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Todos estuvieron de acuerdo con la propuesta de Caresol la semana pasada, de respetar la clandestinidad de los cuchusapos. Lo curioso es que ese mismo día, jueves 28 de mayo –y a confesión de parte, relevo de pruebas-, aparecieron los cavernarios proclamando a los cuatro vientos su condición de “cavernarios nacionalistas”, para según ellos justificar con esa patente de corso el haber impedido el día anterior un acto cultural y académico durante el cual se presentaría una novela del, también según ellos, “traidor” Sergio Ramírez Mercado. Ignorados quedaron los ejemplares días con el Rector Mariano Fiallos Gil, del escritor, perteneciente a la generación del 23 de julio y a la generación de la autonomía, cuya lucha probablemente desconocen los cavernarios confesos. Olvidaron que la histórica sede donde estaban dispuestos a lucir sus fuerzas de choque, es la misma donde aquel Rector Magnífico de la UNAN-León proclamó el sagrado lema: “A la Libertad por la Universidad”, que hoy tanto molesta a quienes repiten el mandato, proveniente de lo más profundo de las cavernas, contra la inteligencia, el humanismo beligerante y la cultura. No olvidaron los cavernarios, eso sí, y de seguro por complejo de culpa, sospechosamente exonerar reiteradamente a la reina de ser la artífice de dicho mandato. No es remoto que los cavernarios pretendan el Paraninfo para otorgarle un doctorado honoris causa a Su Majestad.

Lo del mandato –continuaron reflexionando los caminantes- lo reiteró alguien que bien puede llamarse en Nicaragua José Paredes, uno de los soldados que en Chile ejecutó en septiembre de 1973 al cantautor y director teatral Víctor Jara, y quien después de 36 años de silencio acaba de confesar su participación en el asesinato. Tenía Paredes entonces 18 años y como cualquier cavernario integró el pelotón que acribilló con 44 disparos a uno de los símbolos culturales de la experiencia socialista de Salvador Allende. Aparece allá Paredes cuando los de aquí acaban de reconocer: “Somos cavernarios nacionalistas”.Para este mismo diario uno de ellos, en conversación telefónica, dijo que no estaba completamente al tanto del suceso que perpetuó la cúpula del CUUN, pero que no le sorprendía porque “prohibiciones como esa forman parte de un mandato. Hay un mandato –agregó- de no dejar entrar a Sergio Ramírez a ninguna universidad y lo mismo va por todos aquellos intelectuales vinculados a los traidores…Ese mandato tiene vigencia sobre todas las universidades que conforman el Consejo Nacional de Universidades”. El mandato, bien lo sabe la historia, siempre se ha gestado en las mentes y entrañas más tiránicas de las épocas más negras y siniestras de la humanidad. El mandato es nazi, estalinista y fascista. En el proceso de Nurenberg, llevado a cabo contra los dirigentes y organizaciones nazis entre noviembre de 1945 y octubre de 1946, no pocos de aquellos asesinos pretendieron eludir su responsabilidad por el holocausto al que sometieron a la humanidad alegando que sólo cumplían órdenes, es decir, que ejecutaban un mandato.

En Chile los fascistas pinochetistas rompieron a culatazos las manos de Víctor Jara, porque simbolizaban creación, arte, libertad, pueblo y su opción política socialista, como la de muchos de nosotros. Otros cantautores como Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez o Carlos Mejía Godoy se encargaron y se encargan de demostrar que Víctor Jara sigue pulsando las cuerdas de su guitarra con más fuerza que nunca. En aquella ocasión, los soldados del fascismo, después de romperle las manos, lo golpearon y dejaron sin alimentos ni agua. Un subteniente jugó ruleta rusa con un revólver en la sien del cantautor y le dio el primer disparo mortal. Después le dio el mandato a Paredes y a otros soldados de disparar al cuerpo que convulsionaba agónico en los subterráneos del estadio. El cuerpo del cantautor fue arrojado después en la calle, y su viuda, Joan Jara, lo pudo rescatar en la morgue entre cientos de “traidores”, gracias a un funcionario que corrió el riesgo de informarle dónde se encontraba.

El nepotismo, el mesianismo y hasta un monarquismo trasnochado como el de aquí, se incuban a la par de los nacionalsocialismos y populismos demagógicos. Es así como surgen los cavernarios que tienen a mucha honra el serlo y proclamarlo mientras dura el poder que los mandata. En Chile –curiosidades de las analogías monárquicas-, la justicia busca identificar a un oficial conocido como El Príncipe y a quien los prisioneros describieron como rubio, alto y de voz enérgica, y lo recuerdan porque fue quien más se ensañó con Víctor Jara. ¿Ensañarse en el arte, las letras y la libertad es el mejor aval, hoy, para pertenecer al CUUN? El tiempo ha pasado desde que hace 36 años José Paredes acató el mandato de rematar a Víctor Jara. Hoy, José Paredes, como los criminales de Nurenberg cuando les tocó ser juzgados, dice; “Yo sólo era un ‘pelao’ nomás.” Y pidió buscar a los altos mandos: según él, origen de “el mandato”.


luisrochaurtecho@yahoo.com