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Después de que en 1990 la Unión Nacional Opositora (UNO) con doña Violeta Chamorro le ganara las elecciones al FSLN con Daniel Ortega y Sergio Ramírez, los sandinistas se dividieron. Durante su lucha guerrillera estuvieron divididos, pero ante la posibilidad de llegar al poder en 1979, se unieron. Una vez en el poder permanecieron unidos, pero después que lo perdieron volvieron a dividirse.

De esa división surgió en 1995 el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) que lo encabezó el exvicepresidente de Daniel Ortega, Sergio Ramírez, junto con otras importantes figuras del sandinismo como el comandante miembro de “los nueve” de la Dirección Nacional, Luis Carrión, el comandante Hugo Torres, la comandante Dora María Téllez y otros.

En las siguientes elecciones ganó el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) con el 50.99% de votos, el FSLN obtuvo 37.83%, el MRS con Sergio Ramírez como candidato no llegó al 1% (0.44%). A pesar de que el FSLN llama traidores a los del MRS y entre ellos reinan resentimientos, animadversión y enemistad, sus viejos lazos de camaradas lograron que se aliaran coyunturalmente en el 2001, firmando el MRS un pacto (aunque son los que atacan fuertemente los pactos) con Daniel Ortega para integrar la Convergencia Nacional del FSLN, que nuevamente perdió las elecciones, ganando el PLC con  56.31%. 

No duró mucho aquel “acercamiento entre camaradas”; al poco tiempo los diputados del MRS que salieron electos en la casilla del FSLN hicieron casa aparte en la Asamblea Nacional, reiniciaron sus ataques a la dirección del FSLN y de aliados pasaron de nuevo a acérrimos enemigos. Un viejo militante sandinista me dijo: “Lo que no perdona nunca y cobra caro el Frente Sandinista es la traición”. El MRS en 2006 obtuvo solo 8% de votos. En 2011, el MRS participó en  la coalición electoral Alianza PLI, obteniendo 2 diputados. El MRS no logró quitarle su base al FSLN ni logró apoyo popular masivo. Es evidente que el MRS no llegaría a gobernar Nicaragua por la vía electoral; ¿procurarían otra vía?

Yo no sé si todos los disidentes del FSLN serán hoy miembros del MRS, pero obviamente hay gran afinidad entre todos los disidentes del FSLN, partido al cual ellos llaman “danielismo”, alegando que los únicos verdaderos sandinistas son los disidentes. 

Cuando estallaron los sucesos de abril de 2018 se lanzaron las consignas de “nada de partidos políticos” en las protestas, solo “autoconvocados”, solo la bandera “azul y blanco”. Pero está claro que desde el principio la Alianza Cívica y la Unidad Azul y Blanco se formaron, en su mayoría, con disidentes sandinistas que entraron como “representantes de la sociedad civil” mediante diferentes grupos sociales u ONG. Asimismo, entre los jóvenes estudiantes en protesta, muchos de sus líderes han sido disidentes sandinistas que venían de estar enfrentados con la Juventud Sandinista (FSLN) por el control de la Unión Nacional de Estudiantes (UNEN). Una dirigente socialcristiana destacó en un programa de televisión que ella veía, en el primer diálogo, “un diálogo entre sandinistas”.

Es verdad que, además de los sandinistas disidentes, participa también una representación de empresarios y que en este segundo diálogo tienen más presencia; aunque son objeto de críticas mordaces en las redes sociales para sembrar dudas sobre sus intenciones en la alianza y en el diálogo, lo cual crea una presión sobre ellos para actuar según dicten los sandinistas disidentes.

No me parece nada bueno para los nicaragüenses opositores en general —que con partido o sin partido somos la mayoría absoluta— que los disidentes sandinistas hayan tomado un rol tan protagónico en esta lucha —excluyendo a otros sectores— más que por méritos, por astucia y oportunismo, pues al convertir esta lucha —al menos en gran medida— en parte del “pleito entre sandinistas” dificulta los acuerdos por la gran enemistad entre ellos.

Cabe preguntarnos si muchas cosas que han pasado se hubieran evitado si los sandinistas disidentes no estuvieran impulsando acciones en nombre de la causa “azul y blanco” que es de todos los opositores. ¿Se hubieran evitado algunas confrontaciones que terminaron en represión, cárcel, torturas, lesionados y muertos? ¿Es posible que el Gobierno pudiera cumplir los acuerdos, pero se dificulta por los sandinistas disidentes? ¿Será que el Gobierno no implementa algunos acuerdos porque teme que los sandinistas disidentes promuevan escaladas violentas? No lo sabemos, pero la pregunta es válida.

Tampoco podemos generalizar; respeto a varios sandinistas disidentes, buenas personas como los doctores Tünnermann y Medina o Miguel Mora, por ejemplo. Pero debemos cuidarnos que “el pleito entre sandinistas” no profundice la crisis y dificulte la solución.

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