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La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Resurrección o de Pascua. Esta semana es el momento propicio para reflexionar sobre nuestra vida como cristianos y como personas. Aunque actualmente la Semana Santa se vive de diferentes formas, recordemos que su origen y significado real es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Por eso, es un período de especial devoción para todas las confesiones cristianas. 

La fecha es variable (entre marzo y abril), ya que depende del calendario lunar hebreo que señala el día 14 del mes de Nisán, cuando se crucificó a Jesucristo. La Semana Santa va precedida por la Cuaresma, que son cuarenta días de reflexión que inician el Miércoles de Ceniza cuando se nos recuerda que “somos polvo y en polvo nos convertiremos”.

En Semana Santa se celebra la institución de la eucaristía el Jueves Santo, que fue la última cena de Jesús con sus apóstoles, en la cual transformó el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre y mandó repetirlo en memoria suya.

El Viernes Santo se conmemora la crucifixión de Jesús, quien murió para pagar por los pecados de toda la humanidad  y para salvarnos de la muerte eterna, obteniendo la vida eterna en el Reino de Dios. Durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección se realiza la Vigilia Pascual, que finaliza con la proclamación gloriosa de la resurrección de Jesús. Estos días forman el triduo pascual.

El día más importante de todo el año para los cristianos es el Domingo de Resurrección o de Pascua (del hebreo “pésaj”, paso). Es un día santo porque conmemoramos “el paso de la muerte a la vida” por la resurrección de Cristo, garantía de nuestra propia resurrección. Hay una tradición en algunos países de que los niños busquen huevos de chocolate pintados de colores que supuestamente esconde un conejo en la Pascua.

Jugarlo para los niños no tiene nada de malo, siempre y cuando les enseñemos la verdadera celebración de tan glorioso día: la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo importante, no los huevos o el conejo. En muchas iglesias se acostumbra compartir una comida o bien obsequiar golosinas para los niños, con el objetivo de celebrar la alegría de los cristianos por la resurrección del Señor. Y nos saludamos con un “¡Felices Pascuas!”   

Durante la Semana Santa tienen lugar numerosas muestras de religiosidad popular a lo ancho de todo el mundo, destacando las procesiones y las representaciones de la Pasión de Cristo. Los templos católicos y evangélicos en Nicaragua se llenan de fieles cristianos en Semana Santa, celebrando los días más sagrados de nuestra fe. Se realizan viacrucis y actos litúrgicos católicos y cultos evangélicos, celebrando estas fechas sagradas para los cristianos.

Independientemente de las creencias religiosas que tenga cada cual, todos deberían respetar esta semana tan importante para los cristianos. No olvidemos que las vacaciones que disfrutamos en estos días nacieron precisamente para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Es decir, todos nos beneficiamos de esta semana cristiana que se supone “santa”. Es injurioso que la conmemoración de la muerte de Jesús en la Cruz sea usada como ocasión para parrandas, borracheras y todo tipo de excesos. Así ofenden nuestra fe e insultan a Jesús crucificado.  

Muchos cristianos aprovechan para salir de paseo con sus familias o amigos a las playas para refrescarse del calor, o a otros sitios, lo cual no es nada malo; es justo y apropiado aprovechar para descansar, distraerse, consolidar la unidad familiar, las amistades, y compartir bebidas y comidas (todo con moderación). Pero eso no es excusa para que los cristianos dejen de asistir a sus templos a la hora de las celebraciones religiosas estén donde estuviesen, pues en todas partes, incluso en los balnearios, hay templos católicos y evangélicos. 

Pero, además, para aquellos que no son creyentes cristianos, esta semana debería ser aprovechada como un tiempo de reflexión sobre sus vidas. Deberíamos todos, creyentes y no creyentes, reflexionar en cómo ser mejores personas.

Existen valores en estas conmemoraciones que deberíamos aprovechar, como tomar conciencia de nuestra fragilidad humana; que desde el más poderoso, rico, guapo o bella, hasta el más débil, pobre y sencillo, todos vamos a morir igualmente y terminaremos siendo simplemente polvo… ¡y no sabemos cuándo! Debemos aceptar nuestras debilidades, limitaciones y pecados; practicar el arrepentimiento, el perdón y el amor. Esto nos ayudaría a construir una sociedad mejor.

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