Jorge Eduardo Arellano
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El culto ciudadano, abogado, diplomático y político liberal, José Rizo Castellón (Jinotega, 27 de septiembre, 1944-Santiago de Chile, 24 de abril, 2019), fue incorporado como miembro honorario a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN) el jueves 7 de agosto de 2014. Vicepresidente de Nicaragua entre 2002 y 2006, Rizo Castellón había sido candidato a la primera magistratura de la nación por el Partido Liberal Constitucionalista.

Con sus correligionarios Arnoldo Alemán Lacayo, Lorenzo Guerrero Mora y José Antonio Alvarado, contribuyó a refundar ese partido —baluarte de la clase media— que alcanzaría a ejercer el poder efímeramente. Es muy conocida la actuación histórica de esos cuatro mosqueteros del liberalismo, siendo Rizo Castellón el más dotado intelectualmente. Lo que tal vez ignoren muchos es la consciente afición a la historia que el recién desaparecido jinotegano poseía, considerándola instrumento de identidad personal y nacional.

Inculcada por su padre, Simeón Rizo Gadea (24 de marzo, 1898-19 de julio, 1998), se manifestó en tres significativos aportes y, como era de esperarse, en su discurso protocolario al ingresar a la AGHN, inserto en el número 76 (octubre, 2014) de nuestra revista.

El colega Rizo Castellón se remontó al big-bang y al fascinante invento de la escritura hace siete mil millones de años, como también a la aparición de la imprenta hace varios siglos, “para comprender y acertar lo diminuto, lo exiguo, lo efímero del instante que nos toca vivir a todos”. Sin embargo, creía con firmeza que es “un deber existencial transcribir el tiempo en que uno vive”.

Por algo el republicano español don Niceto Alcalá-Zamora le enseñó que “toda vida que alcanza por la fortuna o el esfuerzo algún relieve, tiene el deber de trasmitir sus reflexiones y sus recuerdos”.

Así, el caballeroso amigo que era José decidió acometer su autobiografía, novedosa e integral: Confesiones de un Vicario (Managua, Esquipulas Zona Editorial, 2012). En ella desplegó el significado, la sustancia de haber sido protagonista de algunos hechos, testigo de otros, y observador perspicaz de tantos avatares trascendentes para Nicaragua. “No siempre me sentí cómodo” —puntualizó.

En algunas circunstancias escuchó expresiones no apropiadas y refirió actos reñidos con sus valores. “Los he reproducido en esta obra —señala—, tratando de ser leal a mi memoria, con palabras que tengan fuerza, razón y transparencia”. Escasos mandatarios y dirigentes dejaron testimonios de sus vidas o gobiernos: Roberto Sacasa Sarria (1840-1896), José Santos Zelaya (1853-1919), Juan Bautista Sacasa (1874-1946), Emiliano Chamorro Vargas (1871-1966), Carlos Cuadra Pasos (1879-1964), Sergio Ramírez Mercado, Humberto Ortega Saavedra, Moisés Hassam Morales, Antonio Lacayo Oyanguren, y Alfredo César Aguirre se cuentan entre ellos.

Por eso Rizo Castellón plantearía: “Todo, incluyendo los alimentos, se corrompe fácilmente. Ello nos obliga, con toda responsabilidad, a aprehender el momento de la historia que vivimos con suma rapidez. Es parte de la reflexión natural acerca de nuestra historia; lo pasado, al fin y al cabo, ha dejado de existir, quedando el testimonio que todos nosotros —historiadores o diletantes de la historia— estamos llamados a brindar y preservar. No solo narrando historia, sino haciéndola, pensando siempre en el país”.

No fue solo un consumado autobiógrafo. También incursionó en la novela histórica con Hijos del tiempo (Managua, 2015) acerca de las vidas paralelas de dos dirigentes liberales de antaño: Adolfo Altamirano (1870-1906) y Julián Irías (1873-1940). Norteños e íntimos amigos desde la más temprana infancia, fueron relevantes miembros del gabinete de José Santos Zelaya: uno ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, y el otro de Gobernación. Tras esa valiosa novela, su autor sería elevado a miembro de número de la AGHN en marzo de 2016.

Pero el tercer aporte del entusiasta por nuestra historia, José Rizo Castellón, fue de carácter documental. Titulado Documentos históricos de Nicaragua (1750-1940) lo editó el Banco Central de Nicaragua en 2001.

Todos valiosos e inéditos, suman 66, se distribuyen en cinco secciones y tienen de protagonistas a gobernadores españoles, autoridades la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica en 1821, al obispo Nicolás García Jerez (1756-1825) y a otros señeros personajes de nuestra historia: Máximo Jerez (1818-1881), José Santos Zelaya (1853-1919), José Madriz (1867-1911) y José María Moncada (1870-1945). Además, incluyó algunos documentos de su abuelo paterno Bonifacio Rizo (1843-1912), “porque en ellos —sostuvo su nieto—, podemos encontrar importantes rasgos de la cultura a fines del siglo XIX y principios del XX de nuestro país”.