Artemio Cruz
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Mi padre, Carlos Fuentes, afirmó en un artículo a propósito de Maquiavelo y los candidatos a la Presidencia de México, que para El Príncipe tener un nuevo enemigo es como abrir una botella de champagne. (¿Qué haría Maquiavelo?, en Hoy del 30/01/06, México D.F.). Una hipérbole maravillosa sería atribuir al champagne del enemigo, la frenética y concupiscente borrachera en la que suele sumergirse el poder independiente de su signo ideológico. Todos los poderes mundanos viven su propia borrachera. Así lo han demostrado a lo largo de la historia, presidentes, sátrapas, dictadores y tiranos de cualquier nacionalidad. Huelga decir gringos, rusos, chinos, cubanos, nicasios, venezolanos, camboyanos, vietnamitas, judíos o serbios.

El príncipe, (el líder+el partido+los grupos o consorcios de poder+nepote y su familia), de cualquier signo ideológico, para mantenerse en el poder siempre se dedica a combatir enemigos reales y cuando termina con éstos, vía aniquilamiento, anulación o neutralización, suele inventarse lo que Hanna Arendt llama “el enemigo objetivo”. Este enemigo objetivo suele florecer al interno del propio partido o en la misma burocracia estatal dedicado a ejecutar los designios del poder en ese momento. Es aquel inevitable momento de los procesos políticos, cuando la guillotina empieza a guillotinar a los guillotinadores.

La condición estructural del enemigo objetivo es el momento histórico que hemos podido observar en todos los regímenes totalitarios, dictaduras y en algunas súper democracias y que son conocidos como: purgas estalinistas, razzias fascistas, revoluciones culturales chinas, purgas castristas, genocidios estalinistas, genocidios polpotianos, gulags, granjas de reeducación, hospitales psiquiátricos, juicios de Moscú, oleadas macartistas, manos blancas y manos negras, sangrientos golpes de estados latinoamericanos, africanos o griegos o portugueses o brutales masivas represiones desatadas por las potencias coloniales europeas en cualquier parte del mundo donde fue posible, no olvidéis India, Indochina, Sudáfrica o Argelia). En fin se trata de esa harta conocida gran borrachera donde casi siempre se realizan los siniestros esponsales del poder y la muerte.

En el pequeño recuento aleatorio que se nos vino a la mente hay una sólida presencia del “enemigo objetivo” (Hanna Arendt). A este enemigo objetivo que Arendt convierte en categoría y descubre como un factor esencial en el desempeño de los regímenes totalitarios, hoy a la luz de la semiótica y la historia lo podemos conceptuar como un enemigo prefigurado y prefabricado por el poder en sus mínimos detalles. Los aparatos de seguridad e inteligencia de los regímenes, totalitarios o no, son los grandes orfebres –joyeros magníficos envidia de Fabergé- los que se dedican con una meticulosidad admirable a fabricar dichos huevos. Estos magos son capaces de cumplir con la orden de Laurenti Beria –Jefe de la KGB durante el stalinismo- de encontrar un gato negro en una habitación vacía. (Ver película “El arrepentimiento” del realizador georgiano Abuladze Tengiz estrenada en 1984, donde aparece la parábola del gato negro).

Para ilustrar a los democráticos y occidentales, no necesito caer en la especulación sobre si los ataques al Maine en La Habana de 1898, el de Pearl Harbor de 1941 y el ataque a las Torres Gemelas el 11-11-201, fueron eventos diseñados o más bien operaciones montadas por los aparatos de seguridad e inteligencia de los Estados Unidos de América para hacer entrar a esta potencia en la guerra más próxima. Sin caer en estas verdades inverosímiles, no podemos dejar de considerar como una verdad verosímil que el Poder precisa de enemigos para permanecer y medrar en su borrachera. La niña que es llorona y la CIA que la pellizca han inventado, por ejemplo el Eje del Mal que lo siguen combatiendo (Obama incluido) para preservar la civilización occidental y cristiana basada en los derechos humanos.

En el caso del poder local de nuestra Nicaragua natal, éste se ha visto asediado por innumerables “enemigos objetivos” a los que se espía (sabemos de instituciones del Estado donde todos los correos electrónicos de sus empleados son leídos, rebotados o rechazados); se les arma juicios, se les encarcela, se les neutraliza, se les cañonea o se les hacen propuestas dignas de Don Vito Corleone que son aquellas que no se pueden ni deben rehusar.

Aquí todos somos testigos que han conspirado en contra del poder revolucionario, popular y familiar, los siguientes “enemigos objetivos”, socialimperialistas, revisionistas, traidores a la revolución, oportunistas, ladrones y cobardes como un topo. Los enemigos más destacados en y de Nicaragua son: el imperialismo norteamericano, la oligarquía criolla, la derecha ideológica, los medios de comunicación, las mujeres organizadas en defensa de sus reivindicaciones, los escritores y artistas, los organismos de promoción y defensa de los derechos humanos, las ONGs en general, las micro financieras, la Conferencia Episcopal, los rezadores de la rotonda, los campesinos de la Costa Caribe, los campesinos del norte, los muchachos del movimiento pacifista No que son tan temibles como cualquier terrorista judío, palestino, irlandés o vasco y que gracias al coraje de algunos angelitos defensores de la revolución han sido puestos a patadas en su lugar, los pacifistas, los evangélicos de derecha, los quiebrabancos, los arroceros, el movimiento de sí pago, los sindicalistas, los médicos prosalario, los reclusos de las cárceles, las prostitutas, Dionisio Marenco, Orlando Núñez y a última hora, Denis Torres y la gran fraternidad universal de hombres de negocio... Ah se me olvidaba: el gran combo, la cofradía del torovenado del pueblo, los homosexuales y lesbianas y los alcohólicos y drogos anónimos.

Lo malo es que alcohol más poder casi nunca han combinado y esta borrachera siempre lleva al príncipe a algunos ‘encabes’, que in crescendo van a terminar en un colosal desastre, que -gracias a Vishnú- concluye con la pérdida del poder por el príncipe. Cuando esto ocurre asume el poder un nuevo príncipe o una núbil princesa que al principio afirman ser abstemios, pero un rato después para alcanzar su consolidación vuelven a embriagarse de poder y de nuevo corretean hasta las chachas y los cachos en un círculo vicioso persiguiendo a sus “enemigos objetivos”. Para que sepan los cachos del Poder son los mismos de Satán, a quien le encanta salir con Baco a mojárselos y divertirse en el Bar Yakutinga.