Bridget Hoffmann y Steven Ambrus
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En marzo pasado, cuando una ballena quedó varada en las costas de Filipinas con 88 libras de plástico en el estómago, la gente quedó horrorizada. Ya de por sí da pena que haya desechos plásticos en playas y océanos. Pero la idea de ver animales inocentes agonizando con miles de bolsas plásticas, sacos de arroz y otros desechos plásticos en sus estómagos, parecía algo casi imposible de tolerar.

Se calcula que cada año entran a los océanos entre uno y cinco billones de bolsas plásticas, lo que suma junto con otros productos unos 13 millones de toneladas de plástico. Los científicos no están plenamente de acuerdo sobre el efecto del plástico en los animales marinos. Pero muchos creen que este contribuye a la muerte de ballenas, delfines y tortugas, y perjudica a las aves marinas, causando un daño incalculable en los ecosistemas marinos.

Los plásticos también pueden romperse en pedazos diminutos (de menos de 5 milímetros) llamados microplástico. Esos componentes podrían liberar sustancias químicas tóxicas que entran en el tejido de los peces y, de paso, nos causan daño también a nosotros.

Prohibiciones e impuestos a las bolsas plásticas 

Afortunadamente, los gobiernos, incluidos los de América Latina y el Caribe, están abriendo los ojos ante este problema. En agosto del año pasado el Congreso de Chile aprobó por unanimidad, con el apoyo del 95% de los votantes, una ley que prohíbe las bolsas plásticas de compras. Durante los dos años anteriores, Antigua y Barbuda también prohibió las bolsas plásticas de compras, y Colombia impuso un impuesto a las bolsas plásticas grandes, reduciendo su consumo en un 35% en el lapso de un año.

La conservación de la biodiversidad es fundamental en América Latina y el Caribe, dado que la región posee más del 50% de la biodiversidad mundial y el 24% de su pesca. En Costa Rica, que fue escenario de impactantes imágenes virales de una tortuga de mar con una pajilla clavada en la nariz, el Gobierno se comprometió a prohibir todos los plásticos desechables, incluyendo las pajillas y las bolsas plásticas de compras antes de 2021.  El Gobierno ecuatoriano prohibió las bolsas plásticas, las pajillas y la espuma de poliestireno en las Islas Galápagos el año pasado.  Perú prohibió los plásticos desechables en todas sus áreas naturales y protegidas culturalmente.

Claro que la efectividad de las prohibiciones y gravámenes depende de su aplicación. Las prohibiciones solo pueden funcionar si existen mecanismos enérgicos de supervisión y ejecución, incluyendo multas cuantiosas para garantizar que las empresas adopten las medidas en serio. Los impuestos deben planificarse cuidadosamente para garantizar que los precios se fijen a un nivel lo suficientemente alto para desalentar el uso. Y, luego está la cuestión de qué hacer con la multitud de artículos plásticos esenciales, como los que se utilizan en hospitales y en la producción de alimentos. Debemos replantearnos nuestro uso de plásticos en todos los frentes.

Se necesita una mejor gestión de residuos

Y la solución debe incluir una mejor gestión de residuos. Pero en la región solo alrededor del 55% de los residuos municipales (en porcentaje de la población) se desechan de forma adecuada, como en vertederos, y solo cerca del 2% son reciclados por empresas u organismos oficiales. Además, el plástico puede tomar cientos de años para descomponerse, suscitando la pregunta de cómo las comunidades van a afrontar la creciente montaña de basura plástica, en un mundo en el que la producción de plásticos probablemente se duplicará para el año 2040.

Hay que reconocer que 250 organizaciones y corporaciones importantes se comprometieron el año pasado a trabajar para lograr la denominada economía circular en materia de gestión de residuos plásticos, en la que los envases desechables serían eliminados gradualmente y se pondrían instalaciones de recopilación y procesamiento al alcance del público, garantizando así el reciclaje y la reutilización. La iniciativa, conocida como el Acuerdo Global de la Nueva Economía del Plástico, incluye a las empresas responsables del 20% de la producción mundial de plásticos. Abarca empresas como Unilever, Nestlé, PespsiCo y Coca-Cola y dispone de US$200 millones en inversiones de cinco empresas de capital de riesgo. Las empresas privadas en América Latina y el Caribe también han participado activamente en iniciativas para reducir el plástico marino, especialmente en México y Brasil.

Hace aproximadamente 5 años, Boyan Slat, un inventor holandés autodidacta, que ahora tiene 24 años, reveló un ingenioso dispositivo que consta de un flotador de 600 metros, conectado a un material sintético. En la visión de Slat, el dispositivo debería girar con las corrientes oceánicas y atrapar el plástico en su interior. Los desechos recogidos serían transportados hasta la orilla para ser reciclados debidamente, ofreciendo una solución, aparentemente sencilla, al problema de los desechos plásticos en alta mar. El invento de Slat fue recibido con inmenso entusiasmo tanto en el sector de inversionistas como a nivel popular. Pero tras ser lanzado en septiembre pasado en el Gran Parche de Basura del Pacífico, un remolino de unos 1.8 billones de trozos de plástico situado entre Hawái y California, el prototipo se rompió antes de Año Nuevo, atenuando las esperanzas de encontrar la “panacea” a la contaminación por plásticos.

Combatiendo la basura plástica en muchos frentes

Por el momento, eso significa que la lucha tendrá que llevarse a cabo de manera más humilde, con varias líneas de ataque. Una de ellas es encontrar materiales alternativos al plástico, siempre que sea posible. Eso es lo que Antigua y Barbuda intentó hacer cuando eliminó los impuestos sobre la importación de caña de azúcar, bambú, papel y almidón de papa, — materiales que pueden utilizarse para la fabricación de bolsas de compras ecológicas. Mejorar la gestión de residuos, incluyendo el reciclaje, también es crucial, como lo son las campañas de sensibilización para informar al público sobre el daño que los residuos plásticos están causando y sobre lo que puede hacerse al respecto. Las prohibiciones y gravámenes juegan un papel fundamental.

Estamos asfixiando a nuestro planeta. Ya es hora que encontremos una manera financiera y tecnológicamente viable de abrirnos camino entre un mar de plástico.

Este artículo fue publicado en el Blog del BID,  en la sección Ideas que cuentan.