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Una de las realidades a la cual nos enfrentamos ahora, es que el abuso sexual es un problema no generado por la pobreza, o la crisis económica con la que se enfrenta el mundo entero. El abuso sexual trasciende las fronteras, los idiomas, las condiciones económicas y las clases sociales. El abuso sexual está asechando a las niñas, niños y adolescentes en los lugares que se consideran “más seguros”: sus casas, escuelas e iglesias.

El abuso sexual, es un delito del cual podemos decir que hay un mayor índice de delincuentes, siendo éste un delito que poco se denuncia --casi 2000 denunciados en el 2008 y una cifra similar en 2007--, a lo que se agrega que solamente un mínimo de las causas denunciadas llega a tener un proceso judicial y un número insignificante de abusadores llegan a ser condenados. Esto nos deja en evidencia que los delincuentes de la más alta peligrosidad están en la impunidad, están sueltos y, por lo tanto, también pueden seguir cometiendo el delito con la misma persona o con otras niñas, niños y adolescentes.

Esta situación nos está llamando a promover el cambio en la sociedad y en la justicia nicaragüense.

Para el Movimiento contra el abuso sexual, las formas en que podemos aportar al real desarrollo humano de las niñas, niños y adolescentes es respetándolos como personas, como seres humanos que tienen derechos. El abuso sexual viola, pisotea, denigra, incapacita y limita el desarrollo de los sobrevivientes.

Otra manera es prevenir el abuso sexual, reconocer que éste existe y educar a nuestras hijos para que puedan identificarlo desde su inicio, dándoles el poder para que puedan decir “NO” al abusador, para que lo denuncien, se protejan y también protejan a otras niñas y niños.

También es alternativa llevar adelante una jornada de sanción social, basada en el empoderamiento, porque muchas de las mujeres y hombres que están a nuestro alrededor hoy, son personas que vivieron algún abuso sexual cuando en su niñez, y lo han callado por años… o por toda la vida.

Y una propuesta fundamental, quizá, y es aquí donde me voy a detener, es logrando el castigo severo para los miles de delincuentes que abusan. No sólo porque es lo justo, sino también porque de esta forma estaremos logrando que un abusador no continúe siéndolo con más niñas, niños y adolescentes.

Una de las maneras de castigar, y está en la cancha de los familiares de las víctimas, es evitando proteger o justificar a los abusadores. En este aspecto, la primera acción de acompañamiento es creerles a las víctimas, es no dejarles ante la familia, la sociedad, o ante sí mismas como mentirosas.

Asimismo, se contribuye al castigo de los abusadores, sensibilizando a operadores judiciales –fiscales, policías, médicos forenses, jueces y hasta defensores públicos--, para que la aplicación de la ley se haga con justicia y, sobre todo, para que en los procesos judiciales se evite la revictimización de los abusados.

Las universidades y el sistema de justicia de Nicaragua deben comprometerse a realizar una formación académica desde un enfoque de derechos humanos, en relación a delitos de sexuales, para que no sea solamente por tecnicismos que se libere a los abusadores.


La carencia de estos elementos en el sistema de justicia, está incidiendo para que:
T En el caso de los delitos sexuales a niñas, niños y adolescentes, la Fiscalía que es la responsable de la defensa de la víctima, designe hasta cinco fiscales en diferentes momentos del proceso; dejando como consecuencia que no haya una visión integral de la estrategia de acusación, que no haya un claro conocimiento del proceso de la persona que va asumiendo, que cada vez la familia y sus niños y adolescentes estén viendo a una nueva persona, lo que no genera mucha seguridad y confianza. El Ministerio Público debe revisar su procedimiento para garantizar que su rol sea cumplido de forma efectiva.

T O para que en los juzgados de este país, no se esté reprogramando un juicio por abuso sexual hasta doce veces. Veces en las cuales la niña y su familia acuden a los juzgados y viven la tensión, la angustia, el temor de lo que va a pasar, de tener que enfrentar al abusador, de la posibilidad de que el abusador no sea condenado. ¡Por favor! Todo esto es revictimización.

Atender la problemática de abuso sexual es un compromiso de todos, cada quien tiene un rol que desempeñar. Ante la población, la familia, las instituciones y organizaciones, el Estado tiene una gran responsabilidad que aún está pendiente de asumir, porque la vida de niños y adolescentes es importante, porque son parte de la ciudadanía de nuestro país.


hablemosde.abusosexual@gmail.com
Movimiento contra el Abuso Sexual