Noel Ramírez Sánchez
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Estimado lector, continuando nuestra conversación sobre que necesitaremos hacer después de las próximas elecciones, para retomar la senda del crecimiento económico, la generación de empleo y la consecuente reducción de la pobreza, he llegado a la conclusión que, muy probable y paradójicamente, lo más fácil sea diseñar un excelente programa económico y social para lograr ese objetivo, ya que dada la situación actual, no tendremos muchas opciones.

Y que lo más difícil sea, primero vender el programa a la opinión pública nacional y a la comunidad internacional y luego, tener un gobierno con el poder político de ponerlo en práctica exitosamente.

Pero recordemos dos cosas fundamentales. Primero, que el excelente diseño de la política económica sin poder político, no funciona; y segundo, que aunque la historia tiende a repetirse, los ciclos solo “riman”, pero no son idénticos.

Como le recuerdo, cuando estuve al frente del Banco Central, para mí la tarea no fue muy difícil, ya que además de poseer los conocimientos básicos para comprender lo que necesitaba el país para garantizar la estabilidad monetaria y fortalecer el crecimiento económico, la situación económica que heredé, aunque era complicada, no era traumática; y siempre tuve el respaldo del presidente de la República en el Poder Ejecutivo y de la bancada mayoritaria en la Asamblea Nacional.

Siempre que necesitaba impulsar una reforma económica importante, el presidente invitaba a la “Casa Presidencial” a nuestra bancada legislativa para que le explicara que necesitábamos hacer, por qué lo necesitábamos y qué beneficios obtendría Nicaragua. Y cuando yo lo consideraba necesario, me hacía acompañar del representante del Fondo Monetario o el del BID o el del Banco Mundial, y eso no me creaba complejo alguno.

Sin embargo, la vida no siempre es así de fácil para el formulador e impulsor de la política económica de un país. Y de eso es que le deseo hablar en esta oportunidad.

En primer lugar y como ya lo mencionamos, uno de los mayores riesgos políticos que puede enfrentar el sector empresarial sería encontrarse, después de una elección, con un Poder Ejecutivo huérfano, que no pueda gobernar, sino solamente administrar la situación heredada.

Esta situación se puede presentar cuando, producto del renacimiento de la democracia, proliferan los partidos y agrupaciones políticas y el poder político en la Asamblea Nacional queda atomizado.

Sin embargo, esta situación se puede superar si el “ganador”, que realmente no sería un verdadero ganador, es lo suficientemente pragmático y con una gran capacidad negociadora y logra, sin sacrificar lo fundamental de su programa de gobierno, crear la masa crítica, por medio de pactos o acuerdos políticos, que le permitan verdaderamente gobernar.

Pero, si como también lo hemos dicho, el “ganador” es un “principista”, sin voluntad o capacidad de negociar, el vacío de poder podría ser muy grave.

Pero este escenario también se puede presentar cuando, ganando con el respaldo de un partido político fuerte y con mayoría en la Asamblea, por luchas personales para controlar la bancada y al partido, se provoca una división y al final se le entrega la Presidencia de la República al verdadero adversario político, es decir, al adversario ideológico.

Pero la situación se puede complicar todavía mas y para ello recurriremos al libro de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de la Universidad de Harvard y titulado, “How democracies die”.

Como nos dicen Levitsky y Ziblatt, “ahora las democracias no mueren por repentinos golpes de Estado, liderados por el Ejército, sino por un paulatino debilitamiento de la institucionalidad y del estado de derecho”. Y nos agregan que, “los líderes autocráticos ahora llegan al poder por medio de mecanismos democráticos y no por un liderazgo arrollador, sino por la división insalvable de los grupos o partidos políticos mayoritarios”.

Por lo tanto, según estos autores, se nos presenta una gran paradoja, “ya que desde una elección democrática, se llega al autoritarismo y se destruye la democracia”. Y como uno de los ejemplos que nos presentan para sustentar su hipótesis, nos mencionan el caso chileno, donde nos dicen que,  “el conflicto entre socialistas y democristianos fue más importante que el común rechazo que ambos grupos tenían al general Augusto Pinochet”.

Según los autores, estas divisiones entre un mismo partido o asociación política por el control personal de los mismos o de partidos de tendencias similares por el control del segmento del mercado político, tienden a superarse, únicamente, cuando la sociedad viene de un enorme trauma político y social, como por ejemplo una guerra civil. Pero aun en esos casos, cuando existe una proliferación de agrupaciones políticas, participando por primera vez en mucho tiempo en la contienda electoral, no se puede, a priori, predecir los resultados electorales.

Vamos a continuar conversando sobre este tema, pero, por el momento le digo, que el libro de Levitsky y Ziblatt, aunque como es normal no estoy de acuerdo con todo lo que plantea, me ha enseñado mucho y también me ha hecho pensar mucho. Se lo recomiendo.

nramirezs50@hotmail.com
* Doctor en Derecho y Economía.