edison soto*
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La Ciénaga, así se llama el barrio de Santo Domingo (República Dominicana) donde el parásito de la malaria va a vender más cara su derrota. Ahí, en un área anteriormente verde y húmeda, viven desde hace más de 4 años y de manera precaria, más de 17,000 personas repartidas en tres sectores. La mayoría de ellas son jóvenes migrantes de zonas rurales o provenientes de la frontera con Haití, que se han desplazado a Santo Domingo con la esperanza de encontrar un futuro mejor. Pero las condiciones del ambiente en el que viven los ha vuelto susceptibles a la enfermedad.

En 2018 se contabilizaron en La Ciénaga más de 300 casos de malaria, también conocida como paludismo, lo que representa más del 60% del total de casos registrados en el país. Las altas temperaturas; las constantes lluvias; la humedad; las viviendas con paredes incompletas y calles sin alcantarillado; la falta de previsión urbanística en un terreno inundable y pantanoso; la ausencia de transporte público al centro de salud, son condiciones que favorecen la proliferación del mosquito vector de la enfermedad y facilitan su transmisión. Incluso, una cancha de baloncesto construida en la escuela del barrio se convirtió, en su momento, en un criadero de vectores, debido a que la obra se realizó unos metros por debajo del nivel freático y las lluvias la mantienen constantemente anegada. Los residentes de la zona bautizaron la cancha como “la laguna de la malaria”.

Un ejército intersectorial para dar batalla

Sin embargo, desde finales de 2018, la malaria podría tener sus días contados, no solo en La Ciénaga y República Dominicana, sino también en Panamá, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Belice, Colombia y México. Una alianza entre socios públicos y privados se ha propuesto combatir la enfermedad caso por caso y casa por casa. El objetivo es reducir al mínimo la presencia del parásito en focos como La Ciénaga para el año 2020. Esta alianza, conocida como Iniciativa Regional para la Eliminación de la Malaria (IREM) está conformada por los gobiernos nacionales, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Comisca, la Fundación Clinton para el Acceso a la Salud (CHAI) y la Iniciativa Salud Mesoamérica.

La financiación del proyecto, que asciende a más de 102 millones de dólares americanos es aportada por socios privados y gobiernos nacionales. La Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Carlos Slim y el Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, han comprometido 52.5 millones de dólares, mientras que otros 50 millones provienen de fondos nacionales.

El combate continúa…

La lucha contra la malaria en La Ciénaga ya ha empezado. Y lo ha hecho en todos los frentes. Un equipo con personal e infraestructura de obra pública ha drenado la “la laguna de la malaria” para que pueda volver a ser una cancha de baloncesto. Las autoridades han asegurado que los migrantes en situación irregular no van a afrontar un problema legal por ir al hospital si han sufrido una picadura. Se han repartido mosquiteros para asegurar la protección individual de los habitantes, evitando el contacto con el vector. Se está trabajando en mejorar el acceso a los servicios de salud. Y, lo más importante, ya ha comenzado el reclutamiento y formación de un “ejército” de voluntarios y profesionales dedicado de manera exclusiva a identificar y perseguir, uno por uno, los casos de malaria en La Ciénaga.

Las autoridades de salud de República Dominicana, con apoyo del equipo de la IREM, ya han identificado a los líderes locales más influyentes, con el objetivo de construir una plataforma comunitaria que sirva para detectar, diagnosticar y tratar todos los casos de malaria. El objetivo es que esta red detecte cada caso de personas febriles en La Ciénaga y en menos de 48 horas se reciba un diagnóstico rápido y un tratamiento adecuado. Con esta estrategia, el foco de transmisión quedaría neutralizado. Aunque la premisa es sencilla, se trata de un trabajo que hay que realizar cuadra por cuadra y casa por casa.a nivel regional

La situación en La Ciénaga no es una excepción. Casi todos los países afectados tienen experiencias similares en la lucha contra la malaria. Pero este barrio de Santo Domingo ejemplifica a la perfección la complejidad del reto. Es un sector urbano, donde la convivencia entre el vector, las personas y los parásitos importados por el ingreso de humanos infectados condujo a un brote epidémico.

La gran lección que nos deja para derrotar a la malaria es que hay que abordarla de manera interdisciplinaria. El sector salud puede ocuparse, principalmente, de facilitar el acceso de la población a un diagnóstico y tratamiento oportunos. Pero también son responsables otros sectores administrativos y, sobre todo, agentes de la sociedad civil, como líderes comunitarios, gestores de la salud y las propias familias, quienes deberán asumir un papel protagonista en la derrota de este parásito.

República Dominicana y el resto de los países de la región quieren hacer historia. Han asumido un reto generacional y la batalla ya ha comenzado. La malaria en Mesoamérica puede tener los días contados y en La Ciénaga ha comenzado a escribirse su fin.
*Edison Soto es especialista en malaria de la IREM en el Banco Interamericano de Desarrollo.

Este artículo se publicó en el blog 
Gente Saludable del BID.