Orlando López-Selva
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La profesora de Historia de la Universidad de Yale, Denise Y. Ho. dice en su artículo: “China elige su propia narrativa con memoria selectiva”; (Taipei Times; mayo 9, 2019) que en China, este año se conmemoran dos eventos históricos. El primero ocurrido en 1919, cuando estudiantes del “Movimiento 4 de mayo”, protestaron en la Plaza de Tiananmen preconizando el nacionalismo; el segundo, el 9 de junio de 1989, cuando miles estudiantes que pedían más democracia en la misma plaza, fueron reprimidos.

Los dos eventos son similares. Pero el segundo sucedió frente a autoridades marxistas. Es decir, represores e intolerantes políticos. Estos no tienen vocación patriótica, sino solo partidaria Y ven a los que protestan, como enemigos del partido al que sirven ciegamente.

Mi punto. Eventos como los de Tiananmen de 1989 se repiten en las capitales y grandes ciudades de los países en manos de dictadores enmascarados bajo la ideología marxista. No importan si los alzados provienen de las mismas filas de su partido o son de igual clase social. No importa si son jóvenes. No importa si tienen demandas justas, bien intencionadas o desentendidas de credos políticos. Los gobiernos de esta estirpe responden igual: con represión, brutalidad. Y después, cínicamente, niegan los hechos. Como si nada hubiera existido. Todo se torna manipulación o destrucción de la verdad.

Mientras el evento de 1919 es conmemorado por los líderes del Partido Comunista Chino (PCC) con bombos y platillos, el segundo, está prohibido. Y sigue un patrón establecido: 1) “… fue juzgado como una revuelta contrarrevolucionaria; 2) se culpó a unos cuantos conspiradores por engañar y desorientar al pueblo; 3) se respondió con represión de parte de policías y militares (muchos vestidos de civil); 4) siguió un silencio oficial; 5) todo culminó en una amnesia total, de parte de los líderes del PCC…”.

Al ocurrir eventos de rebeldía en países de la izquierda radical, los dueños totales del poder siguen el manual para contrarrestar alzamientos y protestas.

Si las protestas se dieran en países democráticos occidentales, los primeros en apoyarlos serían los marxistas, que―una vez tomado el poder asumirían derechos únicamente para ellos mismos.

Para estos fanáticos, los derechos y libertades son solo para beneficio de su propia causa. No existen para los que disienten o no comulgan con sus ideas “revolucionarias”.

¿Qué moralidad hay en decir que algo solo es bueno cuando está en favor de los que piensan como uno, y no beneficia a los otros porque no son de izquierda?

Sin dudas, no es solo una cuestión de moral relativa. Sino de derechos y libertades relativas.

El caso de China Continental no rige solo a los disidentes. También rige para los de culturas distintas, a las que desdeña. Y como es antirreligiosa, crea su propia religión al pasar del culto a la personalidad al endiosamiento político.

Cuando un periodista norteamericano le preguntó a Elián González si él creía en Dios. Su respuesta fue decidora: “No sé nada de ese señor. Y lo más parecido a algo así, para mí, es la figura de Fidel”.

No sorprende una respuesta así. Sin dudas, todo ello es el producto de un trabajo de largos años para suprimir todo: religión, historia, culturas, ideologías, mercado, patria, arte, nacionalidad, valores, etc.

Tomar el poder total para concentrarlo en unas pocas manos, no responde a un interés popular. ¿Solo ellos pueden definir qué es pueblo o quién el líder?

El poder total debe destruir todo, sin importar quien se oponga o qué obstáculos surjan.

Cuando en Caracas, La Habana o Managua, los jóvenes protestan para demandar cambios, o reformas, ni siquiera se les oye. No se les reconocen derechos. Solo se les reprime y se les tilda con los epítetos más vergonzosos para diferenciarlos de quienes sí son súbditos ciegos, sí gozan de privilegios partidarios.

El marxismo ha sido el verdadero opio. Impuso el manual para la adicción al poder de los de vocación tiránica. Y lo han tomado, también, los que, ingenuamente, tenían ansias liberadoras. ¿Alguien ha alcanzado el paraíso?

Los dictadores del PCC hicieron enmiendas para tomar del capitalismo, la producción de riquezas y así volverse una opción atractiva. Pero, ellos regulándolo todo. Así, renace la esclavitud por otros medios.

Nunca han aprendido que ese falso cuento marxista no resuelve nada. Si hubiera resuelto algo, el mundo entero les seguiría. Pero ellos quieren imponerlo por el engaño o la fuerza. Lo peor, pasan de ser excluidos a tiranos.

Es el mismo cuento.