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El 9 de mayo, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó la “Ley de Aseguramiento de Taiwán” de 2019 y la resolución 273. Ambas reafirman el compromiso de los Estados Unidos hacia Taiwán.

El Legislativo norteamericano considera que “…Taiwán es una parte vital de la estrategia libre y abierta de la región Indo-Pacífica de los Estados Unidos…”.

¿Qué significa ello en un contexto más amplio?

Mi punto. Washington está arremetiendo contra el régimen de Beijing. La guerra ―aunque no declarada― está en marcha. Hay varios frentes. Con esta ley se define lo mío y lo tuyo. Es una mala noticia para el régimen del señor Xi; es una excelente noticia para el gobierno de la presidenta Tsai, quien no había podido reaccionar ante los despojos que Beijing le hiciere en Latinoamérica. ¿Hasta dónde llegará Washington si Beijing reacciona agresivamente? ¿Estados Unidos se anclará solo a una declaración de intenciones? 

En pocas palabras, Washington le está diciendo a Xi-Jing-Pin: “No te atrevas a tocar a Taiwán; es nuestro aliado en la región Indo-Pacífico” (¿Nueva zona de conflicto global?).

Además, la ley tiene también visos de reglamento.

“…Los Estados Unidos deberían realizar (así traduje el verbo ‘to conduct’) ventas y transferencias de artículos de defensa hacia Taiwán, con el fin de resaltar sus capacidades de autodefensa, particularmente, sus esfuerzos para integrar y desarrollar capacidades asimétricas. Incluyendo capacidades de armamentos submarinos a sus fuerzas militares…”

En pocas palabras, Estados Unidos le está diciendo a Taipéi: Te  ayudaré a defenderte de China, aunque ella tenga un ejército gigantesco, dotándote de medios y recursos para enfrentarse a  los comunistas.

Y hay más. Es algo que Taiwán ha estado luchando para obtener, calladamente, pero con determinación y dignidad:

“La política de los Estados Unidos debe abogar por la participación significativa de Taiwán en los organismos internacionales, ‘como sea apropiado’, ―dando como ejemplos―, la ONU, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la Organización de la Policía Internacional, conocida como Interpol…”

Obviamente, eso es lo que los chinos continentales han estado bloqueando: que Taiwán incremente sus estatus como Estado, con solo pertenecer a estos organismos y órganos del sistema internacional. Sería algo inocuo, incluso, para Beijing.

La ley dice que Taiwán debería ser parte de la FAO”…y otras organizaciones internacionales, para lo cual el estatus de Estado no es requisito para la membresía…”.

Más claro no puede ser el mensaje para el dragón mayor. La intención de Beijing es asfixiar a Taiwán, ante los ojos de la comunidad internacional. 

¿Quién dice que Taiwán no tendrá más amigos cuando las dictaduras: venezolana, cubana y boliviana sean suplantadas por democracias?

Taiwán es un caso único. Siendo un Estado reconocido por 17 países, enfrenta el veto vil del régimen comunista chino, solo porque, en un futuro, fríamente calculado, piensa  tragárselo,  para tener una región sumisa más en su reino de ovejas rojas. Es cierto, hay similitudes étnicas y lingüísticas. Pero hay valores distintos.  

Occidente ha sido blandengue y pusilánime. Hay que frenar a China Continental. Estados Unidos dio otro paso al reunirse los jefes de Seguridad de Taiwán y EE. UU: David Lee y Michael Bolton, recientemente.

¿Pero, cuánto más podría hacer Washington si las cosas empeoraren?

Taiwán no es una provincia rebelde. Ha sido un territorio aparte, habitado por chinos. Es otra nación soberana, con su propio modus vivendi, reglas del juego, creencias y valores. Es un pueblo que quiere vivir en libertad y democracia; no bajo un régimen de dictadores nunca electos por el pueblo.

¿Esa aberrante intención de Beijing equivaldría a consentir que Gran Bretaña quisiera apoderarse de todos los países anglosajones?

La ley de los representantes norteamericanos también les hace un llamado al presidente y secretario de Estado, estadounidenses, respectivamente: “…para que ayude a Taiwán a proveerles los recursos necesarios para su defensa y seguridad y para que se involucre en organizaciones internacionales que impliquen amenazas y desafíos para Taiwán…” 

Toda esa declaración de intenciones de los norteamericanos debe conducir a mayores acciones.   

Beijing ha estado impulsando una política exterior intempestiva;  parece decidida y confiada en que nadie le detenga.

Si Rusia y China han hablado de los Estados Unidos y sus desmanes e intervenciones en tantos países, ¿con qué moralidad pueden hablar de hacer el bien o respetar el derecho internacional, si actúan mal?

Taiwán debe saber que alguien del tamaño de China Continental habló por la pequeña Formosa. Por hoy se puede estar tranquilo, pero no se puede parpadear.