a través de la escritura, tratando de motivar a los niños a convertirse en autores de sus propios libros. 

Creo en el aprender haciendo, en el aprendizaje participativo y que todos los niños son creativos. La escritura es una herramienta muy poderosa que permite exteriorizar la imaginación, ese mundo paralelo que todos tenemos adentro, así como expresar y compartir ideas y emociones. Además, la escritura es un acto de libertad, el autor decide todo lo que sucede en una historia. Los niños necesitan experiencias donde se sientan libres, escribir es una de ellas. 

Sobre esas bases, hace unos años, me permití soñar con un proyecto que con el apoyo editorial de Fundación Empresas Polar (Venezuela) hoy es realidad: “Lo escribo yo”. Una serie de libros incompletos para que los niños los intervengan escribiendo y a veces ilustrando.

El resultado final es que cada libro es único, porque ninguno será igual a otro. Son espacios para que cada quien tome decisiones, deje volar su fantasía y ejercite distintos tipos de escritura.  Los niños pueden participar en sus tiempos libres, de forma autónoma, como una actividad recreativa, o bien, pueden usarse como material complementario en las escuelas, como ya se está haciendo en Venezuela en algunas instituciones públicas, gracias a la generosidad de Fundación Empresas Polar.

Son dos libros editados. El primero es un cuento en el que un grupo de niños debe recuperar la alegría de su pueblo. El lector-autor participa como narrador en tercera persona para darle sentido a la historia. En el segundo libro, el niño es protagonista y escribe en primera persona sobre su propia comunidad.

Para mí, el mayor reto es lograr estimular a los niños para que sientan que el acto de escribir es una gran aventura en la cual vale la pena participar. Para ello, en mis textos recurro a la sorpresa, a mi propia imaginación y al juego.

También tengo el privilegio de escribir en una publicación de divulgación científica para niños (EsCiencia, Fundación Empresas Polar) y en ese caso, mi desafío sigue siendo lograr la motivación ya no para que escriban si no para que se interesen en la lectura aunque se trate de temas complejos.

Para uno como autor, escribir ese tipo de textos es un ejercicio de síntesis fascinante porque requiere de una escritura sencilla y concreta. Al mismo tiempo exige aprender a ver las cosas desde distintos ángulos para luego escoger aquel que uno cree que puede ser más divertido, novedoso, curioso y así captar la atención.

Definitivamente cuando se trabaja para los niños el reto es constante, debemos tener presente que es un público exigente, muy estimulado por el mundo exterior, pero que tiene, por naturaleza, la capacidad de sorprenderse y entusiasmarse cuando algo le interesa.  La escritura puede llegar directamente al punto necesario para poner al descubierto esa capacidad de los niños y si lo logramos sentiremos una satisfacción inmensa porque habremos logrado nuestro objetivo.