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En este maremágnum de pasiones personales, familiares, partidarias, gremiales y religiosas, ¿qué tan efectivos, necesarios y comprendidos son los arreglos, componendas, pactos políticos, etcétera, en nuestra sociedad?
Es sumamente complejo satisfacer las diferentes expectativas y puntos de vistas. Las dudas son enormes; las estafas se han repetido desde siempre; la mayoría de los hombres que han ostentado cargos públicos en el transcurso de nuestra historia no han sido cuidadosos en este aspecto. La realidad, es que estamos en esta situación porque somos productos de la improvisación.

Ahora, acosados por las contradicciones políticas y la crisis económica, nos sentimos agobiados, solitarios. Aun así, no reflexionamos; a la menor oportunidad comenzamos la discusión política, con recriminaciones que nos llevan a situaciones tirantes sin ningún resultado positivo para nuestra sociedad. Actuamos como si no nos percatáramos de que somos los únicos responsables de nuestras miserias. No estamos preparados para desarrollar el consenso como herramienta de trabajo político; nuestro horizonte cultural nos empuja al mecanismo de la imposición. Reflexionemos unos segundos sobre nuestras actuaciones cotidianas.

Estoy de acuerdo con la concertación, pero no con la concertación de esta clase política que aglutina a la élite. Este procedimiento tiene que ser incluyente, amplísimo y transparente, ante los ojos y oídos del pueblo trabajador, fuerza principal para conseguir cualquier objetivo en el quehacer nacional.

Creo firmemente que no podemos excluir a ningún dirigente político, religioso o empresarial del proceso amplio de concertación. Digo esto, porque aquí ninguno de los actores que participarían en este accionar está libre de culpa. Nadie está santificado o revolucionariamente cristalino. No me vengan con el cuento de que la concertación tiene que ser entre las fuerzas políticas mayoritarias. La concertación, para que funcione y comencemos a dar los primeros pasos, tiene que ser entre todos los participantes en el juego político y el pueblo.

No nos preocupemos porque el proceso de concertación no sea inmediatamente. No importa que nos pasemos varios meses trabajándolo. ¿Qué significan meses, en relación a los centenares de años perdidos por nuestras actuaciones infantiles?
Pongamos a prueba nuestra voluntad y capacidad. Concertemos el plan de desarrollo nacional y sus colaterales para poder efectuarlo. Analicemos el actual y formulemos uno de consenso. Comuniquémoslo al pueblo y al mundo. Que lo apruebe la población vía referéndum. Convirtamos el plan en la columna vertebral de nuestro organismo nacional. Aprovechemos esta oportunidad que nos da el caos total mundial para arrancar con nuestras propias posibilidades.

La mayor responsabilidad de toda esta posibilidad recae sobre los hombros y cerebro del sandinismo.

El sandinismo unido, el de santos y prosaicos, místicos y perversos, empresarios y obreros, campesinos y profesionales, técnicos, hombres y mujeres, soldados y policías, curas y pastores, danielistas y chayistas, modestistas, julistas y moniquistas, unidos con el pueblo, con el sandinismo de Augusto y Carlos, guías políticos y espirituales de nosotros, los militantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, herederos de sus principios, valores y del estandarte rojo y negro, cuyo significado es: prevalezca la vida sobre la muerte.

Ahora, cuando aparentemente las posiciones entre los sandinistas son más difíciles y cuando algunos creen que la unidad es imposible, yo creo y estoy seguro que el momento está más cerca. El movimiento de Unidad Sandinista Carlos Fonseca Amador es una necesidad inobjetable.

Posiblemente, sólo unos pocos se queden afuera: los amantes del poder por el poder; los enamorados del capital como fuente de satisfacción de apetitos personales, familiares, clanes o grupos minoritarios parecidos a los oligarcas del pasado. El sandinismo de hoy, el de ahora, debe optimizar todos los recursos técnicos y científicos que el avance pone en nuestras manos para salir adelante. Es tan grande la responsabilidad sandinista ante la nación y el mundo, que es nuestro deber percatarnos de manera meridiana: que no es posible el sandinismo sin unidad y conciencia. Requisitos fundamentales para impulsar el desarrollo nacional.

Todo esto es posible, si existiera, en primera instancia, un proceso de reconversión del liderazgo sandinista. Dejar a un lado los apetitos de liderazgo o de dirigencia por hombres y mujeres dispuestos a ponerse el uniforme o hábito de guías por toda su vida.

O, ¿tendrá que ser el pueblo sandinista de base el que emprenda la jornada unitaria, acompañados por algunos nuevos guías? Pero la gran pregunta es: ¿se logrará la unidad? ¿Cuál sería la propuesta transformadora de nuestra sociedad sandinista unitaria?
¿Es renovar el sandinismo formar cuadros para participar en los negocios electorales, diputados, alcaldes, el rejuego empresarial, consultorías, ONG, etcétera, actividades financieras propias del sistema capitalista depredador?
¿Es el Rescate del Sandinismo, algo parecido a lo anterior, pero guardando cierta distancia de la podredumbre actual para así contaminarse menos, teniendo una posibilidad política en el corto y mediano plazo? O ¿tiene un planteamiento más evolucionado que lo hecho hasta el día de hoy en Cuba, Bolivia, Chile, Brasil, Venezuela y China? O ¿alguna tesis de cómo insertarnos en el presente y futuro tomando en consideración la crisis actual del capitalismo?
¿Tiene Daniel Ortega una propuesta socializante y cautivadora mejor que el socialismo del siglo XXI? ¿Una propuesta socialista a la nica? O, ¿su propuesta es de bateo libre, como es siempre en el mundo capitalista?
¿Seremos capaces los sandinistas unidos de presentar una propuesta viable, que permita vivir con dignidad y felicidad en este nuevo siglo de luz y verdad, de descubrimientos técnico y científico, ALBA-Petronic-Caruna etcétera? O, ¿solamente propondremos reformas políticas que aparentan mejorar las garantías ciudadanas, pero dejando intacto o mejorado el sistema económico actual?
Porque si nos atenemos al criterio del bloque de empresarios sandinistas, aglutinados la mayoría en el movimiento internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, de que la política y el poder es la combinación perfecta para hacer excelentes negocios… ¡estamos más que jodidos!
¿Ya olvidamos que los gigantes del acontecer político-revolucionario en Nicaragua murieron buscando y trabajando afanosamente por conquistar la paz, el desarrollo y la unidad de la patria?
El Comandante en Jefe de la Revolución Popular Sandinista: Carlos Fonseca Amador, dedicó toda su vida a la causa revolucionaria. En 1976, en plena lucha contra la dictadura somocista y con grandes contradicciones internas entre las filas sandinistas, la situación se torna difícil, pero Carlos entra al país. Su objetivo: la unidad sandinista. Va a la montaña tratando de entrevistarse con el quizás más terco: Henry Ruiz (Modesto). Carlos, a pesar de su edad y de su miopía, cumple en parte su misión, pero no logra entrevistarse con Ruiz y muere combatiendo un 8 de noviembre de 1976.

Los dos máximos exponentes del movimiento libertador de Nicaragua (Sandino y Fonseca) mueren persiguiendo lo ideal; la máxima expresión de voluntad de todo un conglomerado: la unidad sandinista dentro de la diversidad de pensamientos.

Hermanos sandinistas: no hagamos más difíciles las cosas. Seamos flexibles, tolerantes y enérgicos. Todo está en nuestras manos. Recordemos que la vida es tal como es y no como la imaginamos. Para transformar la sociedad se requiere de muchísimo esfuerzo, comprensión, paciencia, educación y algo más: ganarse la conciencia de la gente con acciones y planteamientos coherentes y justos, que permitan entender el concepto de ciudadano soberano… O mejor dicho: regresando a los pasos y senderos de Sandino y Fonseca.