•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

 El mandatario de Beijing, Xi Jin-Ping, sigue propiciando una política poscolonial contra su vecino, Taiwán. Y lo preocupante es que no solo ha olvidado en qué tiempos estamos viviendo hoy, sino que remarca dos posturas tradicionales y opresivas: 1) Un país, dos sistemas, y; 2) no descarta el uso de la fuerza para someter a Taiwán.

¿Es aceptable esa actitud frente a un Estado que sí elige libremente a todas sus autoridades, es respetado y generoso?

¿Qué argumentos puede esgrimir el Gobierno de Taiwán para enfrentar al poderoso monstruo socialista chino, que ya está empezando a sacar los garfios?

Mi punto. El régimen chino continental ya transita —de la práctica  de conquistas, en el mundo comercial— a la de imposiciones políticas de su sistema dictatorial. Quiere demarcar sus territorios: reclamar lo que cree que le pertenece; afianzar todo lo que se apropió; y expandir sus dominios hacia todo aquello en lo que pueda inmiscuirse o apoderarse. El adversario, Taiwán, debe aprender a sobrevivir a lo Bear Grills, como sea para mantener sus amigos, hacerse de aliados importantes e influyentes e inventar su propia diplomacia. Taipéi practica la democracia y la libertad; no es un país dictatorial ni un régimen fallido.  

Se están por cumplir dos fechas infames para el régimen chino. 60 años hace que las tropas de Mao Tse-tung se apoderaron del pequeño y noble Tíbet; y 30 hace que la guardia del régimen de Beijing reprimió a los alzados ciudadanos, que en la plaza Tian-nanmen, protestaban por tantos abusos a los derechos humanos, cometidos por el régimen. 

Todos conocemos las consecuencias de esos actos barbáricos e inaceptables. 

Además, agreguemos otros dos eventos. Hong Kong fue devuelto, como colonia, de Inglaterra a China Continental. Y desde entonces, aunque bajo una nueva administración —desde hace 22 años— no ha habido, todavía, sufragio universal. Y los ciudadanos hongkonianos, de mentalidad abierta y democrática,  siguen esperando que los nuevos amos impuestos por las autoridades de Beijing, les restituyan sus derechos. Por otro lado —el caso no menos injusto—, yace la tensa vecindad across the strait. (“Al otro lado del estrecho”, como se le llama al asunto en el lenguaje diplomático de la relación tensa entre China y Taiwán).

Taiwán nunca ha sido parte de la jurisdicción de China. A partir de la segunda guerra mundial, Mao, Deng, y los subsiguientes jerarcas rojos que han creado un sistema híbrido: capitalista-comunista, solo han querido secuestrar el territorio de Taiwán. ¿Pero con qué derechos y bajo que pretensión, sino solo argumentando que son chinos huidos?

¿El objetivo de Beijing es extender sus posesiones imperiales?

¡Absurdo reclamo!

Podemos reconocer que Beijing ha propiciado una exitosa política de desarrollo con base en el libre comercio. Solo eso. Es verdad. ¿Y los mecanismos de distribución del poder político y de respeto a los derechos ciudadanos, dónde quedan?

Taiwán es una república libre en la que democracia y libertad son banderas lo suficientemente fuertes y dignas. En Taipéi las autoridades son electas libremente entre varias opciones (Esa es una práctica verdaderamente democrática y sana, que los dictadores objetan). En China, Cuba, Corea del Norte cuando hay “elecciones”, son remedos. ¿Cómo pueden elegir los que ante sí solo tienen una opción? ¿Cómo pueden elegir los que no tienen la oportunidad de cambiar el régimen o darle otro giro al sistema en que viven?

Cuando un presidente en una democracia termina su mandato se va a su casa. No se queda hasta que se muera en el poder. Ni lo hereda. Tampoco se inserta en una cápsula protectora, en la que —por decreto, le privilegia, le vuelve intocable— para yacer por encima de la ley.

Taiwán —en su modo de vida política, está más inserto en el  modelo y engranaje Occidental— que en el Oriental. Sus ideales son libertarios; cree en las instituciones, el respeto a la ley, los derechos humanos, la democracia.

Taiwán no se ha involucrado en actos denigrantes; China continental, sí. Y Beijing lo sabe. ¿El señor Xi responde a viejas prácticas imperiales o ejerce el irrespeto, la intolerancia, y el avasallamiento por su ideología comunista?

Lo que sea. 

El señor Xi no es ignorante. Y aunque sea poderoso, rico y represente a una hiperpotencia moderna, sabe que habiendo 23 millones de taiwaneses cerca de sus costas, estos no pueden ser intimidados, presionados o reprimidos, solo porque no quieren someterse a un sistema opuesto a sus valores.

Taiwán ya es libre. China Continental, siendo poderosa, es un régimen intolerante y dictatorial.