•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los mandatarios de Rusia y China Continental se reunieron este viernes 7 de junio en San Petersburgo. El encuentro de estas potencias va más allá de ser un evento de captación de inversiones.

El señor Xi y el señor Putin son los que tienen las riendas de dos hiper potencias. Ambas naciones están gobernadas por autócratas, dictadores que adversan la democracia y las  libertades públicas.

Mi punto. No se puede vivir en una comunidad donde dos de los cuatro gigantes que gobiernan el mundo tienen excesivo poder y pretenden difundir un modelo de régimen carcelario, intolerante y despótico. El multilateralismo es bueno, pero debemos abrir bien los ojos para darnos cuenta que quienes adversan nuestras posturas, valores e instituciones son personajes torvos ―de ropaje brilloso― que desprecian la libertad, socavan la democracia y, hasta hace poco, sostenían públicamente que el comunismo era una opción, a la cual nunca renunciarán, aunque hoy lo oculten. ¿Se presagia un futuro estable para la humanidad con estos dos señores de Moscú y Beijing?

¡Cuántos de los detractores de la democracia occidental dirán que son los Estados Unidos los causantes de todos los problemas globales y que los pueblos deberían elegir un modelo de régimen político más parecido al de Rusia y China!

Dirán eso porque sienten odio y resentimiento hacia Washington. Pero sí se han lucrado de las grandes creaciones e instituciones libertarias que sustentan la democracia: los medios, las elecciones libres, los derechos humanos, el derecho y la economía de mercado.

Y es que esta identidad nuestra no solo es de factura  norteamericana. Mayormente es europea. Y miren qué bien que ha funcionado todo el sistema que, apenas se liberaron los países de Europa Oriental del yugo de la Unión Soviética, se volcaron al lado occidental ―donde todos se sienten bien, cómodos, libres, tranquilos y prósperos.

Y si alguien los incomoda, intranquiliza o perturba son los mismos que antes eran sus amos: los rusos hoy (los soviéticos antes). Y si no es así, miren cómo el régimen neoestalinista de Moscú se apoderó de Crimea. Y por esa violación a todos los principios del derecho internacional es que Occidente le impuso sanciones a Rusia: para que se dé cuenta que sus manifestaciones de fuerza y atropellos no pasan inadvertidos y son condenables.

Pero para los chicos rebeldes de estas provincias tropicales ―todos nutridos solo en las lecturas del marxismo-leninismo y el maoísmo― estos nuevos zares y emperadores rojos ya no son comunistas. Claro, el adjetivo tal vez calce mejor en la narrativa anterior, pero siguen siendo los mismos tiranos, pues no han perdido la vocación, tampoco sus inclinaciones más entrañables.

La humanidad está en peligro al ver a estos dos señores de manos rojas tener tanto poder político.

Por otro lado, la actual administración estadounidense no ha sido la más sensata en el manejo de sus relaciones con sus  adversarios detrás y más allá de los Urales.

Los conflictos comerciales entre China y Estados Unidos solo parecen ser una reacción miedosa, para algunos. Pero las prácticas de China Continental, al robar tecnología o usarla con fines ilegales, si bien han pintado a un Donald Trump agitado  y obsesionado con su interés nacional, tienen un lado cierto. Rusia y China no juegan limpio.

Cabe decirse, bueno así es el mundo de la política internacional. Es válido.

Pero nunca he visto a esas dos potencias del Este condenar a sus aliados cuando violan masivamente los derechos humanos. Y no es que tampoco crea que Washington no haga cosas parecidas, que este servidor también las ha señalado con anterioridad. El punto es que mientras aquellos cometen atropellos y desmanes, nadie en sus países los cuestiona (bueno, si lo hacen es de manera clandestina, para no ser reprimidos). Pero en Occidente campea la libertad para endilgar, señalar, enjuiciar a una autoridad y removerla de su cargo.

¿Hay medios en Rusia o China para juzgar a sus mandatarios?

No.

¿Por qué?, porque esos que cometen tantas delitos nunca son enjuiciados porque son parte del sistema político que tiene en su cúspide a los señores Putin y Xi.

Si Trump hace algo contrario a la ley de su país, será enjuiciado. Y si es encontrado no culpable de los delitos por los que le juzguen, siempre habrá un plazo para que deje el poder.

Solo podemos desconfiar de quienes tienen tanto poder y manejan todo, como dos clubes alcapónicos.

Solo la democracia en Rusia y China le daría otras perspectivas a toda la humanidad.