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En el mundo hay gente que quiere ocultar el dinero por diversas razones, entre ellas la más frecuente es el lavado de activos. Esas personas generalmente recurren a países llamados “paraísos fiscales” para depositar dinero en sus bancos.

Se llaman paraísos fiscales porque allí los ingresos y capitales pagan muy pocos impuestos –o ninguno– en comparación con sus propios países o con los países donde se origina el dinero.

Pero hoy los paraísos fiscales se usan, más que para evadir impuestos, para ocultar o lavar dinero ilegal, como sería el producido por el narcotráfico. Los bancos en esos países tienen sistemas de mucha secretividad, más allá del sigilo bancario normal y operan de tal forma que favorece ocultar o lavar dinero. 

Aunque algunos países europeos como Suiza o Luxemburgo, utilizados como paraísos fiscales, se han comprometido a levantar el secretismo en casos judiciales, siempre ponen dificultades a la información.

Por ejemplo, para que el secreto bancario se pueda levantar sobre un presunto delincuente procesado en un tribunal, Suiza requiere que se haya probado primero la existencia de un delito y no al revés; o sea, que si hay solo sospechas y se necesita información del banco para  probar el delito, los bancos suizos no están obligados a dar información.

En el caso de otros países, como Jamaica, resulta más difícil obtener información bancaria. Hay diferentes listas de paraísos fiscales con países que van desde algunos más cooperativos hasta otros muy cerrados. Algunos sostienen su economía gracias a sus “facilidades” bancarias” y no quieren perder esa fuente de ingresos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) encabeza su lista de paraísos fiscales con dos países de los cuales muy pocos sabrán de su existencia: Nauru y Niue.

La República de Nauro es un estado de Micronesia situado en el Océano Pacífico, formado por una isla de apenas 21,3 km a 4,000 kilómetros al suroeste de Australia, con una población de 11,567 habitantes.

Por su parte, la República de Niue es una gran roca árida situada en Polinesia, sin agua potable, de 262 km y con apenas 1,624 habitantes a 2,400 kilómetros de Nueva Zelanda desde donde llevan todo,  hasta el agua. Estos países son más pequeños que la isla de Ometepe, pero son independientes,  tienen bancos y son los primeros en la lista de paraísos fiscales.

El lavado de dinero es una operación para que los fondos obtenidos ilícitamente aparezcan como el fruto de actividades legales y circulen sin problema en el sistema financiero. Para ello se usan diferentes acciones como el “trabajo de hormiga” depositando cantidades pequeñas en diferentes bancos y luego transfiriéndolos a una cuenta recolectora.

También, con complicidad de la banca, “justificando” depósitos mayores. Algunos mezclan dinero ilícito al capital de una empresa legal presentándolo como “utilidades” de la empresa.

El método favorito son las empresas de fachada o de portafolio, las que desarrollan pocas o cero actividades pero reportan grandes utilidades. Para hacer más difícil detectar el origen del dinero operan con bancos de diferentes países y utilizan nombres de terceras personas.

Sin embargo, cada día es más difícil esconder o lavar el dinero. Además de los múltiples convenios internacionales para evitarlo mediante intercambio de recomendaciones, información y cooperación entre los países, hoy existe la “inteligencia financiera”, que cuenta con los más avanzados adelantos tecnológicos y miles de agentes –expertos informáticos– que detrás de sus computadoras detectan y siguen el rastro de millones de operaciones cada día de personas o entidades bajo sospecha o vigilancia. Ningún gobierno lo va a reconocer, pero es un secreto a voces el uso de “hackers”. 

En los Estados Unidos el Departamento del Tesoro ha creado mecanismos de vigilancia y monitoreo del sistema financiero internacional para perseguir el lavado de activos y otras actividades financieras ilícitas a nivel mundial.

¿Cómo lo hacen? ¡Hackers! Además, Washington utiliza para control y supervisión otros mecanismos, como el “Federal Reserve System”, la “Commodity Futures Trading Commission” o la “Office of the Comptroller of the Currency”, entre otros.

Sin mencionar el trabajo del FBI y la DEA. El “Grupo Egmont” (por el Palacio Egmont de Bruselas, donde se fundó) es el coordinador internacional de 116 Unidades de Inteligencia Financiera.

Finalmente, aunque no he mencionado todas las entidades que trabajan en esto, por razones de espacio, menciono a la “Red Internacional de Información sobre Lavado de Activos”, una red de Internet especializada que informa a 34 gobiernos. 

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com