Orlando López-Selva
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El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) seguirá, tentativamente, en el poder. Es simple; aunque no tenga la mayoría necesaria de votos para legislar holgadamente, su líder Pedro Sánchez dice que no hará alianzas. Ello lleva a muchas interrogantes. Los socialistas tienen alternativas para elegir, ya sea haciendo alianzas con los de izquierda o los de derecha. 

¿Podrá ser estable el gobierno de Sánchez, sin aliarse, sabiendo que hay una recomposición de fuerzas de la derecha que le harían mucha mella?

Mi punto. En política no se puede gobernar sin alianzas por muchos parlamentarios que un partido tenga. Sánchez lo sabe pero no quiere comprometerse (por el momento) para no cederle a nadie y así cumplir sus promesas de campaña. Pero, más que eso, porque su ego actual lo hace sentirse invencible. Además, PP, Ciudadanos, Vox están cambiando toda la palestra política española. Ello implicará muchos retos, sorpresas y giros en la mecánica de gobernar. 

España es una democracia en consolidación desde 1975. Avanza asentada en el pluralismo político, la tolerancia, el diálogo, la democracia.

Los resultados de las elecciones del 28 de abril pasadas son contundentes. PSOE 123; PP 66; Ciudadanos 57, Juntas Podemos 35; Vox 24; ERC 15; Junts per Catalunya 7; PNV 6; etc.

¿Pero qué ha hecho creer a Pedro Sánchez  que sí puede prescindir de un gobierno de colación, sin Podemos de Pablo Iglesias o los partidos pequeños nacionalistas de izquierda -Esquerda Republicana Catalá (ERC) o el Partido Nacional Vasco (PNV)?

Sánchez quiere reivindicarse y demostrar que puede más. Es un asunto de éxitos y ego. Hace unos años, Sánchez estaba en el dog-out (como decimos en argot beisbolero). Y después de salir de las sombras ha tenido dos victorias contundentes: 1) hacer un gobierno decente por 9 meses (2018); 2) ganar estas elecciones (2019), implicó que volvieran a ser el partido más votado y con mayor número de escaños.  

Por otro lado, si hace gobierno con Pablo Iglesias, arriesgaría todo. ¿Qué? Que Iglesias lo arrastre tanto hacia el radicalismo y le haga perder balance. Cosa que Sánchez quiere evitar. Y, por esa misma alianza, la política del PSOE frente a la propuesta separatista de los independentistas catalanes, se puede diluir. 

¿Cuáles serían las consecuencias?

Don Pedro quiere mantener y retener por muchos años las llaves del PSOE. No quiere que este partido se descarrile como lo está haciendo el PP, bajo Pablo Casado. 

En todo caso, veo que para Sánchez, el problema no solo sean sus pares izquierdistas, sino los derechistas (¡Aunque si los de Ciudadanos son liberales, no pueden ser de derecha!).

Y en esa línea, Sánchez tiene la opción de aliarse para gobernar sin preocupaciones con la derecha moderada. PSOE puede unirse a Ciudadanos. Y sí así lo hiciere, sería muy mal visto por los correligionarios de ambos. (Pablo Iglesias ―Juntas Podemos― se resentiría con Sánchez). Pero iría en mayor detrimento de Albert Rivera, quien se estaría haciendo el harakiri. Se vería como mal pactista e hipócrita; pues pasó toda la campaña tirándole duro a PSOE, tildando al gobierno anterior de  “divisionista y pro-separatista”.

No creo que Sánchez sea torpe e incauto. Pero si va a jugar solo, se arriesga a enfrentar un camino tortuoso. En las democracias parlamentarias, los votos de censura son mecanismos peligrosos, en cualquier momento.

Por otro lado, la derecha tiene otro alero que le abrigue. Aunque esté dividida, entre dos fuerzas casi iguales: PP y Ciudadanos, más un tercero: Vox, de Santiago Abascal (en mi opinión, el Bolsanaro español). 

Lo anterior tiene dos efectos. 1) Ahora Sánchez deberá verse las caras con tres adversarios duros. Antes era solo dos. Y estos pueden aliarse para dañarlo, aunque no le quiten el gobierno en el corto plazo. 2) Por otro lado, al haber un partido con un candidato radical inserto en el parlamento, los otros partidos  verían como los electores indecisos se irían al extremo radical, donde Vox acoge. 

En resumen, Pedro Sánchez puede hacer gobierno solo. Pero es un camino cierto, únicamente en el corto plazo. Se convertiría en riesgo mayor ―en el mediano plazo―, al no aliarse bien. Se enfrentaría a todo el mundo. Y el PSOE podría sufrir las mismas consecuencias que hoy padecen los PP: perder fuerza y empuje, posibilitando que haya escisiones y mayores descontentos entre sus correligionarios. 

Lo magnífico de todo esto es que esos son evidencias de la bienandanza democrática. Todos se mueven con libertad y sin temores en la palestra dinámica del variopinto espectro ideológico.