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Estimado lector, el riesgo político es uno de los factores más importantes que se debe considerar a la hora de decidir una inversión, pero paradójicamente es uno de los menos evaluados; no solo a la hora de inicialmente decidir dicha inversión, sino posteriormente, a medida que la misma, una vez realizada, se va desarrollando.

Y para abordar este tema, fundamental para todo inversionista y para la dirección superior de toda empresa, recurriremos al último libro de la doctora Condoleezza Rice, exsecretraria de Estado de Estados Unidos y profesora de la Universidad de Stanford y de Amy Zegart, titulado “Political Risk”. Lo interesante de este libro es que la doctora Rice nos brinda un concepto actualizado del riesgo político y no el concepto tradicional que nosotros conocemos.

Y para motivarlo a leer la obra y seguir conversando sobre qué hacer una vez que todos superemos la crisis actual, compartiré con usted algunos planteamientos de la doctora Rice y, para concluir, compartiré con usted un concepto mucho más elemental de riesgo político, pero que puede ser igual o mucho más grave, especialmente cuando se necesita superar los efectos de una grave crisis económica y social.

Según Rice y Zegart, “el riesgo político depende de dos elementos fundamentales: la posibilidad de ocurrencia y la magnitud del impacto” y donde los casos más difíciles y peligrosos de manejar son aquellos en que la posibilidad de ocurrencia es sumamente baja, pero donde el impacto potencial puede ser enorme. Este es el caso del famoso “Cisne Negro”, de Nassim Taleb.

Para evitar caer en el error de subestimar las posibilidades de ocurrencia en estos casos, las autoras nos recomiendan “no sobrestimar las posibilidades de ocurrencia de lo que deseamos que ocurra.  Y nunca confundir baja probabilidad con cero probabilidad de ocurrencia”.

Asimismo, nos dicen, basándose en la experiencia del exsecretario de Defensa de Estados Unidos, Bill Perry, que el manejo adecuado del riesgo político requiere de un liderazgo que evite “la mentalidad de búnker” y que el camino más seguro al fracaso en este campo es “no aceptar puntos de vista opuestos y, especialmente, penalizar esos puntos de vista.”

Segun Perry, “el fracaso no depende de la falta de inteligencia, sino de caer en la “mentalidad de búnker”.  Por eso, según la doctora Rice, “necesitas de alguien que puede entrar a tu oficina, cerrar la puerta y decirte lo que no te gustaría escuchar”.

Según las autoras, en este siglo XXI “el riesgo político no está limitado a una acción del Estado, como fue concebido en el pasado”. Por lo tanto, ahora una persona con un celular en sus manos puede ser mucho más peligroso que un presidente populista.  Y nos dicen que “ahora el riesgo político consiste en cualquier acción política, no necesariamente realizada por el Estado, que pueda significativamente perjudicar tu actividad empresarial.  Y esta acción, debido a la tecnología de la comunicación de masas, que ha reducido sustancialmente el costo de ese tipo de comunicación se puede iniciar en bares, restaurantes, grupos sociales o políticos o por cualquier persona que tenga acceso a un celular”.

Por otro lado, nos dicen que la comunicación adecuada del riesgo político es crítica, pero muy difícil de llevar a la práctica, ya que a nadie le gusta recibir noticias que van en contra de su visión preconcebida y mucho menos si son negativas y, en general, a nadie premian por evitar una crisis que nunca ocurrió.  Por ejemplo, nadie ha sido premiado por evitar una crisis financiera que pudo haber destruido todo un país. Y como dice Theodore Roosevelt, “cuando el bote se hunde, el dueño te agradecerá efusivamente que le salves la vida, pero, superado el peligro, él mismo te demandará por los daños causados al bote, al momento de salvarle la vida”.

En conclusión, según Rice y Zegart, “para reducir el riesgo político, en tu organización necesitás creatividad, caminar en los zapatos de los demás, decir la verdad y escucharla aunque no te guste y que la misma fluya a todos los niveles”.

Y ahora deseo referirme a otro tipo de riesgo político, mas pedestre, pero muchas veces más peligroso, especialmente cuando como nación necesitamos superar una crisis económica y social.

En el pasado, el concepto tradicional del riesgo político se ha limitado a las acciones de un Estado o un Gobierno, que afecta negativamente nuestra actividad empresarial y aquí incluíamos desde confiscaciones hasta el incremento o la creación de impuestos o la reducción o eliminación de subsidios.  Eso era lo tradicional en el pasado.

Sin embargo, ahora yo deseo referirme al riesgo político “negativo”, es decir, estar operando en un país donde, después de las elecciones, el poder ha quedado tan fraccionado en la Asamblea Nacional, que el presidente de la República, desde el Poder Ejecutivo, no tiene capacidad de gobernar, pues es incapaz de impulsar su programa de gobierno.

En este caso, el Gobierno no tendrá la capacidad de ejecutar el programa de reformas económicas, políticas y sociales, requeridas para superar las consecuencias de la crisis.  Por lo tanto, en estos casos, no es suficiente ganar la presidencia, ya que el país en general y el sector empresarial en lo particular se podrían encontrar, por todo un período presidencial, con un presidente “huérfano”, limitado únicamente a administrar la situación heredada, pero incapaz de gobernar e impulsar las reformas que necesita el país y por las cuales fue electo.

nramirezs50@hotmail.com