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“Decime cuanto sabes y te voy a decir cuánto podes aportar a dar vida”.

 Parafraseo la premisa conocida que se destaca en otros contextos. En este caso específico se refiere a salud, a vida humana. Lo más preciado y noble de la existencia.

Las diferentes áreas del conocimiento humano evolucionan en diferentes proporciones y tiempos. Las ingenierías, arquitecturas, humanidades, ciencias sociales, etc., ameritan revisiones y evaluaciones periódicas para poder ser vigentes y aportar al desarrollo humano integral y equitativo, de justicia social. Quizás, antagonizando al concepto de competitividad del mercado, que genera conflictos de poder entre superiores e inferiores. Eso quizás explique la brecha entre los que más tienen y los que no tienen nada. La base estructural de la economía de mercado.

La ciencia médica por dedicarse al componente vital de la existencia, la vida debe definir sus tiempos en plazos, cortos y hasta urgentes. No hay margen para la espera. La generación de más y mejores  conocimientos deben ser ya y ahora. La vida no espera por resultados de experimentaciones y procesos de largo plazo, con la responsabilidad debida.

Dicho esto último y relacionado al encabezado de la presente reflexión, queda preguntarse: ¿A quién corresponde la responsabilidad de normar y regular protocolos y procesos en el campo de la educación médica continua en los diferentes niveles de formación en busca de repuestas viables y positivas para la mayoría de la población demandante de servicios que no tiene capacidad de pago en atención privada o carece de cobertura de la seguridad social?... constitucionalmente al Estado, al sector público, con la participación beligerante de otros actores sociales.

Experiencias de países con economías estables y sistemas públicos de mejor nivel de organización dan cuenta de planes y programas obligatorios para la actualización médica de manera anual o semestral, validadas por la entidad rectora de salud. Cargas horarias que deben cumplir los diferentes recursos humanos para su fortalecimiento académico y, por ende, para brindar una atención de mejor calidad a la población. Lo norman y ejecutan las entidades públicas, de estricto cumplimiento por otros sectores (privados, subvencionados).

En nuestro contexto, un gran porcentaje de estos procesos de actualización académica recae en entidades privadas (industria farmacéutica), algo no reñido con los objetivos finales (mayor conocimiento al gremio), pero con los conflictos de intereses propios que esto representa. Es seguro que la institución pública no tiene la capacidad de hacerlo sola, de allí la necesidad de hacer sinergia, para bien del país.

Es posible que la experiencia acumulada en los últimos 30 años, a partir del 90, período en que se consolida la presencia de la industria farmacéutica privada, pueda ser revisada y analizada en sus componentes proactivos. Sumado a eso, la definición de una estrategia de parte de la subdirección docente del Ministerio de Salud, que tiene cobertura e incidencia a nivel nacional, donde se encuentre algún recurso sanitario, permita procesos de sinergia, guardando las distancias debidas, para dar sostenibilidad a planes de educación permanente y constante para los recursos sanitarios asignados en diferentes unidades de salud, desde el nivel primario, secundario y hasta el terciario. Calidad de vida garantizada y con cobertura para todos.

Un elemento importante a destacar es el aprovechamiento positivo de la tecnología. Más de 94% de electrificación (datos de Enatrel) en el país puede permitir que la tecnología haga posible resolver los diferentes niveles de complejidad que se presenten en cualquier parte del territorio nacional. Videos conferencias, cirugías a distancia, intervenciones de emergencias vía online, etc. Ya dejaron de ser ciencia ficción.

Faltaría quizás algo. Tener paz y coexistir pacíficamente. De lo contrario, todo lo dicho es vacío puro.

¡Salud para todos!

Médico