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Cuando existe democracia —la sociedad en su conjunto ejerciendo el poder— los ciudadanos eligen a quiénes los representan para tomar las decisiones de gobierno. Tales representantes deben surgir de la voluntad de sus representados y escogidos con absoluta libertad. Pero los ciudadanos pobres que carecen de lo necesario para satisfacer sus necesidades básicas no son totalmente libres para elegir, pues la pobreza hace vulnerable su voluntad; sus necesidades apremiantes y urgentes no les permiten —al menos no siempre y no a todos— tomar decisiones sin diferentes influencias que condicionan su libertad. Por lo tanto, una democracia plena no logra desarrollarse cuando hay muchas diferencias económicas y gran parte de la población sufre pobreza. Habrá, entonces, una democracia imperfecta y deficiente. 

Esta reflexión dio origen al social liberalismo de centro-izquierda; la corriente del liberalismo moderno que promueve gobiernos resultantes de procesos democráticos, con separación e independencia de los Poderes del Estado y respeto al ordenamiento jurídico e institucional basado en una Constitución surgida de la voluntad popular, con un estado de derecho; sosteniendo los principios liberales clásicos de libertad, igualdad y fraternidad, pero considerando que para los más pobres es muy difícil ser totalmente libres, pues su pobreza los enajena, y para garantizar una completa libertad es necesaria la intervención del Estado que procure para todos la satisfacción de las necesidades básicas que a la vez son derechos humanos, como salud, educación y seguridad social, lo cual es posible solo si la fraternidad liberal se traduce en solidaridad social (p.ej. desarrollando programas sociales que beneficien a los que tienen menos y ganan menos, financiados con los impuestos de los que tienen y ganan más). Así se pued
e disminuir considerablemente la pobreza para que todos los ciudadanos sean verdaderamente libres. Es una ideología liberal, pero social, porque promueve cierta intervención del Estado, sin ser excesiva. En el espectro político se ubica como izquierda moderada o centro-izquierda.

Lo contrario, el viejo y anacrónico liberalismo individualista que deja todo a las leyes del mercado e impide que el Estado intervenga para solucionar lo que el mercado no puede, y no reconoce como derechos humanos la salud, la educación o la seguridad social, constituye lo que el papa San Juan Pablo II llamó “capitalismo salvaje” donde la regla es “que cada cual resuelva sus problemas” imperando la ley de la selva del “sálvese quien pueda”. Tal ideología dejó hace tiempo de ser liberal y pasó a ser de un conservatismo extremo, de la más insensible derecha. 

Los primeros social liberales aparecieron a finales del siglo XIX actualizando el liberalismo clásico y enfrentando las posturas de derecha del neoliberalismo. Entre los más importantes figuran John Stuart Mill, Emile Durkheim, Friedrich Naumann y John Maynard Keynes. El social liberalismo, evolucionando desde el individualismo liberal, coincide en muchos aspectos con la social democracia que surge evolucionando del socialismo colectivista, pero ambos se encuentran en el camino y tienen importantes similitudes. Las políticas social liberales y social demócratas lograron un alto nivel y calidad de vida en la mayoría de los países de Europa, Canadá, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia. Entre otros son social liberales el Partido Liberal de Canadá, el Partido Democrático del Japón, el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela en Sudáfrica y el Partido Demócrata de Estados Unidos (destacando las políticas sociales de Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson, Bill Clinton y Barak Ob
ama). 

El liberalismo nicaragüense nació social liberal, revolucionario, progresista, abanderado de los pobres y promotor de la clase media. Con sus errores y aún durante las dictaduras (censurables) implementó siempre una política social liberal de centro-izquierda (educación gratuita, igualdad de la mujer, derechos laborales, seguridad social, centros de salud y hospitales públicos, etc.) Tristemente hay personas que hoy se llaman “liberales” que con pasmosa simplicidad se dicen de “derecha” sin mayores razonamientos, sin entender la ideología y el programa que históricamente ha propuesto el liberalismo en Nicaragua. En la nueva Nicaragua que esperamos reconstruir el social liberalismo deberá resurgir con su ideología de centro-izquierda, como ha sido siempre, desde sus inicios en el siglo XIX con sus próceres Máximo Jerez, José Santos Zelaya y José Madriz, aportando nuevas propuestas para superar nuestros niveles de pobreza y avanzar en la democracia. Pero la vieja generación de políticos liberales deben apartars
e (debemos apartarnos), sabiamente, patrióticamente, y quedar a la orden para servir como consejeros para una nueva dirigencia joven y unida en un solo nuevo partido liberal, sin apellidos.

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