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La felicidad no está en creer,
sino en saber.

Friedrich Nietzche.

El Papa Ratzinger, Benedicto XVI, advirtió que el concepto de la libertad absoluta de Nietzsche, el filólogo y filósofo alemán, lleva a la soberbia destructiva y a la violencia.

Según él, Nietzsche exalta la dignidad y la libertad absoluta del hombre, y se burla de la humildad y de la obediencia considerándolas virtudes serviles que reprimen a los hombres.

Pues bien - afirmó Ratzinger-, existe una humildad y una sumisión equivocada que no queremos imitar, pero también existe una soberbia destructiva y una jactancia que disgregan cualquier comunidad, y que acaba en la violencia.

Benedicto XVI invitó a los sacerdotes a aprender de Cristo la recta humildad. Entregarse a Dios significa representar a los otros; la renuncia a imponer la voluntad propia --dice Ratzinger-- es un modo de unificación con Cristo.

El papa Ratzinger parece creer que la renuncia a imponer la propia voluntad sea una cualidad de la iglesia, cuyos miembros --según sus palabras-- deben entregarse a Dios y unirse a Cristo. En la realidad, la relación objetiva de la iglesia con la libertad de pensamiento hay que referirla a los hechos concretos, en el contexto histórico.

Un análisis semejante, sobre las características de la iglesia, lo propuso el propio Juan Pablo II, en 1979, cuando pidió una revisión honrada y sin prejuicios del caso Galileo. El proceso de Galileo permite apreciar cuanto hay de cierto de la renuncia humilde de los jerarcas y miembros de la iglesia a imponer la voluntad propia, conforme a las palabras del papa Ratzinger.

A partir de este proceso habría de zanjarse de manera definitiva, a favor de la ciencia, la relación entre la religión y la investigación científica, en la época moderna.

Juan Pablo II pidió perdón a todas las personas, públicamente, por los crímenes, guerras y asesinatos cometidos por la Iglesia a lo largo de los siglos. No obstante, la comisión que nombró para analizar el caso de Galileo, repitió la tesis, en 1992, que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo. Y sostuvo la inocencia de la Iglesia, ya que Galileo debía prestarle obediencia y reconocer su magisterio. Es decir, aún hoy, para la iglesia de la época actual, Galileo debía renunciar al conocimiento científico, por humildad y obediencia.

En 1990, el propio cardenal Ratzinger, en esa época prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresó: «En la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo».


De esta forma, la prueba a la que Juan Pablo II sometió a su iglesia, reveló que en nombre de la “libertad y de la humildad” los jerarcas actuales obligarían a Galileo a abjurar nuevamente de sus descubrimientos científicos, sobre la base de la “razón” de la religión que considera “justo” reprimir el pensamiento.

Muy a propósito, escribe Nietzche que «los sacerdotes y los metafísicos nos han acostumbrado por completo a un uso del lenguaje fingidamente exagerado».

Para un socialista, Nietzche seguramente es un pensador político reaccionario. Sin embargo, es un publicista formidable del pensamiento materialista, cuya obra filosófica, implacable en la búsqueda de la verdad, impacta vigorosamente en la conciencia de quien le lee libre de prejuicios. Además, porque lleno de aforismos y de sentencias, su pensamiento está escrito en la prosa probablemente más bella de la literatura universal de todos los tiempos.

Para Nietzche, «la entrega a la voluntad de Dios» y la «humildad» no son más que las coberturas del temor de asumir con decisión el propio destino y enfrentarse a él. No tener en cuenta más que valores morales --escribe Nietzche-- me pareció un signo de empobrecimiento de la vida. En nombre de la moral se condena a la vida como algo inmoral.

Nietzche considera que no existen fenómenos morales, sino, simplemente, interpretación moral de los fenómenos. Por ello, anuncia que su discurso en búsqueda de la verdad está más allá del bien y el mal. Bajo la máscara de la fe –sentencia Nietzche- se solaza la moral en otras vidas, en una vida mejor. El miedo a la belleza y a la voluptuosidad, inventa un más allá que denigra el presente, por un deseo de aniquilación, de muerte, de reposo.

Nietzche se apega al conocimiento pleno de la realidad. En la medida que se ha inventado esa mentira que es el mundo ideal –dice--, se le ha quitado a la realidad su valor, su sentido y su veracidad. Ese taller donde se fabrican ideales, me parece que apesta de mentiras. Los decadentes precisan la mentira. El concepto de más allá del mundo verdadero ha sido inventado para arrebatarle a nuestra realidad terrenal toda meta, toda razón de ser, toda misión. Conocer, afirmar la realidad constituye una necesidad para el fuerte; del mismo modo que el débil necesita huir de la realidad hacia el ideal.

Nietzche impulsa el progreso humano, y alerta sobre la degeneración que implica la ideología de las clases dominantes. Lo que hasta ahora ha tomado en serio la humanidad –escribe-- son simples productos de la imaginación, mentiras surgidas de los malos instintos de los seres enfermos y nocivos en su sentido más profundo. La humanidad ha estado gobernada por los fracasados, por los vengativos más astutos, por los que denigran al hombre.

La razón, para Nietzsche, es la provisional forma con la que estructuramos el mundo para que podamos explotar al máximo nuestras facultades para poder prosperar. Lo que buscamos es solamente la verdad, aunque sea la más horrible y repelente.

Hombres y mujeres --dice Nietzche-- que dejan fluir las cosas tal y como van, ya que «lo que Dios ha hecho bien hecho está», se dejan llevar por las circunstancias de manera ignominiosa. Los hechos anteriores de nuestro ser --escribe Nietzche--, ponen al hombre en estrecha relación orgánica con la evolución general y le obligan a poner en marcha fuerzas reactivas, en cuanto que esta evolución busca dominarle. Los pueblos que en lugar de la salvación singular de cada alma, que separa al individuo con respecto del todo, creen en un destino colectivo, basado en la acción, destacan por su fortaleza y el poder de su voluntad.

Concluye Nietzche: en la vida real no hay más que voluntad fuerte y voluntad débil. Lo que rige nuestro ser es el Poder o el deseo de Poder. Mi misión –explica-- consiste en preparar a la humanidad al autoconocimiento supremo, que mire hacia atrás y hacia adelante libre del azar y de los sacerdotes, y se plantee por primera vez la cuestión del por qué y del para qué.

Con ese conocimiento, Nietzche sostiene que el espíritu libre se ve a sí mismo sentarse en silencio, cogiendo la injusticia como inseparable de la vida. Y señala que la humanidad alcanza ciertamente un nivel muy elevado de cultura cuando el hombre se libera de las ideas y temores supersticiosos y religiosos, y ha olvidado hablar de la salvación del alma.

Por ello, por esa carga humanista en sus escritos, el papa Ratzinger le condena, por una obra lúcida a la cual –según dice él mismo Nietzche- se le ha llamado escuela de coraje, aun de temeridad.


*Ingeniero eléctrico