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Estimado lector, hace pocos días fui invitado a la asamblea de accionista del Banco de la Producción (Banpro), el banco más grande del sistema financiero nacional.

En esta oportunidad asistí con mucha curiosidad, ya que he estado siguiendo muy de cerca, como nicaragüense que soy, la situación que ha estado viviendo el país desde hace unos 12 meses y, como siempre he creído que el sistema financiero es una pieza fundamental de la estructura económica de un país, la presentación que se haría a sus accionistas y que yo tendría el privilegio de especial de escuchar, me ayudaría a formarme un mejor criterio sobre el panorama de la economía nacional en el corto plazo.

Recordemos que en Nicaragua, debido a una crisis política todavía no superada, y después de un intento de diálogo fallido, que debido a causas que ya hemos analizado, en lugar de superar la crisis, más bien la vino a agravar, se profundizó un clima de desconfianza entre los agentes económicos, lo cual produjo una reducción importante en los depósitos del sistema financiero, una fuerte caída en las reservas internacionales, una caída en la producción y el empleo y, por lo tanto, una crisis fiscal de importantes dimensiones. Esto sin contar el enorme costo humano que hemos tenido que sufrir.

Pues bien, llegué a la reunión teniendo muy presente toda la información que se ha difundido a través de los medios de comunicación, la cual en general es muy preocupante, y recordando que el negocio bancario es un negocio, ante todo, de confianza. Pero para mi sorpresa, lo que escuché de la administración superior del banco fue muy satisfactorio, especialmente cuando hice la comparación con las expectativas, sumamente pesimistas, con las que yo había entrado a dicha reunión.

Recordemos que, en general, uno evaluá el comportamiento de un banco o de cualquier institución, comparando los resultados con el pasado reciente de la institución, con el de la competencia más cercana y con la de la industria en general.  Pero en este caso específico, además de hacer ese análisis, que es lo que nos recomiendan en las clases de “análisis industrial”, también compare los resultados presentados con mis propias expectativas, que no eran muy optimistas.

Recordemos que en un período de crisis como el que ha estado viviendo Nicaragua, lo fundamental es tratar de salvaguardar la estabilidad monetaria del país y para ello, es fundamental salvaguardar al sistema bancario nacional, ya que la estabilidad monetaria es una condición, aunque no suficiente, necesaria para recuperar rápidamente el crecimiento económico y el empleo, una vez que superemos la crisis política que dio origen a la contracción económica que hemos padecido.

Pues bien, como usted y yo sabemos, el negocio bancario básicamente funciona con los recursos de terceros; es decir, los recursos de los depositantes, ya que es un negocio sumamente “apalancado”, con niveles de endeudamiento de 8 a 10 o 12 veces el capital del banco.

Esto es lo que hace que el negocio bancario sea un “negocio de confianza” y que durante períodos de crisis, causados por incertidumbre económica, política o social, lo fundamental es que los bancos estén en manos de “buenos banqueros” y no de “malos banqueros” que adquieren los bancos o llegan a formar parte de sus juntas directivas para beneficiarse personalmente y llevarlos a la iliquidez y la insolvencia.

 Pues bien, ahora y a mi juicio, los bancos tradicionales del sistema financiero nacional están en manos de “buenos banqueros”, y yo diría de excelentes banqueros, lo cual ha sido un gran activo para Nicaragua en estos momentos. En este sentido, el equipo gerencial de Banpro, no solo no es la excepción, sino que es uno de los mejores ejemplos.

Recordemos lo que nos ha dicho Walter Bagehot en su obra clásica “Lombard Street: A Description of the Money Market”, en el sentido que “un banco bien manejado no necesita de reservas y que para un banco mal manejado ningún nivel de reservas será suficiente”.

¿Y qué es lo que hacen los “buenos banqueros” en estos casos?

Lo que hacen los “buenos banqueros” es, primero, asegurarse la liquidez suficiente para garantizar el funcionamiento normal del banco; segundo, fortalecer el control del “riesgo crediticio”; es decir, brindarle crédito solamente a los verdaderos sujetos de crédito, ya que los recursos con los que financiara la demanda de crédito no son del banquero, sino de sus depositantes; y tercero, fortalecer la “eficiencia operativa” del banco, es decir, con “menos hacer más”.

Pues bien, en el caso del Banpro eso es precisamente lo que ha hecho este grupo de jóvenes banqueros y por ello debo felicitarlos.  Estos “muchachos”, durante este período tan difícil, han aumentado el capital del banco, alcanzando una adecuación de capital muy por encima de la establecida por la superintendencia de bancos, llegando a más del 16%; han incrementado la liquidez relativa al aumentar la relación “disponibilidades/depósitos” a un 33%; han mantenido una cartera que en un 90% es categoría “A”, y han mantenido unas “provisiones por cartera mala” que representan el doble de la cartera vencida, la cual representa solamente el 1.9% de la cartera total. Y lo más importante es que estos parámetros, en general, superan a los de la industria bancaria nacional.

Sin embargo, debemos mencionar que, aunque a mi juicio, lo que se hizo fue lo correcto, estas medidas, como era de esperarse, en el muy corto plazo redujo la cartera de préstamos, aunque relativamente menos que la industria bancaria en general, redujeron el retorno sobre los activos (ROA) y el retorno sobre la inversión (ROE), aunque todavía fueron mejores que los de la industria en general.

Por lo tanto, los accionistas, a mi juicio, deberían estar muy satisfechos, ya que, si bien es cierto en el 2017 el rendimiento sobre su inversión fue un poco más del 21% y en este 2018 fue de aproximadamente el 13%, lo cierto es que un 13% de rendimiento sobre el capital en estas condiciones, no es nada despreciable.  Si le interesa la banca, este sería un excelente “caso de estudio”.

nramirezs50@hotmail.com

* Doctor en Derecho y Economía.