Orlando López-Selva
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Creo que Nicolás Maduro no está consciente de lo que dice, ni tampoco sabe dónde está. 

El prisionero de La Habana y Moscú en Caracas― se echó para atrás. En un discurso ante a sus colectivos (grupos armados de seguidores que reprimen, capturan y atropellan a los opositores que protestan o disienten del régimen), dijo que: “tenía un plan para enmendar errores”. 

Mi punto: Maduro ya no sabe qué hacer y sus palabras son lamentos tardíos y desesperados. Es un otrora-rey vencido, acobardado, desconfiado, ninguneado en una esquina del tablero de las potencias. Ahora sale con el cuento de querer  componer las cosas. Pero, ya nadie le respeta ni le sigue. ¿Qué apoyo tiene de algún Estado decente si los que le mantienen atado en cuarteles de militares ya no son de su confianza? ¿Hoy se dió cuenta que es rehén de sus propias culpas y aprehensiones?   

Miraflores hoy es un palacio de tétricos lamentos y conspiraciones. Es un castillo hamletiano. Ahí se escenificaron ritos obsequiosos; se urdieron malignos planes para subvertir el orden internacional occidental e imponer dictaduras con máscaras ideológicas. 

Maduro está viviendo su fin. ¿Cómo puede gobernar sin autoridad, con tantos crímenes y desmanes cometidos? ¿Cómo puede creerse legítimo si, en su patrimonio solo hay armas, cárcel y tránsfugas matones? 

Decir que ahora tiene un plan es pedir una última oportunidad. ¿Por qué no se contuvo cuando sabía que iba a reprimir o a encarcelar a todo aquel que no estuviera de acuerdo con sus prédicas y desmanes?

La oportunidad la tienen aquellos que reflexionan y se contienen. Oportunidades tienen los que saben pedir perdón desde el principio, y no engañan, pretendiendo ganar tiempo. 

Ya las cicatrices en toda Venezuela son muchas y profundas. Casi cuatro millones de refugiados; el 78% de la población vive en la pobreza en el país con las mayores reservas de petróleo de mundo; es el país más peligroso; el que mayor inflación ha tenido jamás; es donde más rápido se han deteriorado los sistemas de salud, educación, agua, luz, en los últimos 10 años en Latinoamérica, según Cepal.

¿Por qué hasta ahora, Nicolás Maduro, ya con el agua al cuello y no pudiendo retroceder el tiempo, y viendo su aproximación a un insondable precipicio, está dispuesto a rectificar? Ahora pide con humildad ¿Y antes qué actitud tenía?

¿Por qué no cedió cuando se burlaba de obispos, El Vaticano, la OEA, la Unión Europea o quienes le invitaban a razonar?

Cualquier palabra o promesa tardía de un dictador es un grito de auxilio. Si los dictadores se han jactado hablando de historia, ¿por qué no se vieron en el espejo de Saddan Hussein o en el de Muhamar Khadaffi, que eran más poderosos?

Y cayeron.

Ya lo dijimos hace más de un año. Moscú no vuelve por nadie, no muere por nadie; solo mueve peones. Y al único que han salvado ―por ahora― es a Bashir Al Assad, porque yace en un país vecino de Israel, que representa una posición geopolítica y estratégica única. 

El petróleo no es oro eterno. No se mercadea solito, sin esfuerzo, ni recursos, sin mentalidad empresarial. 

Si pensaba que el mundo entero iba a ser socialista de la noche a la mañana porque nuevos dioses sin barba iban a subir a un podio de tesoros y riquezas... ¡Estaba equivocado!

Tampoco era hacer solo la mueca. Ni era cuestión de hacer escaramuzas constitucionales o fingir aperturas y alianzas contra quienes terminarían engañando. Las personas, grupos sociales o pueblos nacieron para la libertad que sustenta la democracia; nacieron para el individualismo y la creatividad que hace posible el capitalismo; nacieron para la búsqueda de la verdad y el bienestar que posibilita la libertad de prensa y el progreso material.

Los dictadores odian a los que piden libertad y solo aman a los que se la quitan. 

Nunca una ideología hecha con cálculo intelectual o predicción fantasiosa sería la salvadora del mundo. Este mundo solo puede ser mejorable, pero nunca sería paraíso. No es tarea humana. Mucho menos que fuera obra de una ideología que parte del engaño, la mentira y la falta de libertades.

El marxismo-leninismo es una forma moderna de esclavismo intelectualizado. El modelo totalitario es un camino ruinoso: degrada, pervierte y derrumba. 

¿Por qué Maduro no pensó diferente cuando el diálogo y los actores cívicos le ofrecían soluciones que despreció? 

Los Castro escogieron a Maduro para someterlo a Cuba, sin importarles Venezuela, pero ya su papel es muy ridículo.