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Atendido a cuerpo de rey, viví en un convento de monjitas ––las Damas de la Asunción–– del 1ro. al 7 de junio de este año. La superiora de este refugio espiritual en la Calle Leicheran 29 ––próxima a la Plaza de Cataluña–– se llama Petra y es de lo más servicial y eficaz. Una verdadera y candorosa hermana entregada al prójimo y ejemplo vivo de la tradición católica de la España que el 20 de marzo de 1919 ––hace cien años–– erigió un monumento al Sagrado Corazón de Jesús. Diseñado por Carlos Maura, si primera piedra se había colocado el 30 de junio de 1916.

El monumento se elevó sobre un pedestal que alcanzaba los 28 metros de altura. A los pies, dos grandes grupos de personas representaban a la Iglesia peregrina y a la triunfante. Asistieron la Familia Real completa, el Gobierno en pleno, diversas autoridades y, naturalmente, el Nuncio de Pío XI que lo bendijo y el arzobispo de Madrid-Alcalá que celebró la misa; y, al concluir esta, expuso el Santísimo. A continuación Alfonso XIII, con todo el público de rodillas, expresó: “España, pueblo de Tu herencia y de Tu predilección, se postra reverente ante ese trono de Tus bondades que para Ti [el Corazón de Jesús] se alza en el centro [geográfico] de la península ibérica. Reinad en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las aulas de las ciencias y las letras y en nuestras leyes e instituciones públicas”. Desde entonces, el sitio donde se asentaba el monumento comenzó a denominarse Cerro de los Ángeles. Yo lo tuve casi a mano en mi excursión andaluza durante la Semana Santa del 74.

El marqués de la Serna, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, ha rememorado este histórico acto inaugural, añadiendo que la otra España ––exenta de amor y piedad–– tomó la iniciativa el 28 de julio de 1936 de fusilar la imagen, dañándola y destrozando con dinamita el resto de las esculturas. Posteriormente, el grandioso monumento fue restaurado y se agregaron dos cuerpos escultóricos alusivos a la España misionera y a la España defensora de la fe. Ya en 1965 estaba concluido.

Traigo a colación ese acontecimiento del nacional-catolicismo español porque recientemente la Conferencia Episcopal del Reino de España presentó un informe de la presencia esencial de la Iglesia a través de sus actividades asistenciales, educativas, culturales y celebratorias. En 2017, la Iglesia consiguió cubrir las necesidades básicas de 4.4 millones de españoles casi el 10 por ciento de la población. Desde 2010 sus centros sociales aumentaron en un 72 por ciento. En total, la Iglesia invirtió 55.6 millones de euros en esa labor, la cual fue posible gracias a los más de 300 mil voluntarios que dedican su tiempo a los necesitados. Alimentación, vivienda, atención a enfermos y búsqueda de empleo abarcó esa asistencia en 3.834 centros.

Millón y medio de alumnos estudian en colegios católicos y unos 90.000 en universidades privadas, también católicas. Más de 3.000 inmuebles de interés cultural pertenecen al patrimonio de la Iglesia y, entre ellas, 44 han sido declarados patrimonio mundial de la humanidad. Anualmente, 353 celebraciones y fiestas religiosas tienen lugar en España, 133 poseen interés turístico nacional y 41 internacional. Excluyendo su actividad celebradora (bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios y unción de enfermos), el impacto económico de la Iglesia es significativo. En 2017 supuso para el Estado ––afirma Laura Danielle en su resumen del Informe de la Conferencia Episcopal–– un ahorro de “decenas de miles de millones de euros”. Su repercusión en la economía en cinco veces más de lo que los contribuyentes (un tercio de la población) destinan voluntariamente a la Iglesia; fondos que le asignan a través del IRPF (Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas). Ninguna institución de la sociedad civil colabora tanto en España como la Iglesia.

Toda esa labor es generada desde 70 diócesis, 23.000 parroquias, 407 congregaciones religiosas, etc., y ha sido acreditada por séptimo año consecutivo por la consultora Price Waterhouse Cooper (PNC). Con todo, el vicesecretario para asuntos económicos de la Conferencia Episcopal, Fernando Jiménez Barriocal, declaró: “Es verdad que la economía ha mejorado, pero hay mucha gente que sigue acudiendo a la Iglesia para pedir ayuda”.

No se olvide, finalmente, la vocación evangelizadora y misionera de la Iglesia española fuera de sus fronteras. “Ningún país del mundo tiene 11.000 sacerdotes, religiosas y laicos […]. Nuestro país ––añadió Jiménez Barriocal–– es también la segunda nación del mundo, después de los EE.UU., que da más ayuda económica a las misiones”.