•  |
  •  |
  • END

¿Hasta cuándo podremos despegar y aterrizar en pistas de verdad? ¿Seguiremos viendo soldados del Ejército pastorear vacas en Siuna, Bonanza, Rosita, Waspam y San Carlos al momento del arribo o despegue de una aeronave? Los pasajeros de un vuelo de La Costeña “sentimos” la pinchadura de la llanta derecha de la nave en que viajábamos. Estábamos en Rosita con rumbo a Managua, pero nos anunciaron que primero haríamos escala en Bonanza y cuando ya alzábamos vuelo hacia la capital de un solo golpe nos “sacaron el aire”. La mañana del pasado primero de mayo “tropezamos” con una piedra en el camino antes de surcar los cielos y alcanzar más de ocho mil pies de altura. No hubo pánico, pero sí mucha preocupación, porque un descuido, una fuga o una pieza que se afloja pueden causar problemas que en algunos casos terminan en catástrofes aéreas.

De vez en cuando se escuchaba a pasajeros que hacían llamadas telefónicas y apresuradamente mencionaban “la llanta pinchada”. Conforme avanzaba el descenso, aumentaban las oraciones de una pasajera que también sujetaba en sus manos el santo Rosario. En la fila trasera, dos intrépidos grababan con sus cámaras y aseguraban que subirían esos videos aYouTube Finalmente, la aeronave comenzaba aquel aterrizaje. Durante el desplazamiento en la pista sentimos el golpe que daba aquella llanta y luego observamos que el piloto ya no podía llevar la nave hasta el lugar correspondiente, fue cuando quedamos varados. Inmediatamente llegó un vehículo para trasladarnos a fin de que “termináramos el viaje”.

Esta situación en particular ya fue superada. Dejé de ver por la ventanilla situada justamente en la misma dirección de aquella llanta encogida. Ahora hay que mirar más allá para contar lo que nos sucede cuando hacemos nuestros viajes nacionales por las aeronaves de la única empresa que brinda el servicio y que indudablemente la convierte como dice su lema en “Alas que unen a Nicaragua”.

En Rosita, ese primero de mayo, mientras aguardábamos por la aeronave, caía una llovizna y los pasajeros nos quejábamos de la falta de condiciones. Simplemente no hay donde acampar, sólo existe un remedo de choza, cuyo piso está tapizado de estiércol de vaca y un techo que sostiene unas cuantas hojas de palma. Un empleado de La Costeña con unos cuantos paraguas hizo su mejor esfuerzo por salvar la situación. Ni soñar con servicios higiénicos, cuando las exigencias de la vejiga y el llamado de otras funciones fisiológicas vencen el pudor sólo quedan los arbustos. En cuanto a los otros potreros, basta recordar que uno de ellos fue cerrado y luego reabierto recientemente. Prácticamente está en medio del pueblo.

El Estado debería responder eficientemente por el transporte aéreo nacional para garantizar seguridad. ¿Quién vela por el cumplimiento de las normas y criterios de aeronáutica? Me imagino que además de la modernización de las instalaciones del Aeropuerto Internacional de Managua existe una iniciativa o estrategia conjunta que responda a la creciente demanda de servicios a nivel interno.

Parece que quienes nos desplazamos por aire para llegar a nuestros destinos nacionales estamos tan ocupados que sólo nos quejamos en el momento, luego todo pasa literalmente “por alto”. Todos necesitamos un espacio en la aeronave. Vemos llegar enjambres de consultores, expertos y asesores de organismos nacionales e internacionales, los infaltables políticos, empleados del Pueblo Presidente, cheles de diversas nacionalidades, negociantes en madera y recursos naturales, comunitarios y otros mortales como yo que no encajamos en ninguna de las categorías anteriores, pero también necesitamos volar.

La crisis económica, política y social de nuestro país, no permite pedir mucho. No se me ocurre demandar el cierre de los potreros, porque resultaría extenuante viajar por las trochas que unen el Pacífico con el Atlántico. El ritmo de trabajo exige enfrentar “algunos peligros latentes”, pero no debemos quedarnos a esperar “la mano de Dios”, como en aquel gol de Maradona.

La aviación es, entre otras cosas, seguridad, responsabilidad y compromiso. Hay una enorme deuda para satisfacer las necesidades del turismo, la cooperación e inversión. Desde el punto de vista empresarial, no hay que evadir responsabilidades bajo el argumento de que hay 40 aerolíneas víctimas de la crisis económica en todo el mundo. Y en cuanto al Estado, por favor, no me digan que están ocupados entregando carnés.


*El autor es periodista
amilcarespinoza@gmail.com