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La peor noticia que podía recibir Donald Trump en estas últimas semanas le llegó el 25 de abril cuando el exvicepresidente Joe Biden anunció su precandidatura a la presidencia por el Partido Demócrata. La mayoría de los republicanos se han expresado en las encuestas a favor de mantener la candidatura de Trump, lo que aleja las posibilidades de rivales dentro de ese partido, como Ben Sasse, John Kasich y Larry Hogan, a menos que surja algo imprevisto de mucho peso que saque del juego a Trump. 

En cuanto a los demócratas, todo apuntaba a que entre una veintena de aspirantes, Bernie Sanders sería el más probable contendor de Trump, quien tenía preparado su ataque calificándolo de “comunista” por sus propuestas sobre educación, salud, no discriminación e impuestos más justos según los ingresos, pero sobre todo por haber dicho ser social demócrata al estilo de los gobernantes europeos Tony Blair,  Gordon Brown (Reino Unido), François Mitterrand, Françoise Hollande (Francia), Helmut Schmidt o Gerhard Schröder (Alemania). En Estados Unidos la “cultura política” es muy pobre y muchos no saben distinguir entre social liberal, social demócrata y comunista. Muchas políticas que son naturales en  Europa, Canadá y la mayoría de países desarrollados del mundo democrático (y para nada comunistas) son vistas por un sector de votantes estadounidenses como un paso al comunismo (?)

Al confirmarse Joe Biden como aspirante a la nominación demócrata, despejando las especulaciones, relegó a un segundo puesto a Sanders. Los otros aspirantes demócratas quedaron aún con menos posibilidades. Joe Biden sería un candidato más difícil de vencer para Trump. Falta un año para que se celebren las primarias de Iowa, las primeras en la campaña electoral de Estados Unidos. ¿Falta mucho? En realidad, no. Ya la carrera empezó. 

Joe Biden fue durante 8 años el vicepresidente de Barak Obama, quien dejó la Casa Blanca con un índice de popularidad muy alto (60%), solo superado por Ronald Reagan (64%) y por el más popular en la historia, Bill Clinton (66%). Joe Biden contará con el apoyo de Clinton y Obama.  

A Biden se le enmarca en la corriente más centrista del partido demócrata y parte como favorito en los sondeos, tanto para ganar la nominación como la presidencia. Pero, aunque no sea demasiado temprano, hay todavía mucho camino por recorrer. Social liberal como Obama se ubica más al centro que aquel. Eso le permitirá recibir votos, tanto de los simpatizantes de Obama como de algunos demócratas más a la derecha. Su posición “centrista” es una ventaja en un país muy polarizado y puede ganar a sectores conservadores que se avergüenzan de los exabruptos de Trump. Joe Biden tiene carisma y es muy conocido, no solo como vicepresidente, sino por su larga carrera política, en la que dos veces anteriores fue precandidato demócrata y por su labor como senador de los Estados Unidos. El episodio de las mujeres que hace unas semanas le acusaron de tratarlas de forma inapropiada, con un exceso de confianza que las incomodó, no será mayor problema, pues se entiende que Biden es un político próximo, que suele abrazar a sus 
interlocutores; y ¿qué sería eso comparado con las andanzas de Trump? Biden nunca ha sido señalado por acoso o infidelidad. Es un demócrata católico, con una historia familiar impecable, que despierta simpatías por  haber perdido trágicamente a su primera esposa y a un hijo.

Será importante quién lo acompañe en la boleta. Por su edad (cercana a la de Trump) debería llevar a un candidato más joven (aunque no demasiado). Si fuera mujer, ganaría mucho del voto femenino. Si fuera de una minoría, mucho mejor. Así abarcaría todos los flancos (lo que no tiene la fórmula Trump-Pence). Eso me hace pensar en Michelle Obama. Barack y Michelle encabezan las listas del hombre y la mujer más admirados en EE. UU. que elabora anualmente la firma Gallup y que evidencia su popularidad dos años después de dejar la Casa Blanca. A los 54 años, Michelle Obama, nacida en un barrio humilde de mayoría negra de Chicago, pero abogada nada menos que de Harvard, acaba de presentar “Mi Historia”, un best seller, cuya venta ha generado más de 60 millones de dólares. Michelle también atraería los votos de Sanders posconvención, especialmente de los jóvenes. Aunque dijo que nunca se presentaría a un cargo por elección, también admite que todavía se está tomando un tiempo para definir sus planes. “Barack y yo estamos ligados al servicio público; forma parte de nuestro ADN”, expresó. Biden-Obama es una posibilidad real.

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