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En un país literalmente de niños, niñas y adolescentes, sólo existen dos radioemisoras que responden a sus sueños y expectativas: Radio Chavala (95.3 F.M.), con apenas veinte vatios de potencia, ubicada en Altagracia, uno de los barrios más populosos de Managua y Radio Cumiche (107.7 F.M.), con quinientos vatios, radicada en Estelí. Dos emisoras realizadas y conducidas por niños, niñas y adolescentes. La primera creada por Gabriel Rodríguez Felis, un cura motivado por su amor a Nicaragua, cuyas huellas persisten a través del trabajo desplegado por Carmen Zamora, quien alterna su vida entre la radio, el magisterio y el estrado. Al frente de la Organización Cumiche sigue Flor de María Ramírez, una mujer terca y perseverante, metida a esta pasión desde que hizo radio en la década de los ochenta.

Para nadie resulta sorprendente que sean dos mujeres quienes impulsan estos proyectos radiales. En la Nicaragua de principios del Siglo XXI, las mujeres se multiplican para evitar que las familias continúen desintegrándose, asumiendo las responsabilidades del hogar y haciéndose cargo de los trabajos más disímiles, poniendo cada día a prueba su capacidad de sobrevivencia. Flor de María y Carmen, desde sus respectivos dispositivos mediáticos, asumen con energía una de las tareas más gratificantes, animando a niñas, niños y adolescentes, a recrear su presente, develar sus angustias y ampliar el horizonte de su futuro, en una nación en que la desesperanza se apodera de todos. Un país incapaz de atajar la hemorragia migratoria, debido a la creciente pobreza y a la desesperanza que cunde entre los jóvenes al no encontrar alternativas de trabajo. A todos debe preocuparnos que seis de cada diez jóvenes deseen marcharse de Nicaragua en busca de nuevos horizontes.

Las trayectorias de la Chavala y la Cumiche son distintas. El único denominador común radica en que Carmen y Flor de María mantienen vivos estos sueños más allá de las adversidades. Radio Chavala no fallece porque Carmen le proporciona oxígeno boca a boca y Flor de María cuenta con el apoyo fraterno de organizaciones nacionales e internacionales. Flor de María supo desde el principio que sin esta ayuda no sobreviviría. El primero en brindarle su solidaridad fue Save the Children Noruega. Las intermitencias de Radio Chavala constituyen un recordatorio y un llamado a las distintas organizaciones comprometidas con la niñez y adolescencia, para invertir en un medio exclusivamente puesto a su servicio.

Flor de María fundó su propia emisora en 1996, cuando el presupuesto que contaba ya no daba para más. El pago de la renta del espacio en Radio Liberación consumía sus recursos. Con la complicidad de José Esteban Quezada, solicitó a TELCOR una frecuencia y se la dieron. A José Esteban no le inhibió el luto que guardaba ante la pérdida de la China, su esposa y compañera de ilusiones. Siguiendo el camino emprendido por la Chavala, su pariente más cercana, la Cumiche vino al mundo irradiando su señal con veinte vatios de potencia. Dispuesta a cubrir el territorio de las Segovias (Estelí, Somoto, Madriz), se hizo de un transmisor de quinientos vatios. La dicha no duraría mucho, el aparato se quemó y fue sustituido por uno (1 kilo) que le donó la embajada de Holanda.

La Cumiche ha logrado convertirse en una genuina promotora de sensibilidades. Seis años después de fundada conformó la Asociación de Comunicación y Movilización Social los Cumiches, con una Junta Directiva contagiada por el entusiasmo de Flor de María. La continuidad del proyecto radiofónico se debe al apoyo de Unicef, que desde 1993 decidió sumar sus esfuerzos a este caudal de esperanzas; a Christian Ait, Sic Bata de Córdoba, España y a la Embajada de Holanda en Nicaragua. Estas instituciones han sabido valorar la importancia de Radio Cumiche, cuya capacidad movilizadora quedó ratificada con la creación de la Red de Niñas, Niños y Adolescentes que interactúa con las municipalidades de Ciudad Antigua, Monzonte y San Lucas; quince organizaciones de la Sociedad Civil y del gobierno nicaragüense (Mined y Minsa). El Mined cuenta con una voz para fortalecer y ampliar más allá de las aulas los procesos educativos. ¿Sabrá aprovecharla?
La Cumiche logró la hazaña de configurar una red en la que participan los municipios de Limay, Jalapa, Quilalí, Santa María, Ocotal, Dipilto, Somoto, San Lucas, Pueblo Nuevo, San Nicolás, Estelí, La Dalia, Chinandega y Somotillo. La intención de Flor de María es que estas alcaldías desplieguen vuelo y asuman en el futuro como suya, esta tarea. El relevo esperado debe estar en consonancia o superar sus logros. La Cumiche se ha convertido en el epicentro de distintos festivales infantiles. En el 2007 bajo el lema “Otro mundo es posible”, enroló a cuarenta escuelas procedentes de Madriz, Ocotal y Estelí. Con sus diferentes iniciativas la Cumiche ratifica los enormes poderes de movilización y organización que posee la radio. Con escasos recursos ha hecho más que otras instituciones con mayores disponibilidades financieras.

Los programas de capacitación impartidos por la Cumiche incluyen fotografía, teatro, música e Internet. Como una derivación de los cursos nació El Colibrí, un grupo de niñas, niños y adolescentes que navegan como internautas, preludio de que llegado el momento, la Cumiche dará el salto a la red de redes. La hermandad con Córdoba, España, produjo Enlace D, un intercambio de experiencias entre el Sur y el Norte. Chavalos y chavalas, padres y madres de familias, congregadas en el Colegio Condesa de las Quemadas, en el verano europeo de 2007, disfrutaron el cambalache de poemas y canciones creadas y cantadas por estos imberbes desinhibidos. La radio diseñó la arquitectura de una relación entre dos países hermanados a través de los sueños y esperanzas del núcleo poblacional más grande de Nicaragua.

Los logros alcanzados por ambas emisoras acreditan a recibir ayuda de las organizaciones que trabajan por el respeto y dignidad de la niñez y adolescencia. Las constantes denuncias sobre pedofilia, tráfico y pornografía infantil, el rechazo generalizado al trabajo embrutecedor que realizan niñas y niños en la ciudad y el campo, ameritan una respuesta contundente. Una de las vías menos exploradas en el campo de la comunicación en Nicaragua, ha sido la falta de interés por forzar alianzas que permitan multiplicar los panes, frente a la crisis que abate a los medios. Carmen y Flor de María deberían ser las primeras en dar el ejemplo. Una actitud similar corresponde asumir a las numerosas organizaciones que trabajan a favor de la niñez.

Los esfuerzos de Grethel Mendoza de Casa Alianza, asentando en el tiempo la memoria de Zelmira García Cortés; los aportes pioneros de Carlos Emilio López; la sensibilidad de Norma Moreno, Procuradora de la Niñez y Adolescencia; las preocupaciones de Róger Araica de Visión Mundial; la insistencia de Ramón Meneses de Save the Children Noruega, Olga Moraga de Unicef y de Mario Chamorro de Dos Generaciones, por mejorar la formación académica de los periodistas nacionales, germinarían como una savia nueva, si estuviesen vinculados orgánicamente con medios que concentran su trabajo en el tema de la niñez, como lo hacen la Cumiche y la Chavala.

La emisora esteliana ha sabido expandir el cielo infinito de niñas, niños y adolescentes que hablando de lo que sienten, piensan y aspiran, envían un mensaje vivificante a una sociedad atrapada por la incertidumbre y el desencanto. Una Ordenanza Municipal emitida por el Concejo de Estelí, presidido por el alcalde de entonces, David Valenzuela, estableció el 16 de agosto de 1996, como el “Día de la Niñez Comunicadora”. Con su labor, la Chavala y la Cumiche constituyen un reto y un desafío contra la estulticia de anunciantes y publicistas, que han convertido el rating, en el único Dios verdadero, arrogándole el derecho de decretar la vida o muerte de un medio o un programa de comunicación.

La crítica situación atravesada por la Cumiche y la Chavala, no obstante sus valiosos aportes para la vida del país, habla muy mal de gobiernos y empresarios. Los medios no agotan su funcionamiento en la lógica mercantil. Cumplen funciones de primerísima importancia. En un país donde el balance de fuerzas está desfondado, ante la inexistencia de contrapesos entre los diferentes poderes del Estado, los medios de comunicación han asumido esta delicada tarea. La fiscalización de los poderes resulta imprescindible para la convivencia democrática. La inoperancia del ente contralor plantea enormes desafíos a los medios. La animadversión contra periodistas y medios proveniente de políticos y funcionarios, obedece a que no dimiten ni ceja su labor fiscalizadora. Si actuasen de otra manera perderían credibilidad y la ciudadanía terminaría dándoles las espaldas.

La inercia de los empresarios y la concentración de la publicidad estatal, invita a dirigentes y miembros de las distintas organizaciones gremiales, a rejerarquizar con urgencia las prioridades de su agenda. El cierre de medios y programas es una mala señal. Nada justifica su silenciamiento. Cada vez que se apaga una voz, la salud democrática de un país se deteriora. ¿Permitirán que la Cumiche y la Chavala languidezcan? Este sería el peor mensaje que podría enviarse a la niñez y juventud nicaragüense, que desesperados y desesperanzados no saben dónde reclinar su cabeza. ¡A la espera quedamos!