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Varias noticias despiertan la atención de lo que ocurre con las guerras increíbles desatadas por Bush. Inició una en Irak, con el argumento de que el gobierno de Sadam poseía armas de destrucción masiva, que nunca fueron encontradas. Otra en Afganistán, porque no les gustan los talibanes y había que echarlos del poder. Obama las heredó y ha sido incapaz de ponerle fin a ninguna.

Veamos las consecuencias. Hace unos días un soldado yanqui abrió fuego en la base militar Camp Liberty, cerca del aeropuerto de Bagdad, sede del mando de las fuerzas invasoras, y mató a cinco de sus camaradas en una clínica militar. De acuerdo con un alto comandante el hecho fue provocado por estrés.

Barack Obama dijo que era una “horrible tragedia”. El gran hablador agregó: “Presionaré para asegurarnos que entendemos a cabalidad la causa de esta tragedia y que estamos haciendo todo lo posible para que nuestros hombres y mujeres uniformados estén protegidos mientras sirven a su país de forma tan valiente”. Pero lo real es que el problema de los soldados gringos matándose entre ellos es la “urgente preocupación”.

Éste no fue el primer incidente de violencia por parte de esos soldados contra sus camaradas en el transcurso de la guerra. En el caso más conocido, dos oficiales murieron y 14 soldados resultaron heridos cuando un sargento que se había convertido al Islam, Hasan Akbar, lanzó una granada en una base en Kuwait antes de la invasión iniciada en marzo de 2003.

Tales actos deberían llevarlos a razonar sobre los efectos de seis años de continuo enfrentamiento en Irak.

Pero no sólo se matan entre ellos. Un jurado federal declaró culpable a Steven Green, por haber violado y matado a tiros a una niña iraquí de 14 años y haber ejecutado después a sus padres y a su hermana pequeña. En total, fue encontrado culpable de 17 cargos, incluyendo violación, asesinato y obstrucción a la justicia. Puede ser condenado a la pena de muerte. Cuando los agentes del FBI lo detuvieron, les dijo: “Probablemente pensaréis que soy un monstruo, pero unirme al ejército es lo peor que he hecho en mi vida. Todos mis compañeros estaban muriendo. A mi lugarteniente le volaron la cara en mil pedazos. Bush y Cheney son los que deberían ser arrestados, no yo”. Los crímenes ocurrieron en Mahmoudiya, al sur de Bagdad.

Otros cuatro soldados, James Barker, Paul Cortez, Jesse Spielman y Bryan Howard, están encarcelados por este caso que cayó como una bomba en Irak y Estados Unidos, horrorizados con los crímenes de los invasores y de sus propios hombres. Green podría convertirse en el primer soldado condenado a la pena de muerte por una corte civil por crímenes cometidos durante una guerra.

Sin embargo, los dirigentes no escarmientan. Han decidido continuar las matanzinas. Bombardeos a la loca matando a miles de civiles inocentes. Cambian a cada rato de jefes porque no ganan guerras imposibles de ganar. Ahora le tocó el turno al jefe de la fuerza internacional para Afganistán, general McKiernan, que llevaba en ese puesto menos de un año. Dan así un nuevo paso en la aplicación de la estrategia de la nueva Administración en el frente «Af-Pak». Lo sucede el general Stanley McChrystal, un veterano ex comandante de Operaciones Especiales, y el del teniente general David Rodríguez, será su asistente. Mientras tanto, el parlamento afgano reclamó al gobierno de Hamid Karzai que imponga restricciones a las actividades de las tropas extranjeras en el país, para reducir la muerte de civiles en bombardeos contra la insurgencia. Pero no oyen a nadie y cada día se echan nuevos enemigos.