Elena Arias Ortiz
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Hoy en día, Costa Rica es el país de la región que más invierte en educación, con un 7.1% de su PIB versus un promedio regional de 4.8%. Uno esperaría que, mediante esta inversión, el sistema garantizaría un futuro lleno de oportunidades para todos los jóvenes costarricenses. Sin embargo, este no siempre es el caso.

Sueños inalcanzables: La brecha de acceso a educación superior

Valeria es una niña que viene de un hogar con escasos recursos y Gabriel es un niño de un estrato socioeconómico alto. Ambos se acaban de graduar de secundaria y como muchos otros jóvenes costarricenses, siempre han soñado con entrar a la universidad y convertirse en grandes profesionales.

¿Qué les espera realmente a estos jóvenes?

A pesar de sus aspiraciones académicas y profesionales, el hecho que Valeria viene de un hogar de escasos recursos constituye un obstáculo para que ella alcance sus sueños. Los números lo comprueban. En 2017, la asistencia neta a educación superior de la población más rica fue de 48% y solamente 8% para los más pobres. Esto constituye una brecha de 40 puntos porcentuales que colocan a los niños más desfavorecidos como Valeria en un estado de mayor vulnerabilidad. Y la situación no parece mejorar. Por ejemplo, entre 2006 la asistencia neta a educación superior entre los más pobres era de 5% y para 2017 se vio un aumento de tan solo 3 puntos porcentuales llegando a 8%. Mientras que, para los más ricos, el aumento fue de 9 puntos porcentuales, pasando de 39% a 48%.
Sueños que se han cumplido: 

El acceso a educación básica  

A pesar de sus desafíos, Costa Rica es un país que ha priorizado el desarrollo social y la inversión en educación, y esto se ha visto reflejado en sus políticas públicas. Este enfoque empieza en 1948, cuando el expresidente José Figueres, tras una guerra civil, tomó la decisión de abolir el Ejército. Después de una época cuando “las cosas iban mal” tomó la histórica decisión de invertir los recursos anteriormente destinados al Ejército para la educación y otros gastos sociales con el fin de asegurar que todo joven costarricense cumpliera su sueño de estudiar.

Gracias a estos esfuerzos, no todo ha sido color gris para jóvenes como Valeria. Costa Rica ha logrado mucho en temas de cobertura universal a nivel de educación básica para jóvenes de ambos contextos socioeconómicos, con 100% de los niños más ricos y el 99% de los más pobres de entre 6 a 11 años asistiendo a la escuela.

Además, para los niños de escasos recursos existe un gran acceso a secundaria, con una tasa de asistencia de 82% para jóvenes pobres de entre 15 a 17 años, comparado con un promedio regional de 72%. Este amplio acceso a educación básica es evidencia de que, a través de políticas públicas históricamente implementadas y mayor inversión, los sueños de Valeria pueden acercarse más a la realidad.

Entonces, ¿Qué nos enseña el caso de Costa Rica? 71 años después aún resuenan las palabras de José Figueres: “Cuando las cosas van mal, hay que luchar. Cuando van bien hay que emprender nuevas luchas.” Sí, efectivamente Costa Rica ha logrado mucho en términos de acceso a educación básica. Sin embargo, hay mucho por mejorar. Para que se cumplan los sueños de niños y niñas como Valeria, es necesario que el sistema educativo garantice igualdad de oportunidades en el acceso a educación superior. Por lo tanto, la solución es seguir luchando y afianzando ese pensamiento histórico que la educación es uno de los pilares fundamentales de una sociedad. Reconocer los logros, pero también cuestionarse cuando las cosas deben mejorar, es fundamental.

*Asociada Senior de Educación del BID.
Este artículo se publicó en el blog 
Enfoque educación del BID.